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Full text of "Descripción geográfica de la real Audiencia de Quito"

Brown University Library Annex 



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DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA 1 



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DE LA 



REAL AUDIENCIA DE QUITO 



QUE ESCRIBIÓ 



DON DIONISIO DE ALSEDO Y HERRERA 



'^ 




THE HISPANIC SOCIETY OF AMERICA 

IMPRENTA DE FORTANET 

MADRID: 191 5 



Ejemplar núm. 92 









PROLOGO 



El autor del Piano geográfico é hidrográfico de ia Reai Audien- 
cia de Quito que publica The Hispanic Society of America, 
Don Dionisio de Alsedo y Herrera, nació en Madrid, en la Parroquia 
de San Sebastián, el día 8 de Abril de 1690 ^'l Nada sabemos de 
su educación, ni de sus primeros estudios. Hijo de Don Matías de Al- 
cedo y Herrera, Secretario del Consejo de Italia, y de Doña Clara 
Teresa de ligarte, natural de Bilbao ^2\ en 1704 y 1705 era ya ofi- 
cial de las Tesorerías de Cruzada de Sevilla y Cádiz ^^\ Á la tem- 
prana edad de diez y seis años salió de su casa para dirigirse á Amé- 
rica, en busca de un empleo y recomendado por el Presidente del 
Consejo de Italia, Marqués de Mancera, al Virrey del Perú ^^^ 

En 1704 había sido nombrado para este cargo Don Manuel Oms 
de Santa Pau, Marqués de Castel dos Ríus. No pudo salir, por fal- 
ta de oportunidad, hasta el 10 de Marzo de 1706, con los galeones 



(1) Cfr. J. A. Álvarez Baena, Hijos de Madrid (Madrid, 1789-1791) iv, 382. 
Además de esta biografía, existe la dada por M. de Mendiburu en el Diccionario 
histórico biográfico del Perú (Lima, 1874); y otra dada por J. Zaragoza en su 
libro Piraterías y agresiones de los ingleses y de otros pueblos de Europa 
en la América española desde el siglo xvi al xviii, deducidas de las obras 
de D. Dionisio de Alsedo y Herrera (Madrid, 1883). 

(2) Debido al apellido de su madre, Álvarez Baena le apellida Alcedo Ugarte 
y Herrera; pero él siempre firma sin el Ugarte y asimismo Alsedo y no Alcedo. 

(3) Relación de méritos y servicios de Don Dionisio de Alsedo y Herrera: 
Cfr. Manuscrito del Archivo Histórico Nacional (véase pág. xxix). 

(4) Álvarez Baena, ob. cit. 



— VI — 



que partieron de Cádiz á las órdenes de Don José Fernández Santi- 
lián, Conde de Casaalegre. En esta armada fué nuestro joven Al- 
sedo, con la familia del Virrey, llegando á Cartagena de Indias el 27 
de Abril del mismo año. Allí se enteró el Marqués de Castel dos Ríus 
que el Virrey á quien había de suceder, Don Melchor Portocarrero 
Laso de la Vega, Conde de la Monclova, había fallecido, y tuvo que 
proseguir rápidamente el viaje, sin aguardar la salida de los galeo- 
nes y aprovechando la de dos navios franceses. 

Nos cuenta el mismo Alsedo ^^\ cómo él se quedó «en Cartage- 
na, por el accidente de las calenturas, con que ordinariamente re- 
cibe el temperamento á los europeos, que llaman vulgarmente la 
chapetonada, con ánimo de volverse otra vez á España». A este 
efecto, salió luego en los mismos galeones del Conde de Casaale- 
gre: que fueron atacados en la travesía de Portobelo á Cartagena 
por la escuadra inglesa del Vicealmirante Carlos Wager el día 8 de 
junio de 1708, jueves de Corpus Christi, á las cinco de la tarde. La 
batalla duró hasta las cuatro de la mañana siguiente; naufragó la 
capitana San José, pereciendo 578 personas; fueron presas del ene- 
migo los demás navios, entre ellos el galeón gobierno de la Arma- 
da, Nuestra Señora del Rosario, al cargo de Don Nicolás de la 
Rosa, Conde de Vegaflorida: donde iba, entre otras cosas, la ma- 
triz del primer mapa de la región del Amazonas, hecho por el P. Sa- 
muel Fritz; «sólo se salvó la Almiranta San Joaquín, que también 
quedó maltratada, y al día siguiente le dieron caza los enemigos; y 
por una diestra evolución del piloto que la gobernaba, sobre el cono- 
cido bajo de Salmedina, cogió el puerto, antes que le pudieran dar 
alcance» (-\ En este galeón iba Alsedo, según él mismo consigna en 
su Aviso histórico ^^h debiendo por tanto ser inexacta la noticia de 



(1) En su Aviso histórico, impreso en Madrid el año 1740. (Véase pág. xxvi.) 
Á esta obra nos referiremos frecuentemente por ser la fuente principal de datos 
biográficos de nuestro autor. 

(2) Aviso iiistórico, pág. 232. 

(3) Pág. 233. 



— VII 



Baena, de que «quedó prisionero con dos heridas y fué conducido 
á Francia, cangeado y vuelto á Cartagena» ^^K 

Vista la dificultad que presentaba la navegación, Alsedo decidió 
quedarse en América é ir á Lima por tierra, desde Cartagena. En 
el año 1710 pasaba por San Miguel de Ybarra ^-^ con dirección á 
Quito, donde coincidió su llegada con el nombramiento de Virrey á 
favor de Don Diego Ladrón de Guevara, Obispo de esta ciudad. 
«Y habiéndose hecho presente al nuevo Virrey, se incorporó en su 
familia por oficial mayor de la Secretaría de su Gobierno, y siguió 
el viaje con el Virrey, que salió de Quito el día 2 de junio y entró 
en Lima el día 30 de agosto del mismo año de 1710» ^^\ 

En 1714 era Alsedo «Ordenador del Tribunal Mayor de Cuentas» 
de Lima, y por encargo del Virrey hizo unos cálculos generales del 
fruto de la Real Hacienda, para remitirlos al Consejo de Indias ^^\ 

El Obispo Virrey presentó la renuncia de su obispado en 1712, 
y le fué admitida en 1717; y al terminar poco después el tiempo de 
su virreinato, decidió volver á España y quiso que Alsedo le acom- 
pañase: por lo cual hubo éste de renunciar á su destino en el Tri- 
bunal de Cuentas de Lima. El 18 de Marzo de 1718 salieron del 
puerto del Callao para Acapulco y Méjico; el Obispo quedó en esta 
ciudad á esperar la flota de los azogues, y Alsedo siguió á España 
para adelantar en el Consejo la instancia del Obispo, que pedía mayor 
jubilación que la concedida al admitírsele la renuncia ®. 

El año de 1719 redactó por encargo del ministro de Marina, Don 
Manuel Fernández Duran, un manifiesto sobre la necesidad de resta- 
blecer la comunicación periódica de España con Indias por medio de 



(1) Álvarez Baena, Hijos de Madrid, pág. 383. 

(2) Véase más adelante, pág. 17. 

(3) Aviso histórico, pág. 242. 

(4) Ibid.: pág. 243. 

(5) El Obispo murió en Méjico, el 9 de Noviembre de 1718. Cfr. F. Gonzá- 
lez Suárez, Historia general de la República del Ecuador (Quito, 1890-93) iv, 
404 y 405; y Alsedo, Aviso histórico, pág. 264. 



los buques llamados de Aviso í'^: que desde 1605 y hasta estallar, en 
1701, la guerra de Sucesión, habían hecho la travesía á Méjico y 
Tierra Firme. El Consulado de Cádiz se encargó de sostener es- 
tos correos, cobrando el medio por ciento del oro que trajesen á 
España ^2). 

Por aquel mismo tiempo, se trataba en la Corte de cerrar la mina 
de azogue de Guacanvelica ^^\ y Alsedo, otra vez por orden del mi- 
nistro Duran, escribió un opúsculo sosteniendo que semejante medi- 
da era impolítica, injusta y en todos sentidos dañosa ^*). 

En pago de estos servicios fué nombrado Gobernador de la pro- 
vincia de Canta en el Perú, y salió de Cádiz el 21 de junio de 1721, 
en la armada de los Galeones, á cargo del teniente general Don Bal- 
tasar de Guevara, que iban á la «feria» de Portobelo ^^^ y llegaron á 
Cartagena de Indias el día 5 de agosto. En esta feria se halló pre- 
sente Alsedo « al expediente y beneficio del primer navio inglés de 
permiso, que fué el Real Jorge, con la dispensación de 650 tone- 
ladas de mercaderías» í^). 



(1) «Buques pequeños de á 100 toneladas que con el nombre de avisos, fue- 
sen ordinarios volantes de aquellos reinos, y que de dos en dos meses trajesen 
noticias y recursos.» (Alsedo, Aviso histórico, pág. 117.) Iban en combinación 
con los «registros» y galeones: habiendo sido instituidos en 1605. Registro se lla- 
maba en el comercio de Indias, á un buque suelto que llevaba mercaderías regis- 
tradas en el puerto de donde salía para el adeudo de sus derechos. 

(2) Cfr. Aviso /listórico, pág. 264. 

(3) Descubierta en 1566 por un indio llamado Navincapa, del repartimiento 
que tenía Amador de Cabrera , encomendadero de Guacanvelica. (Aviso histó- 
rico, pág. 79.) 

(4) Cfr. Mendiburu, Diccionario, s. Alcedo; y Aviso histórico, pág. 80. 

(5) La feria de Portobelo era el mayor acontecimiento comercial de Amé- 
rica. Se celebraba una vez al año, y puede calcularse su importancia, conside- 
rando las distancias de la Península, las dificultades de las comunicaciones, y la 
condición de servir dicha feria de base al comercio de exportación é importación 
con América. 

(6) Aviso histórico, pág. 262 y 269. Este navio de permiso fué concedido por 
virtud de un artículo adicional del «Tratado del asiento de negros, concluido en 



— IX 



En Cartagena contrajo matrimonio este mismo año con Doña Ma- 
ría Luisa Bejarano, natural de Sevilla: siguiendo su viaje á Lima, á 
donde llegó el año siguiente de 1722. 

El Arzobispo Virrey Don Diego Morcillo Rubio de Auñón había 
estipulado con los comerciantes del virreinato el pago de un tributo, 
denominado de Habería (i), que suscitaba en Portobelo grandes mur- 
muraciones y malestar por parecer exorbitante. Tales rumores llega- 
ron á la Corte, y el Rey desaprobó el impuesto «mandando que se di- 
putase persona para informar de la calidad de los tratados». Se hizo 
junta general en Lima el 10 de enero de 1723 y en ella salió electo Al- 
sedo por Diputado general, y «á fin de que pudiera ejecutar inmedia- 
tamente su viaje aprestó el Arzobispo Virrey el navio La Concepción 
y Bienaparecida, con un situado entero para socorro de las guarnicio- 
nes de Tierra Firme y las encomiendas de un cajón de valor para la 
Reina nuestra Señora, el importe de las bulas y palios de los Arzobis- 
pados de Lima y Charcas, y otras de la Inquisición y particulares, con 
todo lo cual llegó á Panamá al mismo tiempo que la Capitana y Al- 



Madrid el 26 de marzo de 1713 entre España é Inglaterra». En él se concedía á 
la Compañía explotadora del tráfico de negros un navio de 500 toneladas cada 
año; la cuarta parte de la ganancia sería para el Rey de España y además el cin- 
co por ciento del resto perteneciente á la Compañía: con la condición de vender 
los géneros sólo en la feria y una vez llegados los galeones españoles. Por el 
«Tratado declaratorio de algunos artículos del Asiento de negros, concluido en 
Madrid en 26 de mayo de 1716», se aumentan las toneladas á 650, durante diez 
años, «con la condición de que el dicho bajel será visitado y registrado por los 
ministros y oficiales de su Magestad católica, que estuvieren en los puertos de 
la Veracruz, Cartagena y Portobelo . Cfr. Cantillo, Tratados de paz v de co- 
mercio (Madrid, 1843) págs. 58, 69, 171 y 174. 

(1) Haberia: «Entendiéndose por Aberia el tanto por ciento que arreglan los 
proyectos reales sobre el oro y plata en pasta y moneda, cacao, cascarilla de 
Loxa, lana de Vicuña, tinta, añil, palo brasilete, y los otros frutos y mercaderías, 
que se reputan por su valor con equidad, para deducir contra el dueño este dere- 
cho, que se estableció para el dote y manutención de los navios de S. M. que 
hacen guardia y conserva á los del Comercio. (Alsedo, Memorial informativo 
sobre el comercio del Perú, pág. 27.) 



mirantade Galeones» <'^ En uno de los avisos del Consulado pasó 
á Portobelo, donde entregó al Jefe de la Escuadra Don Baltasar de 
Guevara pliegos reservados del nuevo Virrey Don José Armen- 
dáriz ^^^ para que se enviaran de España guardacostas contra los pi- 
ratas ingleses. Inmediatamente siguió su viaje en el mismo aviso, 
«perseguido de los piratas ingleses y de los furiosos temporales 
de aquel año, en que perecieron los navios de azogues La Gua- 
dalupe y La Tolosa, con su Comandante el teniente general Don 
Baltasar de Guevara». Pudo llegar salvo al puerto de Campeche, 
donde cogió un «registro» ^^^ de 32 cañones y, haciendo escala en 
los puertos de la Habana y Tenerife, llegó á Cádiz el año 1725 í'*^: 
cuando ya se había tomado la disposición de enviar aquellos guar- 
dacostas. 

Para el desempeño de su comisión de Diputado, escribió Don 
Dionisio el Memorial informativo del Comercio del Perú que fué 
impreso por aquel entonces ^^\ Para entender en el asunto formó el 
Rey una junta compuesta de cuatro ministros del Consejo de Cas- 
tilla, cuatro del de Indias, cuatro del de Hacienda y el Diputado, y 



(1) Aviso histórico, págs. 285-6. 

(2) Armendáriz se había cruzado con Alsedo en el puerto de Perico y en e! 
mismo barco que Alsedo trajo, llegó á Lima el 14 de Mayo de 1724. (Cfr. Aviso 
histórico, pág. 294). 

(3) Véase nota de la pág. viii. 

(4) Cf . Aviso histórico, pág. 402. 

Álvarez Baena (oh. cit. 384) dice que en premio á sus servicios defendiendo 
el encargo para la Reina, se le concedió la Encomienda de Fradel, de la Orden 
de Santiago: que él pidió se traspasase á su primo Don Francisco de Alcedo, 
Marqués después de Villa Torres. El texto del decreto en que se concedió la 
Encomienda, fechado en Sevilla, 1732, sólo consigna que «por decreto de 1.° de 
Octubre del año pasado de 1727 en atención á los buenos servicios de Don Fran- 
cisco de Alcedo y Agüero, Alférez en el Regimiento de Infantería española, vine 
en concederle la Encomienda de Fradel en la Orden de Santiago, que se halla 
vacante por fallecimiento de Doña María Luisa Villacampa, que gozó sus frutos.» 
(Archivo Histórico Nacional, Ordenes Militares, libro 157 C, fol. 109 vto.) 

(5) Aviso histórico, 285. 



— XI 



presidida por el ministro Patino, en la cual obtuvo Alsedo un seña- 
lado triunfo defendiendo á sus representados ^^\ 

Patino comprobó, sin duda, durante todo el tiempo que esta Junta 
funcionó, la valía de Alsedo, y le encargó luego un informe sobre las 
causas del descaecimiento del comercio español con América Cen- 
tral, que de 12 millones había bajado á cien mil pesos. En el tratado, 
que escribió en 1727, se anunciaban los puntos de vista y los juicios 
que años más tarde hubo de razonar en el Aviso histórico. 

Antes, en 13 de Septiembre de 1726, le había encargado el Rey 
que informase sobre una petición encaminada á que se bajara la con- 
tribución de las minas de plata: informe que Alsedo emitió favorable- 
mente á la petición ^-\ 

Reputado ya por el Gobierno como hombre conocedor de todos 
los problemas españoles en América Central, principalmente en lo 
tocante al comercio que los ingleses pretendían establecer, rebasan- 
do los límites de lo estipulado por los tratados, fué nombrado Alsedo 
Presidente de la Audiencia de Quito el año 1728 (3). 

Á principios de mayo de este año salió de Cádiz una escuadra de 
galeones á cargo del teniente general Don Francisco Cornejo, escolta- 
da por otra escuadra de navios de guerra, compuesta del Incendio, San 
Luis, San Fernando, La Paloma Indiana y San José, á cargo del 
teniente general D. Manuel López Pintado. Con estos navios pasó 
á Quito el nuevo Presidente ^^\ encargándose del Gobierno de la 
Audiencia. 

Todo el tiempo de su gobierno lo dedicó luego á desarrollar el 
comercio español en aquellas regiones, oponiéndose con admirable 
tesón á las demasías del contrabando inglés ^^\ Llegó á corregir el des- 



(1) Cfr. Álvarez Baena, ob. cit. pág. 384; y Alsedo, Descubrimientos de las 
Malvinas (Archivo Histórico Nacional, Ms. 237 B), fol. 25. 

(2) Aviso histórico, pág. 329. 

(3) Aviso histórico, Dedicatoria; Alvarez Baena, ob. cit.; y Mendiburu, 
ob. cit. 

(4) Aviso histórico, Dedicatoria y pág. 303. 

(5) A ello se contrae todo el libro Aviso histórico político geográfico. En 



XIÍ 



orden que existía en las ferias de Cartagena y Portobelo, debido «al 
descuido ú omisión que se tuvo en España de no haber puesto en 
los puertos de Indias las intervenciones estipuladas en la condición 
28.^ del Tratado del año 1730»: intervenciones que se pusieron por 
informe y representación del Presidente Alsedo ^^\ quien asimismo 
tomó constantemente medidas acertadas para la represión del contra- 
bando y la defensa contra los piratas, ya ingleses ya holandeses ^^\ 
El año de 1732, unos portugueses al mando del sargento mayor 
Don Melchor Méndez de Moraes intentaban levantar un fuerte en la 
desembocadura del Aguarico, afluente del Ñapo por el Norte ^^\ Pro- 



la Dedicatoria el autor consigna que el libro responde á orden, repetida varias 
veces, del ministro Patino, para que «con toda individualidad y claridad infor- 
mase de todo lo que en la repetida continuación de mis viajes y mandos de mis 
empleos hubiese observado de los procedimientos de los ingleses en la prác- 
tica de las condiciones del tratado del asiento de negros , recopilando los he- 
chos públicos y los casos particulares en una difusa relación de los abusos con 
que se manejaban en todos los puertos de Indias las factorías del asiento estable- 
cido con la Corona de la Gran Bretaña». 

En la Relación de méritos y servicios de Don Dionisio de Alsedo v 
Herrera (fols. 4 á 8), se enumeran todas las obras de carácter político y ad- 
ministrativo que Alsedo desarrolló durante el tiempo de su Presidencia en Quito: 
siendo las más importantes la reedificación y adorno de las salas y oficinas de 
la Audiencia, Acuerdo, Chancillería, Capilla y Caja Real; la construcción del 
puente principal de la ciudad y de una calzada de cal y piedra, de nueve leguas 
de largo en el camino llamado de Sisinche; la renovación de la Cárcel de Corte 
con provisión de nuevas ordenanzas; el descubrimiento de una fábrica de moneda 
falsa, con aprehensión de los falsificadores: y siempre se insiste en su consabido 
celo para impedir el comercio ilícito. 

(1) Cfr. Aviso histórico, en el Manuscrito 2838 de la Biblioteca Nacional 
(Véase págs. xxvi y xxvii, nota 3), pág. 369. 

(2) Un ataque notable de los holandeses se verificó en 1735, contra Guayaquil, 
Tumaco y Palma Real. Alsedo dio orden de retirar de la costa los víveres y ga- 
nados, envió dos mil libras de pólvora al Corregidor de Guayaquil, y logró que 
la escuadra enemiga se retirase á Panamá. (Cfr. Aviso histórico, pág. 307.) 

(3) Sobre el río Aguarico, véase Antonio de Alcedo, Diccionario de las In- 
dias Occidentales, s. v. 



Xlll 



testó el Padre Juan Bautista Julián, Superior de las Misiones de Je- 
suítas en aquel territorio, y el P. Francisco Antonio Sanna, Procura- 
dor de las Misiones, llevó la protesta á la Audiencia. Esta, en vista 
de su representación, y de lo que dijo y pidió el fiscal, acordó que 
Alsedo «como Presidente, Gobernador y Capitán General de aquella 
provincia, diese cuenta á Su Magestad, y por lo más inmediato al 
Virrey, y que en el ínterin se escribiese carta al Gobernador de Para, 
Don Alejandro de Sousa Freyle, para que contuviese á sus subditos». 
El Virrey desaprobó la resolución de la Audiencia; pero en 16 de Sep- 
tiembre de 1733, sobre consulta del Consejo Real de las indias, se 
expidió Real Orden, mandando á Alsedo que, caso de haberse cons- 
truido alguna ó algunas fortalezas en los dominios de Castilla por los 
portugueses, pasase á desalojarlos con la fuerza de las armas y de- 
moliese las nuevas fortificaciones si lo tuviese por conveniente: dán- 
dose orden al Virrey para que le suministrase los medios y auxilios 
necesarios para la expedición <'). No hubo lugar á tanto, porque, afor- 
tunadamente, los Portugueses habían desistido ya de su intento, en 
vista de la carta dirigida al Gobernador del Para. Pero el celo de Al- 
sedo por la prosperidad de la Real Hacienda y en defensa de los in- 
tereses españoles, le inclinaba á no dar por terminado el incidente. 
Nombrado Virrey del Perú en 1735 Don Antonio José Mendoza, Al- 
sedo le suplicó que procurase examinar y reconocer el principio y 
estado que había tenido la incursión portuguesa. El Virrey tomó el 
interés que el asunto merecía; visitó el territorio en «una dilatada y 
muy arriesgada peregrinación», y comunicó á Alsedo cuando volvía 
ya á la Península, cesante en su Gobierno de Quito, que no habían 
adelantado nada los portugueses, pero que habían mudado los límites 
impuestos por Alejandro VI en 1581, metiéndose mil leguas en el te- 
rritorio de Castilla. La carta, con los autos originales, quedaron en 
poder de Alsedo ^^\ 

En 19 de mayo de 1736 llegó á Quito una comisión encargada 



(1) Cfr. Aviso histórico, págs. 316 y 317. 

(2) Cfr. Aviso histórico, pág. 324. 



XIV — 



por la Academia de Ciencias de París para la medición del Ecuador. 
Formaban esta comisión los Señores Godin, Bouguer, La Condami- 
ne, Jussieu, Seniergues, Couplet, Morainville, Verguin, Desodonais 
y Hugot, acompañados por los oficiales de la marina española Don 
Jorge Juan y Don Antonio Ulloa. El Presidente Alsedo les facilitó 
atentamente todos los medios para el desempeño de su comisión, 
pero fué — ateniéndose á la orden que le daba el Rey — sin dejarles, 
como él dice gráficamente, «poner los ojos en la tierra» para levantar 
planos corográficos. El sucesor de Alsedo en la Presidencia, Don 
José de Araujo y Río, fué menos intolerante, y se desentendería de 
la orden del Rey: según pudo más tarde comprobarlo Alsedo en 
Cartagena, donde vio «admirables planos» ^'^ 

No eran sólo los franceses los que levantaban planos. Los ingle- 
ses, en sus incursiones por las playas de las colonias españolas, se 
dedicaban á la demarcación de las costas, puertos y' lugares, como al 
mismo Alsedo le constó en 1738, mediante una singular carta marítima 
inglesa que cayó en sus manos ^^K 

A medida que los ingleses iban conociendo las costas americanas, 
iba progresando el contrabando: sin que fuera suficiente á evitarlo la 
vigilancia que ejercía la escuadra de guardacostas, mandada por Don 
Blas de Lezo. El mismo Alsedo lo comprobó «con físico y matemáti- 
co reconocimiento; porque habiendo cumplido la provisión de la Presi- 
dencia de Quito el mismo año de 1737 y dado residencia en manos de 
su sucesor, con absolución de los cargos de ella, salió de Quito el 10 
de octubre, trasportándose por tierra á Cartagena, y en los tránsitos 
reconoció todas las poblaciones, hechas perennes almacenes de ropa 



(1) Alsedo, Aviso histórico, pág. 325. Nuestro autor descarga su conciencia 
de toda responsabilidad en el asunto de los planos, después de haber dado cuen- 
ta al Rey y al Virrey. 

(2) Aviso histórico, pág. 282. Por esto quizá censura duramente al corregi- 
dor poco avisado que permite á un inglés de la factoría de Panamá sondear y 
medir la laguna de Yaguarcocha, en la villa de San Miguel de Ybarra. (Véase más 
adelante, pág. 23.) 



XV 



extranjera» <'\ Como prueba de lo que hacían los ingleses, ayuda- 
dos por algún que otro español complicado en el contrabando, cita 
Alsedo un caso sucedido estando él mismo presente todavía en Car- 
tagena por el mes de marzo de 1739: cuando hicieron como que 
desembarcaban muebles, y desembarcaron estaño, plomo y sobre 
todo — metidos entre los tejidos de los asientos — hilos de oro y plata, 
«género precioso en aquella ocasión, porque no se hallaba en Carta- 
gena, y valía á cuatro y cinco pesetas la onza» ^^^ 

En la escuadra de los Azogues, al mando de Don José Pizarro, 
salió por fin Alsedo de Cartagena, y llegó felizmente á Santander el 
13 de agosto del año 1739. 

Las relaciones entre España é Inglaterra eran siempre tirantes, 
tanto por repercutir en América las guerras europeas de aquel pe- 
ríodo, como por el comercio de contrabando y las trabacuentas del 
asiento de negros. Basándose en la convención del Pardo del día 5 
de enero de 1739, exigían los ingleses indemnización por las pre- 
sas que los españoles habían hecho. No arreglándose este asunto, 
Inglaterra declaró represalias en 20 de agosto y la guerra en 39 de 
Octubre de 1739. España hizo iguales declaraciones en 18 de No- 
viembre, acompañadas de un Manifiesto sobre los actos de piratería 
y de inhumanidad, cometidos por los contrabandistas ingleses (^^ Y 
entonces fué cuando Alsedo, deseoso de dar al Gobierno y al pueblo 
español medios informativos sobre el estado y procedimiento del co- 
mercio inglés en América Central, escribió el libro á que tantas veces 
nos hemos referido, dedicado especialmente á recordar las demasías 
de los ingleses en aquellos territorios, desde 1567 hasta 1739 ^'^^ 



(1) Aviso histórico, pág. 33S. 

(2) Aviso histórico, pág. 343 

(3) Cfr. Altamira: Historia de España y de la civilización española, iv, 
46; y Alsedo, Descubrimientos de las Malvinas, fol. 18. 

(4) Véase Aviso histórico, Dedicatoria. Nótese la coincidencia del Manifiesto 
del Gobierno á que se alude anteriormente, con la acusación de Alsedo contra 
los ingleses. Y como él pone de relieve en la dedicatoria del libro que contesta á 



— XVI 



El Gobierno español juzgó que el hombre más á propósito para 
contener las invasiones de los ingleses en el istmo de Panamá, sería 
Alsedo, y le nombró Presidente, Gobernador y Capitán General del 
Reino de Tierra Firme, por Real orden de 5 de diciembre de 1741. 
El 16 del mismo mes juró Alsedo en el Consejo; el 18 de julio de 1742 
pide embarque á la Contratación de Cádiz para él, su mujer Doña 
María Bejarano y sus hijos Ramón, Antonio y Andrés, de ocho, siete 
y seis años de edad, respectivamente. El 27 de julio se le concede 
despacho para cualquier navio ('*. 

En 18 de diciembre de 1741 se le había dado una Real Orden en la 
que se decía haber visto los planos que presentaba de fortificaciones 
de los puertos de Panamá, y se le encargaba pasara á tratar con el 
Virrey Don Sebastián Eslava, en Cartagena, sobre la fortificación de 
Portobelo y Chagres. En la misma Real Orden se le encomendaba la 
mayor vigilancia respecto al comercio ¡lícito ^^^ 

En 8 de julio de 1743 tomó posesión en Panamá de la Presiden- 
cia (^^ y se dedicó con gran empeño á perseguir los contrabandistas, 
logrando exterminar unas cuadrillas que se habían presentado con 
los pintorescos nombres de Compañía de Nata, Apostolado v Sa- 
cra Familia, que en los procesos se les dan ^^\ Pero los contraban- 
distas parece que estaban apoyados por los mismos ministros de la 
Audiencia, especialmente por el Oidor D.Juan García Pérez. Alsedo 



las represalias declaradas por Inglaterra, no será aventurado suponer que fuera 
él mismo principal instigador de aquel Manifiesto. 

(1) Archivo de Indias: Leg. 44-6- 26S 5 de la Contratación de Sevilla, Licen- 
cias de pasajeros, año 17 42. (Se deben estas noticias á la bondad de los Ar- 
chiveros de Sevilla, D. Luis Rubio y D. Cristóbal Bermúdez de Plata.) 

(2) Véase la Pesquisa secreta contra los Ministros togados de la Real 
Audiencia de Panamá por R. O. de SO de Marzo de 1749. (Archivo His- 
tórico Nacional, Consejo de Indias, Panamá, Comisiones, legajo 17, pieza lO."", 
fols. 5 y 6.) 

(3) Cfr. Alvarez Baena, ob. cit. pág. 385; y la Pesquisa secreta, pieza 10.'\ 
fol. 44. 

(4) Pesquisa, Memorial ajustado, fols. 1 y 2. 



— XVII — 



dio cuenta al Consejo de Indias de la conducta del Oidor, y éste acu- 
só á su vez á Alsedo de connivencia con comerciantes y contraban- 
distas. Estas mutuas acusaciones dieron por resultado el nombramien- 
to de un juez especial que investigara responsabilidades: siendo de- 
signado el Coronel Don Fernando Morillo Velarde, en virtud de Real 
Orden de 2 de Febrero de 1749 í^>. 

Alsedo cesó en el cargo de Presidente el 24 de diciembre de 1749 í^). 
El 23 del mismo mes y año había empezado el juez á ejercer su co- 
misión; «pero con tan irregular y extraño modo de proceder, que ha- 
biendo pasado á hacer el embargo de los bienes de mi parte», — habla 
el abogado de Alsedo, — ■^lo executó absolutamente de todos cuantos 
encontró, sin reservar no sólo los vestidos de su uso indispensable y 
de su mujer, hijos y familia, pero ni aun las camas ni el menage para 
el servicio ordinario, y lo que es más, su espada y bastón y los uni- 
formes de sus hijos» ^^\ 

Seis cargos se formularon contra Alsedo en el curso de la su- 
maria, á saber: 1.^, haber consentido la introducción de doblones, por 
un premio del 4 por 100 á su favor; 2.", haber introducido víveres en 
Tierra Firme; 3.°, haber tenido inteligencia con contrabandistas y 
comerciantes, cobrando de ellos primas; 4.°, haber tenido interven- 
ción en la contrata para introducción de negros; 5.°, haber consen- 
tido la introducción de negros de las colonias inglesas, mediando en 
ello un subdito francés; y 6.°, haber dado licencias á los asentistas 
de negros para sacar dinero y plata labrada. 

A todos estos cargos contestó tan satisfactoriamente Alsedo — bien 
con pruebas documentales (á los cargos 2.^, 3.° y 6.^), bien con prue- 
bas testificales (al 1.° y al 4.°), bien demostrando haber obrado por 
razones políticas (en el caso 5.*^) por ser necesarios los negros, estar- 
se en guerra con los ingleses que los traían, y haber sido precisa, 



(1) Pesquisa secreta, pieza 10.*, fol. 8. 

(2) /6/í/.; pieza 10.% fol. 44. , 

(3) /bíd., pieza 10.% fols. 9 y 9 vto. 



XVIIl 



portante, la mediación del subdito francés ('>—: que por sentencia 
firmada el 7 de Diciembre de 1750, se le absuelvió de todos los car- 
gos, «declarándolo buen ministro, amante y servidor del Rey, celoso 
de sus Reales intereses y que había cumplido con las obligaciones de 
sus empleos de Presidente, Gobernador y Comandante» ^2). 

Empero, suponiendo el juez pesquisidor Morillo Velarde que pu- 
dieran tener responsabilidades algunos otros Oidores de aquella Au- 
diencia, procedió contra todos ellos: resultando complicados en el 
asunto, por favorecer activa ó pasivamente á los contrabandistas, los 
Señores Don Jaime Muñoz, Donjuán Bautista Baamonde, Don Anto- 
nio Sáenz Merino, Don Luis Carrillo, y nuevamente acusado el Pre- 
sidente Alsedo ^^K 

Á éste se le imputaba además esta vez el haber perjudicado á la 
Real Hacienda con su pasividad, en dos casos concretos: uno, por no 
haber verificado el registro de 184 fardos de mercancías que pasaban 
al Perú, habiéndosele denunciado ser contrabando; y otro, por no ha- 
ber decomisado 383 petacas de cascarilla, que remitía desde el Puer- 
to de Payta el subdito francés Juan Cazos á nombre de su compatriota 
Francisco Malhortí, y que fueron entregadas al mismo Cazos en vez 
de haberse decretado el decomiso y la multa correspondientes (*\ 

Al primer cargo contestó Alsedo haciendo la historia del caso. 
Recordó que el año 1745, unos contrabandistas, malavenidos en re- 
parto de ganancias, le dieron noticia de que el barco llamado Nues- 
tra Señora de Chiqíiinqaira se disponía á salir del puerto para hacer 
trasbordo de géneros ilícitos— con seguro del Guardamayor José Co- 
ronel—en un barco nuevo llamado el Nazareno, propiedad de Don 
Antonio Estrada. Alsedo envió la goleta á sus órdenes San Jerónimo, 
que capturó en la isla de Iguanas al contrabandista, y lo llevó al puer- 
to, donde su carga fué decomisada. Vendida en pública subasta, fué 



(1) Pesquisa, pieza 10.'\ fols. 13-24. 

(2) Ibid., pieza IC", fol. O vto. 

(3) ¡bid., Memorial ajustado, fols. 22 y 23. 

(4) Ibid., fols. 72 vto. y 53. 



XIX — 



adjudicada á Don Pedro José Fagoaga por la cantidad de 41700 pe- 
sos y 6 reales. Con todas las condiciones que exigían las leyes, fué 
reexpedida esta carga en la Uag^áñ Santa Rosalía para los puertos de 
Payta, Callao é intermedios; pero el guardamayor Coronel, en ven- 
ganza por habérsele hecho perder el seguro de la goleta contraban- 
dista, detuvo arbitrariamente á la Santa Rosalía y la hizo volver al 
puerto, tratando de volver á registrar su carga: á lo que se opusie- 
ron los dueños. Alsedo dióles la razón, mandó seguir el viaje de la 
fragata, y reprendió al Guardamayor: multándole en mil pesos, des- 
pués de comprobar que obró arbitrariamente ^'^\ 

Por lo tocante al segundo cargo contestó que no podía tener res- 
ponsabilidad alguna, ya que hubo un pleito entre los dos comercian- 
tes franceses y se resolvió con arreglo á la ley ^-\ 

Y al rebatir estos cargos, pidió se le autorizase para salir á Espa- 
ña, ó por lo menos pasar á comparecer personalmente ante el Virrey. 
Se le concedió pasar á Santa Fé, bajo fianza y palabra de honor, el 
23 de marzo de 1751 ^^\ Para hacer el viaje, se ajustó en Chagres 
con el patrón de un bergantín llamado Nuestra Señora de Begoña, 
que había de dejar á Alsedo en Cartagena y seguir con su familia á 
la Habana. Tuvo el barco la desgracia de perder la arboladura, y 
hubo de tocar en Portobelo, en mayo de 1751: donde al punto corrió 
la voz de que Alsedo se dirigía á la Habana, sin ánimo de quedarse 
en Cartagena. Hechas las oportunas diligencias, no resultó que tuvie- 
ra tal intención de faltar á la palabra de honor empeñada (^^ 

El 20 de setiembre de 1751 se firm.ó la sentencia en la causa, por 
el Virrey de Santa Fé, Marqués del Villar: en la que se absolvió á 
Alsedo de todos los cargos imputados, mas no sin condenarle al pago 
de algunas de las costas del proceso ®. Se le permitía volver á Es- 



(1) Pesquisa, pieza 6.'', fols. 12 vto. al 17. 

(2) Ibid., pieza 6.% fols. 17-19. 

(3) Ibid., fols. 21 y 25. 

(4) /¿?/í/., fols. 29-47. 

(5) Dichas costas eran insignificantes. La suma alcanzaba «trescientos cua- 



— XX — 

paña, con fianza de las costas, y á reserva de lo que Su Magestad 
deliberase sobre el asunto de su pretendida fuga <^\ 

En este mismo año de 1751 concedió el Virrey permiso á Al- 
sedo y su familia para salir de Cartagena en la balandra inglesa La 
Deborah, á cargo del Capitán Reymundo Butler, con dirección á 
la Habana, donde se reunió con la flota de «cuatro nuevos navios 
de guerra, construidos en aquel puerto al comando del capitán Don 
Francisco de León: el Rayo, de 80 cañones, y los tres de á 70, 
La Princesa, al del capitán Don Simón de Herrera, El Infante, 
al de Don Pedro Castejón, y La Galicia, al de Don Luis de Ve- 
lasco» ^2\ 

El año 1752 llegó Alsedo á Madrid ^^^ El 16 de febrero de 1753 
presentó ante el Consejo una instancia apelando de cuanto en la 
causa se hubiere fallado en contra suya, deseando vindicarse de la 
difamación á que hubiera podido dar lugar, protestando de que en 
la tasación de costas se le mancomunase con los herederos del di- 
funto Oidor Don Juan García Pérez, y pidiendo licencia para impri- 



renta y tres pesos; en esta forma: de papel y receptor, cuarenta y tres pesos; por 
la cuarta parte del trabajo del onorario de abogado fiscal, siento setenta y cin- 
co; por la de Don Antonio de Tapia en conducir la sumaria, siento y veinticin- 
co». (Pesquisa, pieza 9.*, fol. 48S vto.) 

(1) «Y en cuanto á Don Dionisio de Alsedo y Herrera, que le debo absol- 
ver como le absuelvo de los cargos que se le imputan (que no inducen protección 
alguna á favor de los del Apostolado, ni de sus aliados), condenándole solamente 
en las costas procesales de su particular proceso, Y por cuanto consta que el 
mencionado Don Dionisio, habiendo dado caución y palabra de honor de no diri- 
girse á otro puerto que el de Cartagena hasta la determinación de esta causa, 
faltó á dicha obligación, intentando contravenir á ella, lo que dio motivo á dete- 
nerle en aquel enunciado puerto (reservando á su Magestad la deliberación de lo 
relativo á este particular) no se le impedirá por el gobernador de aquella plaza 
la prosecución de su viage, á cuyo efecto se expedirá la orden correspondiente.» 
(Pesquisa, pieza 9.*, fols. 447 vto., y 448.) 

(2) Alsedo, Descubrimientos y etimologías de los nombres Falkland y 
Malvinas, fols. 6 á 8 vto. 

(3) Alvarez Baena, ob. cit., pág. 385. 



— XXI — 

mir su obra Imagen política, en que se habían de retratar el tiempo 
de su gobierno y todas sus acciones ^'>. 

En marzo de 1756 se dio sentencia en esta causa de apelación, 
por la que se condenaba á Alsedo por los cargos 1 .^, 4.° y 5.*^ de la 
primitiva causa con el Oidor García Pérez, á la multa de 4100 pesos; 
esperándose la resolución de la sentencia contra los ministros para 
confirmar la declaración que se hizo en aquella primera causa, de que 
á pesar de todo era «amante y fiel servidor del Rey, celoso de sus 
Reales intereses, y habfa cumplido con las obligaciones de sus em- 
pleos de Presidente, Gobernador y Capitán general» í^)^ 

Como indemnización á favor de Alsedo se había condenado á su 
vez al Juez Morillo y al Secretario Eusebio Sánchez Pareja al pago 
de 1000 pesos cada uno, y en 500 al asesor Francisco Damián Es- 
pejo (^\ y con este motivo se entabla un largo pleito, en que todos 
protestan de las costas, que, naturalmente, van aumentando cada 
día. Por fin, en 4 de junio de 1762, recayó la sentencia definitiva: 
en que se impuso á Alsedo una multa de 500 pesos por el cargo 
cuarto y se le absolvió enteramente de los demás, declarándole «buen 
Ministro, amante y fiel servidor del Rey, celoso de sus reales intere- 
ses y que había cumplido con las obligaciones de sus empleos de Pre- 
sidente, Gobernador y Comandante generaba. Con fecha 25 de ju- 
nio de 1762 se dictó otra sentencia, condenando al juez Morillo y sus 
subordinados á pagar á Alsedo la cantidad de 12523 pesos y 6 Va ^^^' 
les: tasación y sentencia que ellos seguían protestando en diciembre 
de 1762 <5). 

Don Dionisio de Alsedo y Herrera enviudó en 1755. Sus últimos 



(1) Pesquisa, pieza 10.', fols. 1-4, 25, 40. También se cita esta obra en la pie- 
za 6.% fol. 14. 

(2) Ibid., pieza 10.% fols. 44-48. 

(3) Ibid., pieza 10% fol. 47 vto. 

(4) Relación de méritos y servicios, fol. 1 1 . 

(5) Pesquisa, pieza 10.^, fols. 135 y 153. A Don Juan García Pérez se le ab- 
solvió y se le declaró fiel ministro por sentencia de 27 agosto de 1770, en causa 
que seguían sus herederos. (Pesquisa, pieza 11.'^, fols. 48-53.) 



XXII 



años, que pasó en Madrid, retirado de la vida pública, fueron los que 
dedicó, sin duda, á escribir nuestra Descripción geográfica de la 
Audiencia de Quito, y un Comento de las guerras del presente si- 
glo en la Europa y en la América, de la cual eran apéndice unos 
cuadernos sobre Descubrimientos y etimología de los nombres Fal- 
kland y Malvinas ('). Murió en 1777: siendo enterrado en la Parro- 
quia de San Sebastián, donde fuera bautizado (2). 

Dejó varios hijos, entre ellos Don Antonio, Coronel de la Guar- 
dia Real y autor de un interesante Diccionario geográfico histórico 
de las Indias Occidentales y de varias obras de medicina; Don Ra- 
món, también Capitán de Infantería; y Doña Leonor, casada en Gua- 
yaquil (^>. 



* 
* 



Alsedo fué, á todas luces, una figura relevante en la política colo- 
nial de España en el siglo xviii. Su destino le llevó á encontrarse 
siempre con los ingleses en su camino, y le obligó á luchar con ellos 
en nombre de los intereses españoles. La vida de Alsedo coincidió con 
el período más álgido de la lucha de Inglaterra por apoderarse del co- 
mercio en las colonias españolas de América ^'^^ Alsedo, como Du- 
ran, Patino, Ustáriz y tantos otros, comprendió que para España era 



(1) Véase pág. xxvni. 

(2) Cfr. las obras ya citadas de Alvarez Baena y de Mendiburu. 

(3) Alvarez Baena, ob. cit. pág. 385. Mendiburu le atribuye otra hija llamada 
Gertrudis, casada con Don Ñuño Apolinar de la Cueva, Marqués de Santa Lucía 
de Conchan y corregidor de la provincia de Quito. Pero ésta no fué hija de Don 
Dionisio de Alsedo, sino de Don José Remigio de Alcedo, Marqués de Villafor- 
mada. Dicha Doña Gertrudis fué bautizada en Cádiz (Sagrario de la Catedral, hoy 
Santa Cruz) el 15de noviembre de 1738, y casó con Don Ñuño en Cádiz (Parro- 
quia del Sagrario de la Catedral) el 3 de marzo de 1757: según consta en las res- 
pectivas partidas, en los libros parroquiales. 

(4) Sobre el estado general de España y sus colonias en aquella fecha, véase 
R. Aitamira, Historia de España y la civilización española, tom. iv, páginas 
253 á 311, 



XXIII 



entonces cuestión vital el conservar el comercio americano; y puesto 
al frente de las provincias de Quito y Panamá, procuró con vehemen- 
cia cumplir la misión que se le confiara. Comprendiendo lo necesario 
que en todo tiempo es el apoyo de las altas esferas oficiales para que 
una labor colonizadora sea útil, hizo siempre por tener á los gobernan- 
tes bien informados de la conducta de los ingleses en América; por 
eso sus obras tienen en su mayoría el doble aspecto de información 
acerca de las cosas de América y de denuncia de lo que los ingleses 
pretendían hacer allá. Leyendo sus libros, se saca en cierto modo la 
impresión de que Alsedo odiaba á los ingleses, con un odio recon- 
centrado, que salía al exterior á la más pequeña ocasión: como si re- 
cordara durante toda su vida que los ingleses echaron á pique los bu- 
ques españoles donde él volvía á España la primera vez, cuando se 
salvó por milagro. Bastábale, en todo caso, con amar á su España 
para que se comprendan ahora las vehemencias de forma que reviste 
su patriótica obsesión. Para él Inglaterr a estaba frente á España, con 
intereses contrarios á los intereses de España; y encomendados éstos 
á su guarda, Alsedo no podía menos de salir á cada paso al encuentro 
de los ingleses. 

Durante la vida de Alsedo, Inglaterra iba logrando por la diplo- 
macia ventajas, al parecer insignificantes, en el comercio americano; 
como la de aquel «navio de permiso» de 500 toneladas; pero abierta 
esta puerta legal para su comercio, su enorme fuerza marítima se en- 
cargó de hacer lo demás. Alsedo da noticia de puertos convertidos 
en perpetuos almacenes de contrabando; y él mismo confiesa-la infe- 
rioridad de fuerzas marítimas españolas en América Central, que ape- 
nas si bastaban para contener á los ingleses en Panamá y para repri- 
mir ligeramente las cuadrillas de contrabandistas. 

Por una paradoja inexplicable, Alsedo, dedicado toda su vida á 
reprimir el contrabando, acabó por verse envuelto en un proceso á 
que el contrabando diera lugar. Como no podía menos de suceder, 
salió absuelto; pero una vez que dejó los cargos oficiales, parece que 
sus enemigos, aquellos seguramente cuya codicia reprimió, se levan- 
taron contra él y fueron echando leña en el fuego de la curia. De 



— XXIV 



nada sirvió; y la curia misma, á la postre, tuvo que reconocerle por 
buen Ministro y celoso servidor del Rey. 

No es menos cierto que, en su vejez, vería Alsedo con desencanto 
cómo la labor de toda su vida había sido inútil. España iba perdiendo 
rápidamente la hegemonía del comercio americano, á la vez que el 
poder inglés aumentaba en aquellas colonias. Empezaba á prepararse 
el fermento que dio por resultado la emancipación de las colonias, de 
la Metrópoli en cuyo seno habían nacido á la civilización. Por eso de- 
dicó Don Dionisio los años últimos de su vida á trabajos literarios; 
aunque sin abandonar jamás su constante pesadilla, el predominio del 
comercio inglés sobre el español en América. En definitiva, ya que no 
pasara á la historia con aureola de político vencedor, logra sin dispu- 
ta un puesto de honor entre los americanistas de su tiempo. 

He aquí el juicio que mereció al Académico de la Historia, José 
Miguel de Flores, en el informe para licencia de impresión del Dic- 
cionario geográfico, que su hijo, Don Antonio de Alcedo, había 
compuesto: «Debemos prevenir — dice — en elogio de la presente 
obra, que según la honrada confesión de su autor, así en el prólogo 
como de viva voz, no es todo fruto de su estudio, sino en gran ma- 
nera del de su padre Don Dionisio, Presidente de Panamá, quien re- 
sidió más de cuarenta años en Indias, recorriendo mucha parte de 
ellas, así en el continente de ambas Américas, Meridional y Septen- 
trional, como en las Islas, haciendo siempre apuntes en todos sus 
viages. Fué además sujeto versadísimo en la lectura de los historia- 
dores y demás escritores de las cosas de Indias y muy práctico en los 
negocios pertenecientes á ellas, según testifican sus obras, así im- 
presas como manuscritas, y la fama de cuantos le trataron.» í^) 

La vida política de Alsedo y el desempeño tan constante y activo 
de altos cargos en América, no obstó para sus particulares aficiones 
de escritor: antes bien, brindaron con ocasiones para publicar sus mu- 
chas obras. 



(1) Hecho el informe á 23 de marzo de 1786. (Archivo Histórico Nacional, 
Consejo de Castilla. Legajo 5552, n." 45, fol. 3.) 



— XXV — 



De las de que tenemos noticia, varias, por desgracia, no se con- 
servan ó cuando menos no conocemos su paradero. En tal caso se 
encuentran las primeras á partir del año 1715, en que sabemos ^" 
que había redactado los '^ Mapas y cálculos generales del estado y 
fruto de. la Real Hacienda en Lima-i. 

Poco después, en 1719, escribía, por encargo del ministro Duran, 
el Manifiesto sobre la necesidad de restablecer los buques de avi- 
so ^'^^\ y en el mismo año, y también por encargo de Duran, debió 
publicar el Opúsculo sobre la mina de Guacanvelica ^^\ Ni uno ni 
otro se conservan. 

Después del año 1724, redactó el << Memorial informativo, que 
pusieron en las reales manos del Rey nuestro Señor (que Dios 
guarde) el Tribunal del Consulado de la Ciudad de los Reyes y la 
[unta general del Comercio de las provincias del Perú. Sobre 
diferentes puntos tocantes al estado de la Real Hacienda y del 
Comercio, justificando las causas de su descaecimiento y pidien- 
do todas las providencias que convienen para restablecer en su 
mayor aumento el Real Patrimonio, y en su antigua comunicación 
y prosperidad los comercios de España y de las Indias-» ^*^: estudio 
muy bien documentado sobre el estado del comercio español en Amé- 
rica Central y en el Perú. Tratando nuestro autor de justificar los 
«asientos de Abería, Almojarifazgos, Alcabalas y Unión de armas» (5)^ 



(1) Por alusión que se hace en el Aviso histórico, pág. 243. 

(2) Citado en Aviso histórico, pág. 117. 

(3) Citado en Aviso histórico, pág. 80; y en Mendiburu, Diccionario, s. v. 
Alsedo. 

(4) Existe en la Biblioteca Nacional, procedente de la de Don Fernando José 
Velasco. Son 148 páginas en folio: sin imprenta. 

La obra se divide en 15 capítulos, con un índice de los documentos manejados. 
En la página 144 se alude á suceso acontecido en el «ano pasado de 1724». 

(5) Ya se ha dicho (pág. xi, nota) en qué consistía la Hatería. La alcabala 
era un cuatro por ciento en la compra, venta y reventa. El almojarifazgo era el 
derecho de todo lo que se conduce por mar, según las leyes de Castilla y las 
municipales de Indias. La unión de armas era un dos por ciento sobre el almo- 

4 



XXVI — 



estudiaba las causas del desfallecimiento en el comercio y los medios 
para restaurarlo, y no podía faltar el capítulo en que se detallan los 
abusos de las factorías inglesas. 

En los años 1726 y 1727, respectivamente, escribió Alsedo, por or- 
den de Patino, el <í Informe sobre la petición de rebajar la contribu- 
ción de las minas de plata, del quinto al décimos» ('); y el ^Extrac- 
to legal y político de los abusos con que se manejan en los puer- 
tos de Indias las factorías del asiento establecido con la Corona 
de la Gran Bretaña^. Tampoco se nos han conservado estos traba- 
jos: salvo la parte de lo que se decía en el segundo de ellos que se 
repitió después en el Aviso histórico. 

Con fecha 30 de Abril de 1730, había enviado desde Quito un 
Mapa y resumen general de la Real Hacienda de Quito ^2); y en el 
año 1740 se imprimió la obra principal de Alsedo, que en tantos luga- 
res ya se ha citado, titulada «Aviso histórico , político, geográfico 
con las noticias más particulares del Perú, Tierra-Firme, Chile y 
Nuevo Reino de Granada, en la relación de los sucesos de 205 
años, por la Cronología de los Adelantados, Presidentes, Goberna- 
dores y Virreyes de aquel reino meridional, desde el año de 1535 
hasta el de 1740. Y razón de todo lo obrado por los ingleses en 
aquellos reinos por las costas de los dos mares, del Norte y del 
Sur, sin diferencia entre los tiempos de la paz y de la guerra, des- 



jarifazgo, para la defensa marítima del Mar de! Sur: según se nos dice en el pro- 
pio Memorial, pág. 28. 

(1) Citado en Aviso histórico, pág. 329. 

(2) «Mapa y resumen general de la Real Hacienda, de la caxa de Quito, 
formado por Don Dionisio de Alsedo y Herrera, Presidente de la Real Audien- 
cia, Gobernador y Capitán General de la Provincia, sobre el tanteo dado en 
virtud de orden de S. M. por los oficiales Reales, y ajustado según la regula- 
ción de un seixenio desde /." de Mayo de 1718 hasta fin de Abril de 1724.y> 
(Manuscrito, en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia: Papeles varios 
de Indias, D. 90. Es copia de original en el Archivo de la Secretaría del Despa- 
cho de Indias, hecha el 12 de marzo de 1778 por Manuel José de Ayala.— Otra co- 
pia existe en el British Museum, Eg. 1808: «Papeles tocantes á Quito» n.° 2. 



XXVII — 



de el año de 1567 hasta el de 1739. Dedicado al Rey Nuestro Se- 
ñor (que Dios guarde) y escrito en virtud de Real Orden de S. M. > 
El libro se imprimió en Madrid, en las oficinas de Diego Miguel de 
Peralta ('\ siendo de advertir que la dedicatoria está fechada en «Ma- 
drid á 20 de Febrero de 1740» y que hasta esta fecha alcanza con 
efecto el impreso; pero en manuscrito autógrafo del autor, que tam- 
bién se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid ^^\ se continuó 
luego la obra hasta el año 1752 ^^^ El objeto de esta obra, según se 
declara en la dedicatoria al Rey, era exponer «todo lo executado y 
intentado por los ingleses desde el año 1567 hasta el pasado de 1739, 
y con especialidad desde la concesión del asiento de negros y navio 
de permiso». Ordenada cronológicamente, por reinados de los Virre- 
yes del Perú, alcanzó la impresión en 1740 hasta el mando de D. An- 
tonio José de Mendoza, Marqués de Villagarcía. Contiene intere- 
santes datos estadísticos del movimiento de buques españoles en 
América, relacionados con el asunto principal, cual es la invasión 
del comercio inglés; y se enumeran las infinitas incursiones de los 
piratas, así ingleses como holandeses, en los puertos españoles de 
la América Central y Meridional: todo ello al objeto de que sirviera 
la obra de aviso al gobierno del rey de España, de los peligros que 
acarreaba el contrabando extranjero en aquellas regiones. 

Impreso asimismo, existe en la Biblioteca Nacional — procedente 
de la de D. Fernando José Velasco— un «Compendio histórico déla 
provincia, partidos, ciudades, astilleros, ríos y puertos de Guaya- 



(1) En 4.°, 368 páginas. 

(2) Ms. n.° 2838. 

(3) Lo añadido comprende el gobierno de dos virreyes: Don Sebastián de Es- 
lava y D. José Manso de Velasco, Conde de Superunda. 

En el Catalogue of printed books in the British Miiseum se cita (1 197. h. 17), 

la obra de Alsedo á tenor siguiente: «Aviso continuado hasta 1760. [Madrid, 

1762?].» 

La edición de Madrid, 1740, ha sido reeditada por J. Zaragoza, en su citado 
libro Piraterías y agresiones de los ingleses, etc. (Madrid, 1^3). 



XXVIII 



quil, en las costas de la Mar del Sur» (Madrid: 1741) ^^\ A esta obra 
acompaña un mapa hecho por el mismo Alsedo, según consta por su 
monograma, grabado en la lámina. 

Los últimos escritos de Alsedo fueron: 

Su «Imagen política^: apología de los actos del autor como Presi- 
dente del Gobierno de Panamá ^2^; la descripción geográfica ¿hidrográ- 
fica de la Audiencia de Quito, que ahora se imprime; un '^Proemio al 
Registro hidrográfico de ambas Américas^; un tratado sobre las «//z- 
carsiones y hostilidades de las naciones extranjeras en la América 
Meridional, con las providencias de España para guardar el paso 
del Estrecho de Magallanes^^^\, el « Comento anual geográfico y his- 
tórico de las guerras del presente siglo en la Europa y en la Amé- 
rica. Tratado de paces en los congresos de Utrech el año 714, en el 
de Aquisgran el de 748 y en el de Versalles el de 746 ■» ^'^^ firmado en 
30 de julio de 1770; y un trabajo sobre ^Descubrimientos y etimolo- 
gías de los nombres de Falkland y Malvinas:— América Septentrio- 
nal por la banda del Sur^, cuyo manuscrito fechó y firmó en Ma- 
drid á 5 de Enero de 1771 ^^^ y es á manera de apéndice al Comento <^'\ 



(1) Está «Dedicado al Rey Nuestro vSeñor en su Real y Supremo Consejo de 
las Indias», por Manuel Fernández, «Impresor de la Reverenda Cámara Apostó- 
lica, en su imprenta y librería frente la Cruz de Puerta Cerrada. > (En 4."— 33 pá- 
ginas, con dedicatoria y aprobaciones: sin numerar.- El Compendio se divide en 
15 capítulos, y constituye una perfecta monografía geográfica de Guayaquil.) 

(2) Citado en la Pesquisa secreta, pieza 10.^, fols. 1 á 4, 25 y 40 y en la pieza 
6.", fol. 14. 

(3) Estas dos últimas obras están publicadas por Zaragoza en el citado libro 
Piraterías (págs. i-lii y 271-277): tomadas de manuscrito existente en la Biblio- 
teca del Sr. Duque de Osuna. 

(4) Conservado en el Archivo Histórico Nacional (ms. 65 B), y publicado por 
Zaragoza en su citado libro Piraterías, etc., págs. 311-319. Lleva tres mapas: 
del Istmo de Panamá, de la parte Austral de América y de las Islas de Juan Fer- 
nández. 

(5) Archivo Histórico Nacional: Ms. n." 237 B. Lo publicó asimismo Zaragoza 
(ob. cit., pág. 405). 

(6) Al Comento se alude en los fols. 4 vto., 10 vto. y 15 de los cuadernos con- 



XXIX 



Sin que sepamos la fecha aproximada de su composición, se co- 
noce otra obra de Alsedo: <^ Presupuestos y consecuencias de la ex- 
tinción de galeones para los puertos de Tierra Firme y retarda- 
ción de flotas para los de Nueva España y de la continuación de 
los registros de los particulares>^^^\ Y finalmente, en su Relación de 
méritos^^^f fechada en Madrid á 20 de abril de 1768, se le atribuye 
una ^-Descripción de los tiempos de España en el presente décimo 

octavo siglo Luz á la defensa de los dominios de su Magestad 

en las Indias occidentales Relación al estado de sus comer- 
cios^, de la cual no tenemos otra noticia. 



Del ^ Plano geográfico ¿hidrográfico del distrito de la Real 
Audiencia de Quito y descripciones de las provincias, gobier- 
nos y corregimientos que se comprenden en su jurisdicción, y las 
ciudades, villas, asientos y pueblos que ocupan sus territoriosT> , 
—que editamos por encargo del Excmo. Sr. Don Archer M. Hun- 
tington, fundador y Presidente de la Hispanic Society of Ameri- 
ca, — se conocen dos copias, ambas existentes en la Biblioteca Na- 
cional de Madrid ^^, las dos escritas de la misma mano y firmadas por 



servados en el Archivo Histórico Nacional. En el folio 15, hablando del Tratado 
de Versalles de 1772, se lee: «Y ya que este extraordinario é irregular motivo ha 
dado impulso á nuestra débil pluma para hacer esta adición á la primera parte del 
Comento de los años del presente siglo y de sus guerras y tratados de paces » 

(1) Publicado por Zaragoza, en el tomo Piraterías, etc., pág. 437-525: sin 
indicación de dónde se conserve el original . 

(2) Ms. 65 B del Archivo Histórico Nacional. 

(3) Manuscritos n.° 7105 y n.° 13330. Hemos seguido el primero de ellos sin 
anotar las variantes, por ser todas pequeñísimas y accidentales. 

El manuscrito consta de 62 folios, sin numeración, escritos de letra clarísima 
y á 22 líneas por página. 

Los epígrafes que indican división de capítulos y los números emplea- 



XXX 



el autor: acompañándose en ambas, asimismo, el mapa que lleva 
por firma el monograma del propio Alsedo. 

Es esta obra la mejor descripción conocida de aquellas provincias: 
superando en minuciosidad á las que se hablan escrito antes, hasta 
el año 1766, fecha en que el autor la firmó. 

Existía una parcial Descripción de la gobernación de Quijos, 
hecha por el Conde de Lemos en el año de 1608; interesante y hasta 
cierto punto detallada, pero que no indicaba sino los pueblos princi- 
pales: acaso porque en aquella fecha no se hubieran colonizado más. 
Este manuscrito se ha publicado pocos años ha, en ocasión del Ar- 
bitraje de límites entre el Perú y el Ecuador <'\ Entre los documentos 
que se unían entonces al Alegato del Perú, anda impresa también una 
Relación del estado político y militar de las provincias, ciudades, 
villas y lugares de la Audiencia de Quito dada por su Presidente 
el marqués de Selvaalegre el Virrey de Nueva Granada <2). Dicha 
Relación, escrita en 1754, informaba acerca de los cargos civiles y 
militares del territorio de aquella Audiencia, con la indicación de sus 
sueldos y emolumentos y nombres de muchos de los que en aquella 
fecha los desempeñaban ; pero no es tan exacta en la enumeración 
de pueblos, y menos en la indicación de distancias y caminos, como 
la de Alsedo : aparte de que la copia publicada aparezca á trechos 
incorrecta en lo referente á nombres de lugar. 



dos en el texto, se pusieron con tinta más negra que el resto del manus- 
crito. 

La portada y el plano con que empieza el manuscrito se reproducen, en nuestra 
edición, fotográficamente. 

Lleva la obra encuademación en piel de la época, de color avellanado con di- 
bujos dorados. 

(1) Documentos anejos á la memoria del Perú: presentados á S. M. el 
Real Arbitro por Don Mariano H. Cornejo y Don Felipe de Osma- (Madrid, 
1905.) Tomo iii, págs. 88 á 101. 

(2) Arbitraje de Límites entre el Perú y el Ecuador.— Documentos anexos 
al Alegato del Perú, presentados á S. M. el Real Arbitro, por Don fosé Pardo 
Y Barreda. (Madrid: 1905.) Tomo i, págs. 138 á 169. 



XXXI — 



Y por último, se conocía — y también se ha impreso en 1905 ^'^ — 
una anónima Descripción de las ciudades, villas y pueblos del 
Obispado de Quito, fecliada en 14 de Julio de 1755, sin más indica- 
ción que la abone. Se ciñe muy principalmente este escrito á la parte 
eclesiástica, y tan sólo consigna una cifra aproximada de población en 
cada partido ó corregimiento. 

De Quito ya se habían ocupado también Jorge Juan y Antonio 
Ulloa, en su Relación histórica del viaje al Ecuador ^^\ obra mucho 
más extensa, por de contado, que la de Alsedo: como que abarca ma- 
terias de que él no se había de ocupar, narrando especialmente los su- 
cesos de la expedición de que formaron parte los ilustres autores de 
la Relación; y no deja por cierto de ser curiosa una coincidencia que 
se advierte, cuando enumeran ellos á determinados pueblos, en listas 
y por el mismo orden que se leen los nombres en nuestro Plano geo- 
gráfico: como si utilizaran notas que Alsedo, que era Presidente cuan- 
do ellos fueron al Ecuador, les hubiera facilitado en aquel entonces. 

La obra de Alsedo tiene sobre las que hemos enumerado, la ven- 
taja de contraerse á una sola materia; es obra exclusivamente geo- 
gráfica que, además, no se compuso por virtud de orden oficial ni 
para fines puramente administrativos, sino que se escribía para satis- 
facer el ansia que tenía el autor de dar mejor á conocer aquellos países 
americanos en que se había pasado la vida y ejercido tantos cargos. 
De la Audiencia de Quito había sido Presidente por espacio de ocho 
años; y en todo el manuscrito se está viendo á quien ha pasado él 
mismo por cuantos territorios describe; al viajero que sabe la distancia 
de unos pueblos á otros; que conoce los mejores caminos y ha experi- 
mentado los diversos medios de locomoción que admitían. Con todo, 
su libro no es el carnet de un turista: aunque tampoco desdeñe, en su 
caso, la observación de una nota pintoresca. A lo que se encamina es 



(1) Véase en laya citada publicación de Documentos anejos á la memoria 
del Perú presentados por los Sres. Cornejo y Osma. (Madrid: 1905.) Tomo iii; 
págs. 46 á 52. 

(2) Madrid: 1748. Tomo ii. 



á señalar, respecto de cada región, sus productos, así minerales como 
vegetales, animales ó industriales; y completa su información con no- 
tas de historia acerca de las ciudades y pueblos que describe: aun cuan- 
do, á decir verdad, tales noticias tengan á veces más de tradicionales 
que de históricas. Algún reparo, en su caso y lugar, hemos consigna- 
do, en términos de rectificación; ampliando en cambio otras noticias, 
en las notas respectivas: á la vez que hemos señalado, previo cotejo, 
las discrepancias entre la obra de Alsedo y las similares antecitadas. 

De lo más interesante en el manuscrito es el mapa que lo encabe- 
za. Ninguna de las otras descripciones lo tenía; y eran pocos los 
mapas americanos que hasta aquella fecha se hubieran publicado. 

El primero en comprender á la región de Quito fué el Mapa del 
curso del Marañan, publicado en Quito por el P. Samuel Fritz, de la 
Compañía de Jesús, en el año 1707 ^'l 



(1) De este mapa existe una copia en el British Museum: (Map: 83040 [4]) 
cuya cartela dice como sigue: 

El gran Rio 

Marañon, o Amazonas 

Con la Mission de la Compañía de Iesvs 

Geográficamente delineado 

Por el P.^ Samuel FRITZ Missionero conti 

nuo en este Rio 

P. J. DE N. SOCIETATIS JeSU QUONDAM IN HOC MaKAÑON 

Missionarius sculpebat Quiti Anno 1707 

Á la Católica y Real Ma gestad 

Del Rev NP S/ Z)." Felipe V 

La Provincia de Quito de la Comp.o de Iesvs 

Ofrece, y Dedica 

en eterno reconocimiento 

Este Mapa del Gran Rio Marañon 

con su Mission Apostólica 

como a su Soberano Patrono, y Mantenedor 

Por Mano 

de su Real Audiencia 

de QviTO. 

Las dimensiones del mapa son de 42 x 31 centímetros y está perfectamente 
conservado. Fué reeditado este mapa en inglés, á escala reducida, por Edward 



XXXIII 



Otro mapa del Marañón publicó en Amsterdam, en 1745, Mon- 
sieur de la Condamine, á la vuelta de la expedición que fué á Amé- 
rica á medir el Ecuador (^\ 

Poco después, en 1750, D. Pedro Maldonado, Gobernador de la 
provincia de Esmeraldas, había dado á conocer, en Madrid, una Carta 
de la provincia de Quito y de sus adyacentes <2); y al año siguiente, 
1751, los PP. Jesuítas Julio César Cigni y Domingo Cigni, publica- 
ron en Roma su Mapa de la Provincia de Quito, de la Compañía de 



Cooke, en su libro A Voy age lo the South Sea, and Round the World, Per- 
form'd in the years 1708, 1709, 1710 and 1711 [London, mdccxii, 2 vols. 8.°] 
Esta copia reducida dice que fué «engraved at London by I. Senex». (Sin fecha.) 

También se publicó el mismo mapa en francés, en el tomo xii de Lettres 
édi fiantes et curieuses (París, 1717) y en reediciones de esta obra, como la de 
París de 1781. 

(Debemos estas noticias á la bondad de Mr. B. Glanvill Corney, de la Royal 
Geographical Society.) 

(1) (íExtracto del Diario de observaciones hechas en el viage de la provin- 
cia de Quito al Para por el rio de las Amazonas; y del Perú á Cayana, Su- 
rinam y Amsterdan. Destinado para ser leído en la Asamblea pública de la Aca- 
demia Real de las Ciencias de París, por Monsieur de la Condamine. Uno de los 
tres enviados de la misma Academia á la Línea Equinoccial para la medida de los 
grados terrestres. Traducida del francés al castellano. Amsterdan, en la Impren- 
ta de Juan Catuffe. mdccxlv.» (Es libro raro: existente en la Biblioteca Nacio- 
nal de Madrid.) 

En esta obra (págs. 5 y 6), hace M. de la Condamine un breve resumen de his- 
toria de los descubrimientos y de la cartografía del Marañón, dando la interesante 
noticia de que en 1680 publicó N. Sansón un mapa para acompañar la traducción 
francesa de la relación de Acuña: que en 1638 había subido hasta cerca de Quito, 
acompañando al portugués Pedro Texeira. Dice que este mapa es muy defectuo- 
so, pero por ser el único, era muy utilizado y copiado, hasta que en 1717 se co- 
noció en Francia el del P. Fritz. 

(2) Existe en la Biblioteca Nacional de Madrid, Sección de Mapas, y tie- 
ne este titulo: «^Carta de la provincia de Quito y de sus adyacentes. Obra 
postuma de Don Pedro Maldonado, gentilhombre de cámara de S. Mag. y Qo- 
vernador de la provincia de Esmeraldas. Hecha sobre las observaciones astro- 
nómicas y geográficas de los Académicos reales de las Ciencias de París y de 

5 



— XXXIV — 

Jesús, en América <'^: el más completo y detallado de cuantos hasta 
entonces se habían dado á la estampa ^^K 

El de Alsedo se circunscribe á la extensión de la Audiencia de 
Quito (salvo en la parte Sur, donde dibuja las provincias fronterizas 
del Perú), y reúne la circunstancia de ir acompañado de descripcio- 
nes de todos los pueblos y partidos que se representan; si bien es 



los Guardias marinos de Cádiz y también de los RR. PP. Missioneros de May- 
nas. En que la costa desde la boca de Esmeraldas hasta Tumaco con la De- 
rrota de Quito al Marafíón , por una senda de á pie de Baños á Camelos y el 
curso de los ríos Bobonaca y Pastaba, van delineados sobre las propias de- 
marcaciones del difunto Autor. Sacada á luz por orden y á expensas de su Ma- 
gestad. MDCCL.» (4 planos sueltos de 0,60 x 0,39. Este mapa señala muy pocos 
pueblos. 

(1) «Provincia Quitensis Societatis lesu in America, cum tribus eidem finiti- 
mis, nempe: Peruana, Novi Regni Granatensis, et Maragnonensis Lusitanorum, 
Provinciis topographice exhibita; necnon á R. P. Ignatio Vicecomiti in Comitiis 
generalibus A. 1751 in Praepositum Generalem ejusdem Societatis electo. A 
PP. Carolo Brentano et Nicolao de la Torre, prsefatse provincias Quitensis Pro- 
curatoribus, humillime dicata, postquam iisdem comitiis ipsi interfuissent.» 

«Julius Caesar Cigni delineavit; Dominicus Cigni sculpsit Romae.» 
(Impreso. 0,90 x 0,63. Contiene una relación de los colegios. Universidades, 

Seminarios, Misiones y casas de Ejercicios de la Compañía. Se conserva en el 

Archivo Histórico Nacional: Estado; Mapas, n.° 25.) 

(2) Entre otros, menos interesantes, que con la Audiencia de Quito ó alguna 
parte de ella se relacionan, pueden citarse los siguientes: Mapa de los ríos Ama- 
zonas, Esequivo ó Dulce v Orinoco y comarcas adyacentes. N. E. de Améri- 
ca Meridional. (Siglo xvi.) (Archivo Histórico Nacional: Sala IV, vitrina cen- 
tral, n.° 158.) 

Mapa de la bahía de Guayaquil; Derrota para entrar en Guayaquil. Con- 
tenido en los fols. 71 y 72 del Ms. de la Biblioteca Nacional de Madrid n.° 2957: 
obra muy curiosa, de letra del siglo xviii, que tiene los mapas del perfil de la 
costa del Pacífico, desde Compostela en Méjico, hasta el Estrecho de Maga- 
llanes. 

Mapa del reino del Perú con parte de los países confinantes: comprende 
las provincias de Quito, Trujillo, Sama, Lima, Moj-os, Potosí y Tucumán, 
Maynas y país de Mocoa y de las Amazonas (Impreso: sin fecha; 0,32 x 0,21). 



— XXXV — 



forzoso reconocer que su factura, á la pluma, es inferior á lo que 
consentían en aquel tiempo los adelantos del grabado en lámina, en 
relación con los estudios de cartografía. 

En la presente edición se ha modernizado la ortografía del ma- 
nuscrito, excepto en los nombres de personas ó lugares: siguiéndose, 
por lo demás, la pauta establecida por el Sr. Magallón en la publica- 
ción anterior, por la Hispanic Society of America, de la Crónica de 
la Nueva España que escribió el Dr. Francisco Cervantes de So- 
lazar. Se ha puntuado el texto, que en el manuscrito apenas lo es- 
taba, y se han desenvuelto todas las abreviaturas. A continuación del 
texto se imprimen las Notas ó Apéndices aclaratorios del mismo, á 
que se remiten las llamadas; y un vocabulario de cuantos nombres de 
lugar se citan en el manuscrito. 

En la cuarta página de cubierta se ha puesto el escudo de las 
armas que fueron concedidas á la ciudad de Quito en 14 de marzo 
de 1541: según se ven dibujadas en un manuscrito^') de la Biblioteca 
Nacional de Madrid. 

C. A. González Falencia. 
Madrid: Junio, 1915. 



Lleva subtítulo en francés: «Carte du Pérou avec une partíe des pays qui en sont 
a Test.» (Archivo Histórico Nacional; Estado: Mapas, n." 24 bis.) 

Mapa de la Gobernación de Guayaquil, provincia del Mar del Sur, per- 
teneciente al Virreinato del Nuevo Reino de Granada. (British Museum, 
Add. 17634.) 

Coloured Map of Central America and the Southern provinces of México. 
(British Museum, Add. 17653 A.) 

(1) Ms. n.° 2734: fol. 153 vto. 



-• PLANO 
GEOGRAFÍCO3YHIDROGRAFICO 

DEL DI8TRITO DEEA RE^AL 

AUDIENCIADE QUITO, 

YDESCKIPCIO- 

. NES 

de las Provincias, Govlernos^y Corregimientos que se com 
prehenden en su Junsdicion,y las Ciudades^ Villas, Affi- 
eníos^y Pueblos que ocupan sus íerrilorlos. 

LOS CAMNOS QUE CONDUCEN A 
SUS SITUACIONES, 

Las distancian, Montes, Bolearles y\aí les ^y Ríos que median cLt 

unos j a atrios. 
Los Climas, Tenipei^aíTieníoáíj'Pierraá, A/f mas, rruto^^ Comer- 
cioáA^T'ratos de unas Provincias con oirás de dentro, y fue- 
ra del Reyno. 

LOS DERECHOS QUE CONTRIBUYEN A LA REAL HA- 
CIENDAXLAS CONSIGNACIONES QUE SEPAGAN 
DE SUSPRODUCTOS. 



DELINEADO.YDESCRÍPTO EN MADKID EL ANO MDCCLXVI 
POR DON DIONISIO DE ALS EDO, Y HERRERA 

O'oveTytaAor^y Comandante Oerterat aue Ri¿ det 
mismo Reyno yy del de Panamá enTierm 
{irme y y Presiden.de a/mhas 
Audiencias. 



13 



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29SIÍ193.234'\29S.S19G. 297. iígfi. 239. 5oo. 3ol. Jo!2. 3o3. 3o4 

>«iiiiiiwid teunmuai tiimiiiHiuiii Imiiiuiiibé kmMimwJ Uiiuiium i ijJ -i— 



DeMONSTRACION G^ografica^yKdrografíca del cbstrito 
de la R,eaJ Audiencia de Quito, por espacio de ^ooJeguas ees- 
de las Riberas del Rio Negro^ aue linda con la de Santaieé en el nur 

ebo Rejno de Granadajhasta la Ciudad de Rura, Caveza del 
primer Correxiniienío de losUalles del Perú, en que confina 
con el dÍ5tnto,y Jurisdicion de la Real Audiencia de Lima. 




i i 



DESCRIPCIÓN DE LA CIUDAD DE QUITO 



De la dilatada Jurisdicción y gobierno del distrito de la Real 
Audiencia de Quito es capital, asiento de su Residencia , la 
Ciudad de San Francisco, que yace a los 18 minutos de Latitud 
Austral y 293 grados de Longitud del Meridiano de Thenerife^^\ 
que señala la Demonstración, en el declivio de la gran cuesta del 
terrible v horroroso volcán de Pichinche, que ha reventado tres 
veces (-^ en los años de 539, 577 y 660, causando tan fatales 
estragos que de querer acordarlos se eriza el pelo en la memoria, 
y entre los dos espaciosos llanos de Añaquito y Turubamba , el 
primero de más de una legua a la banda del Norte, y el segundo 
de otro tanto a la del Sur. 

Y sin embargo de demorar en el punto medio de la tórrida 
zona, donde están perpendiculares la luz y el calor de los rayos 
solares , y por esto se persuadieron los antiguos a que seria 
inhabitable, (y) es tan al contrario que en su situación se succede 
el tiempo y no se altera; son siempre iguales los días, y las 
noches forman una continuada Primavera de todo el año en que 
amanece a las cuatro y anochece después de las seis. Y goza 
del más benigno clima y agradable temperamento que se puede 
discurrir, efecto de que en aquella altura la rodean los páramos 
de Cayambe, Clenisa, Cotopacsí, Antisana, Tunguragua y Chim- 
borazo, que no obstante ser volcanes, están cubiertos de nieve, 
tan endurecida al tiempo que por muchas partes está petrificada, 
y templan agradablemente el aire, desatando ríos, arroyos y 
quebradas que no cabe especificarlos en la reducida Hidrografía 



- 2 - 

de la Demonstración del Plano, sino sólo que los que descienden 
de la Cordillera y bajan por las montañas del Oriente y del Norte 
rinden sus corrientes al gigante de todos los ríos que se conocen 
en ambos Mundos: el Marañan y Amazonas, de que daremos una 
breve noticia al fin de esta descripción que coge tanta parte de 
él; y los demás que caen al Poniente y al Mediodía, tributan sus 
caudalosas corrientes a la Mar del Sur; y el de Machangara, 
después que baña las orillas de uno de los arrabales de la 
Ciudad, facilita la entrada por un fuerte y anchuroso puente de 
piedra, de primorosa construcción, de cuyos artífices no hay 
tradicción alguna; este y los muchos arroyos que bajan de las 
montañas del volcán, hacen dentro de la Ciudad las muchas que- 
bradas que demuestra el Plano, y vulgarmente llaman huaycos (3), 
sobre los cuales corren y se levantan arcos y terraplenes que por 
unos parages allanan el paso para la comunicación y por otros 
sirven de cimientos y basas para los edificios de mayor peso, 
como templos y casas de distinguidos particulares. 

V a la salida que va al llano de Turubamba, demora un 
pequeño cerro que llaman el Panecillo ^^\ vergel de las delicias 
dentro de la Población, fecunda fertilidad de cuanto se le cultiva 
en flores, plantas y frutas, y tiene a la falda la Hacienda de un 
tejar de los Padres de la Compañía, con una casa, huerta y jardín 
muy especiales para recreo de los estudiantes en los días de sus 
asuetos, a la cual tenemos entendido que se ha trasladado des- 
pués la del Noviciado de la Tacunga con el motivo del tercer 
terremoto y rebentazón del volcán de Cotopacsí^^^. 

Y con la copiosa abundancia de aguas que bajan de la mon- 
taña, delicadas al gusto y nada ingratas al calor natural, se 
fertilizan continuamente las tierras, y concurriendo la benignidad 
de las influencias del aire y la siempre apacible condición de su 
temperamento, las hacen tan fecundas que están verdes todo el 
año, floridos los valles y las vegas de los montes, vestidos los 
árboles de flores, hojas y frutas de Indias y de la Europa (que 
llaman de Castilla los naturales), los campos poblados sin ínter- 



- 3 - 

misiones de cuantas semillas de hortalizas y legumbres se cono- 
cen en España y en ambas Américas, y de tan abundantes pastos 
para toda especie de ganados, que no necesitan de mudar de 
sitios para mantenerse, porque no conocen estaciones de invier- 
nos ni de estíos; y por estas singulares condiciones, la distinguen 
en el Perú con el renombre del siempre verde Quito; y [es] de 
todo tan abundante que de nada carece de cuanto puede prevenir 
el apetito para lisongear el gusto en carnes de innumerables 
diferencias, caseras y de montería y volatería, en los montes y 
bosques de los ríos, de muchas especies que no se conocen en 
Europa, y lo mismo en granos, plantas, yerbas y frutas, cultiva- 
das en prados, huertas y Jardines, como silvestres en los mismos 
montes y orillas de los ríos y quebradas, de que la misma natu- 
raleza es agricultora, con tanto vicio que ningún pobre perezoso 
o vagamundo necesita aplicarse al trabajo para mantenerse. 

Fueron esta ciudad y la del Cuzco cortes de sus antiguos 
Yncas en el tiempo de su gentilidad hasta el XV siglo, que com- 
pitiendo la succesión y la propiedad de uno y otro dominio, los 
dos hermanos Huáscar y Atahualpr, estaban empeñados en civi- 
les discordias y sangrientas guerras ^^\ el uno en el Cuzco y el 
otro en Cajamarca que dista 180 leguas de Quito y 250 de la 
otra por el camino de la sierra y 60 de la costa del Mar del Sur, 
cuando llegó el famoso Adelantado y primer conquistador Don 
Francisco Pizarro; y hallándole armado y que le recibía de 
guerra, le dio la batalla en que aquél desgraciado Príncipe 
perdió con la primera acción de los españoles la esperanza del 
Imperio y la vida. 

Y desde allí el Adelantado destacó a su hermano Gonzalo 
Pizarro por el mismo camino de la sierra a la conquista del 
Cuzco, y él siguió la del Perú, por los valles que corren de lo 
largo de las orillas y playas del mar, hasta el del Rimac ^, 
nombre del río que la baña y fertiliza de todo con abundancia, 
donde fundó y puso los primeros cimientos a la ciudad de Lima 
o de los Reyes^^\ por la circunstancia de estar en proporcionada 



— 4 - 

situación, a la mira y progresos de los adelantamientos de ambas 
conquistas. 

Y advirtiéndolo y aprovechándose de la ocasión, Sebastián de 
Venalcazar ^^'^ , Adelantado de Popaván, con título del Señor 
Emperador Carlos V, se anticipó y la ganó [a Quito] año de 
1534 (*°) }' habiendo dado cuenta de la conquista al Consejo, se 
le aprobó; y el de 541 se le dio el título de Ciudad, con el blasón 
de un castillo sobre dos montes <'^\ agregándola con toda su 
jurisdición y dependencia en lo eclesiástico al obispado de Lima, 
hasta el año 1545 que habiéndose instituido su Iglesia Metrópoli 
de las del Perú, se dividió este dilatado territorio y se hizo 
cabeza de Obispado ^^-\ Y el de 563 , por despachos del Señor 
Felipe II, expedidos en Monzón de Aragón ^^^^ se fundó y esta- 
bleció en el mismo año el Senado y Tribunal de la Real Audiencia, 
siendo su primer presidente el Licenciado Fernando de Santillan, 
y determinados [los] términos de su jurisdicción y distrito por 
espacio de 400 leguas, desde las márgenes del Río Negro, que 
desciende de las montañas al páramo de Guanacas, linde con la 
de Santa Fé del Nuevo Reino de Granada, por la banda del Norte, 
comprendiendo en esta distancia de 160 leguas las provincias de 
Popayán, los Pastos, la de Barbacoas y Raposo, y la de la villa 
de San Miguel de Ybarra. Y al Sur, atravesando la línea, las de 
la Tacunga, y Ambato, Riobamba, Cuenca, Loxa y Zamora, y 
Jaén de Bracamoros, que confina con la ciudad de Piura, cabeza 
del Corregimiento de este nombre en la jurisdicción de los valles 
del Perú, perteneciente al distrito de la Real Audiencia de Lima; 
y extraviadas de estas dos carreras, que llaman de los Correos 
para uno y otro Reino, al Oriente, las de Quixos y Macas, y 
Jíbaros y Maynas, y al sudeste las de Chimbo y Alausí, y Gua- 
yaquil, que por la costa confinan con los puertos de Tumbes y 
Payta, como por tierra con el distrito del Corregimiento del valle 
y ciudad de San Miguel de Piura ('*\ 

Con estas oportunas disposiciones y acertadas providencias 
de establecimientos y ordenanzas para su régimen y gobierno se 



formó de una región de bárbaros en las ceguedades de su genti' 
lídad, una reformada república, civil, política y cristiana, con 
tantos monumentos de verdadera religión y magnificencia pia y 
católica, como el mayor y más sumptuoso templo de su Catedral, 
otra contigua iglesia, con el nombre de Capilla del Sagrario, y 
dos grandes puertas exteriores y una interior para la comunica- 
ción, en que se compiten la grandeza de los edificios y el servi- 
cio y adornos del culto; y en la segunda, dos curas rectores con 
sus tenientes para la administración en la dilatada feligresía de 
su más principal y distinguido vecindario, que ocupa la más 
grande y extendida parte del centro de la ciudad. Y se compone 
de los ministros y dependientes de la Audiencia, de los dos Cabil- 
dos eclesiástico y secular, herederos sucesores de los conquis- 
tadores, y familias de executoriadas noblezas de las que han ido 
de estos reinos. Otras seis parroquias tituladas con los nombres 
de San Roque, San Marcos, San Sebastián, Santa Bárbara, San 
Blas, y Santa Frisca, que comúmmente se denominan barrios, 
porque yacen en los arrabales inmediatos a las salidas de la 
Ciudad , y los ocupan por la mayor parte gente del color. 
Once conventos con copiosas comunidades de las sagradas reli- 
giones de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, San 
Fedro Nolasco y San Ignacio de Loyola. Cinco monasterios de 
religiosas muy numerosas: uno de la Concepción, otro de Santa 
Catalina de Sena, otro de Santa Clara, y dos de Carmelitas de 
la Reforma de Santa Teresa, el uno de Quito y el otro de la 
Tacunga, trasladado por las ruinas del terremoto del año de 698 
con la ocasión de la reventación del volcán de Cotopacsí ^^^; un 
hospital de Betlemitas; una casa de recogidas con el título de 
Santa Marta; dos capillas, la una dentro de la Ciudad debajo 
de una espaciosa bóveda o arco de piedra labrada de primorosa 
arquitectura, dedicada a la Reina de los Angeles con este nom- 
bre, y la otra con el de la Vera Cruz, en el egido de Añaquito, 
sepulcro y entierro del primer virrey del Ferú Blasco Nuñez 
Vela, muerto en aquel llano en la batalla con el rebelde Gonzalo 



Pizarra el año 544 ('^^ Una Real Universidad, eregida el de 563 
con el titulo de San Fernando, encarg,ada a los doctores y maes- 
tros de la religión de Santo Domingo (*'^; y un Colegio Seminario 
de San Luis, fundación del obispo Don Luis López de Solís el 
año de 594, encomendado a la enseñanza y asistencia de los 
Padres de la Compañía; que de este y de aquella han salido y 
salen frecuentemente sugetos insignes en virtud, literatura y espí- 
ritu para ilustrar las mitras, las togas y los bastones de que 
pudiéramos hacer larga memoria ^^^\ si no fuera desviarnos de 
nuestro principal objeto que no es cronológico, sino geográfico 
demostrativo de una distancia con individuas descripciones de 
los montes, ríos y poblaciones que la ocupan ^^^K 

Con cuyo presupuesto decimos que en la circunferencia de las 
cinco leguas, que es el distrito del corregimiento, tiene 28 pue- 
blos, que son otras tantas pilas bautismales, con diferentes ane- 
xos y curas beneficiados y varios tenientes en las principales para 
asistir a las administraciones de Sacramentos; que, distinguidos 
con la expresión de sus propios nombres, son: 



San Juan Evangelista 
o Chimbacalle, arra- 
bal de la Ciudad 

María Magdalena 

Machache 

Chilogallo 

Cono coto 

Zambiza 

Cotocallao 

Cambaya 

Tumbaco 

Puembo y Piso 

Yaruqui 

Quinche 

Guayllabamba 



Pomasque 
Al angas i 
Canzacoto 
Pintac 
San Antonio 
San Golquí 
Amaguaña 
Guapulo 
Alo así 
Perucho 
Calacali 
To cache 
Mindo y Yambe 
Atoa, y 
Uyumbichu (^o) 



Los más son de muy numerosos gentíos de todas clases, espe- 
cialmente los más inmediatos a la capital y los tres de Guapulo, 



- 7 — 

El Quinche, y Pomasqite, porque los dos primeros son santuarios 
de dos imágenes de Nuestra Señora muy milagrosas , con las 
vocaciones de ellos mismos, y el último con un convento de Reco- 
lección de Religiosos Descalzos de San Francisco, por una mara- 
villosa efigie de un Santo Cristo muy milagrosa, las cuales fre- 
cuentan mucho la devoción y los votos de Quito y de los otros 
pueblos adyacentes en los contratiempos de epidemias, malos 
temporales, temblores y reventagones de volcanes, en cuyas oca- 
siones llevan en procesión los Cabildos las dos Imágenes de la 
Virgen, la de Guapulo por dos leguas de cuesta, y la del Quinche 
por cuatro, y las colocan regularmente divididas en la Catedral, 
Capilla del Sagrario y otras iglesias cercanas, como el Monas- 
terio de la Concepción, las Carmelitas y la Compañía, mientras 
se hacen las misiones, rogativas y novenas para que cesen las 
calamidades. 

Y las distancias intermedias que hay de la Ciudad y de unos 
pueblos a otros [están] ocupadas de haciendas, hatos, casas de 
campo, chacras^^^^ y huertas, de tal suerte que se puede decir de 
Quito, sin que sea ponderación, que es una ciudad tan poblada 
de habitadores que tiene por arrabales las cinco leguas del dis- 
trito de su corregimiento. 



CAMINOS QUE CONDUCEN A QUITO 



Para la comunicación, trato y correspondencias del comercio 
de tan vasta y dilatada provincia con las demás de la América 
Meridional y aun con la Septentrional, por la Mar del Sur y 
puertos que vulgarmente llaman de la otra costa, tiene tres vere- 
das o caminos para llegar a la capital; que el primero es de 
518 leguas a la banda del Norte desde Cartagena; las 14 a la 
Barranca del Rey en las orillas del Rio grande de la Magdale- 
na, 160 de navegación en canoas chatas, fabricadas de un tronco 
de cedro o de ceyba, de varios tamaños, grandes, medianas y pe- 
queñas, que a las primeras llaman champanes ^^~\ a las segundas, 
BARQUETONAS, y BANQUETAS ^^^\ a las últimas, con proporción a la 
carga que llevan debajo de una toldilla muy baja, cubierta de 
cañas silvestres y hojas de vijao ^^^^, para resguardo del sol y de 
los aguaceros, que siempre son frecuentes en aquel río; con sumo 
trabajo, riesgo y penalidad por espacio de 24 o 25 días de vía- 
ge, estando bajo, y sin término, cuando está crecido; y se llega 
al puerto de la villa de Honda, que dista 40 leguas de Santa Fé, 
capital del Nuevo Reino de Granada, donde es necesario tomar 
descanso de algunos días, y tiempo para hacer la prevención de 
bagages de silla y de carga, y la provisión de todo lo necesario 
a la subsistencia de la vida humana, en un camino como el de los 
llanos de Neyba, por espacio de 24 o 23 Jornadas de despoblado 
en que no se encuentra más que agua y leña y pastos con abun- 
dancia para los ganados. Y se pasan 34 ríos y quebradas de cau- 
dal, que piden cuidado en sus pasages, como Río Recio, Cuello, 



— 9 — 

Aypé^ Pata y la China; los tres que por su fondo no ofrecen vado 
y se pasan por barca: Paez, 'Solnaña y Bache; y todos tributan 
sus corrientes al de la ñíagdalena hasta el de la Plata, en cuyas 
orillas fundó Venalcázar la ciudad de San Sebastián (^s)^ por ser 
éste su nombre, para entrar a la conquista de Popayán; que hoy 
está reducida a muy pocas casas, y las más, de cubiertas de paja, 
y el vecindario que las habita, a dueños de recuas y peones prác- 
ticos de las montañas, que llaman vaquianos ^^\ porque los de los 
llanos no son ap ropo sito. 

Y por esto es preciso a todo pasadero mudar aquí los baga- 
ges de silla y de carga, para subir las montañas de la Serranía, 
cuestas de Topa, San Francisco, y pueblo y páramo de Guana- 
cas, donde tantos han perecido a la rigidez del frío y de sus acci- 
dentales repentinas intemperies, que suelen ser con mayor exceso 
en los meses de Junio, Julio y Agosto. V vencido este peligroso y 
trabajoso paso, en ocho o diez días [se llega] a Popayán, donde 
es necesario hacer alto doce o quince, a lo menos, para descansar 
del cansancio y fatiga de las /ornadas del Páramo , mudar las 
recuas y los bagages, y renovar la provisión de los bastimentos, 
para seguir el viaje a la provincia de Los Pastos, que dista 60 
leguas de la de Popayán y 50 de Quito, en cuya distancia media 
la Montañuela de Pasto, que, aunque no es como las del Páramo, 
es de difícil y penoso ascenso, de resbaladeros, atolladeros y ca- 
mellones, y los dos ríos de Guanambü y Guaytara, que por sus 
copiosos caudales, arrebatadas corrientes y porciones de piedras 
que llevan desde sus yacimientos, grandes y de menores tamaños, 
no tienen puentes ni ofrecen vados, ni permiten barcas. 

Y el ingenio y la necesidad les obligó a discurrir un arbitrio 
semejante al de nuestros pescantes, que es una unión de cuatro o 
seis cuerdas de cuero de vaca curado y torcido a torno, cuyo cabo 
pasa un nadador diestro a la otra orilla, cuando el río da lugar 
para ello, y le estiran de un lado y otro por los extremos y le ama- 
rran a los árboles más corpulentos de ambas riberas, hasta que 
queda templado como un estay ^^\' y por éste corre una horquilla 



• - 10 - 

de madera muy^ fuerte, asegurada de fierro por el nudo que la une, 

V de ella pende una petaca o caja del mismo cuero, y otra cuerda 
corrediza y larga en que atan uno y a veces dos caballos enseña- 
dos al exercicio de la tarabita (que así llaman a esta invención). 

Y luego que en la una barranca ponen en la caja o petaca el pa- 
sadero, asegurado por la cintura, o el fardo o carga de más peso, 
y hace la seña a la otra banda, azotan al caballo, y parte de ca- 
rrera, ayudándole la gente que se ocupa en esta faena, de suerte 
que en un instante está al otro lado el que va en ella con segu- 
ridad y sin peligro, pero con horror, si mira al río, por lo cual 
le hacen los tarabiteros la prevención de que no lo mire, sino que 
ponga la vista en la opuesta ribera (^s). y aunque, en substancia, 
no es la tarabita otra cosa que una tramoya como las que hacen 
los farsantes cuando representan vuelos desde los teatros a los 
aposentos, toda la diferencia del horror consiste en que si se echa 
la vista a la caída de ésta, se ve un patio lleno de gente, y allí, 
unos ríos que se precipitan de la sierra con arrebatadas corrien- 
tes, arrastrando piedras que se van golpeando unas con otras, 
haciendo estrépito que atemoriza, y árboles con las ramas, tron- 
cos y raíces arrancados de las riberas por donde han pasado, que 
van voltegeando, y haciendo remolinos que dan espanto y temor, 
y turban las vistas y las cabezas. 

Y pasando por estas y tan repetidas incomodidades, riesgos y 
afanes y cuidados, se llega a Quito, y tiene término el viage de 
tan largo, penoso, arriesgado y costoso camino. 

El segundo [camino] que llaman del Correo de Lima, desde la 
ciudad de Piura, de la jurisdicción del Perú, sube por las monta- 
ñas de la gobernación de Yaguarsongo, partido del gobierno de 
jaén de Bracamoros y, corriendo 200 leguas, pasa por las provin- 
cias de Loja, Zamora y Cuenca, y baja a Ríobamba, donde se le 
junta el tercero y más breve, de 98 leguas, que es el de Guayaquil, 
pero de una misma dificultad de subida de sierra y de montaña por 
la gran cuesta de San Antonio, llena de laderas y precipicios, y las 
de los asientos de Chimbo v Alausí, hasta salir a Guaranda, fie- 



- 11 - 

na más llana y de menos fragosidad de camino, hasta Ríobamba, 
donde se junta con el de la Sierra, y se reducen a uno que sigue 
por Ambato y la Tacunga, por espacio de 36 leguas, hasta llegar 
a Quito. 

Y habiendo hecho hasta aqui descripción de aquella capital, 
y de los arrabales y pueblos del distrito de su corregimiento y de 
los tres caminos de sus entradas y salidas para la comunicación, 
contratación y tráfico con las otras provincias, se hacen precisas 
iguales descripciones de las que atraviesan las veredas compre- 
hendidas en el distrito y jurisdicción de la Real Audiencia; y para 
poderlo hacer en la misma conformidad , es inevitable volver el 
discurso y la pluma al confín de la de Santa Fó, por la banda del 
Norte, en las márgenes del Río Negro y páramo de Guanacas, 
donde lo primero que se ofrece a la vista de nuestro intento, es 



EL GOBIERNO DE PO PAYAN 



De este es cabeza la ciudad de su propio nombre, en la latitud 
de 2 grados y 30 minutos a la banda del Norte, y 297 de longi- 
tud, la primera que conquistó y la segunda que fundó el Adelan- 
tado Sebastián de Benalcázar el año de 536 '^^ y al siguiente 
obtuvo el titulo de ciudad ^^'>, capital de este gobierno, en el dis- 
trito y jurisdicción de 80 leguas de largo y 70 de ancho, y el de 
647 la erección de Obispado ^^^^ por su dilatada extensión; que 
confina al Norte con los llanos de Neiba; al Nordeste, con la pro- 
vincia de Antioquía; al Oeste, con las del Chocó; y al Sur, con la 
de Los Pastos; de muy alegre vista y hermosa planta, en un llano 
que no tiene en su inmediación más montes que el cerro que lla- 
man de la M, porque hace esta figura desde cualquier rumbo 
que se vea, por tres puntas o farallones que dividen la cumbre, y 
los dos rios Blanco y Cauca, que ambos engrandecen también el 
de la Magdalena. Y todo lo demás del distrito de su gobernación, 
cercado de montañas, quebradas y arroyos, que todos son minas, 
y lavaderos de oro tan fino como el de Chocó, y la tierra tan fértil 
que produce todo cuanto conduce a la comodidad, gusto y regalo 
de sus habitadores, con la abundancia de carnes, betuallas, le- 
gumbres, frutas, agua ardiente de caña, dulces, sebo, pita, taba- 
co y algodón; que de todo hacen comercio los vecinos hacendados, 
y contribuye a su lucimiento y esplendor en las festividades y fun- 
ciones públicas y ala magnificencia del adorno y servicio del cul- 
to divino en su Catedral, y otras tres parroquias y iglesias de cua- 
tro conventos de las Sagradas Religiones y dos monasterios de 



— ra — 

monjas de lá Encarnación j: de Santa Teresa. Pot cuyas circuns- 
tancias, era dé mucha conveniencia a su vecindario y útil a sus 
gobernadores, antes que se separasen de su jurisdicción y se hicie- 
sen gobierno aparte las provincias del Chocó con lo cual des- 
caeció éste; pero no en cuanto al común en la bondad y salida de 
sus frutos y a la entrada de los ramos de los derechos Reales en 
la Real Cafa; y con mayor exacción después del restablecimiento 
del Virreinato del Nuevo Reino ^^-\ en que también se han puesto 
corrientes los correos mensuales, que llaman chasquis, de Quito 
con Santa Feé, y por esta vereda, la correspondencia con el del 
Perú, siendo aquí la cafa que dimidia las distancias, donde, si 
alguno de los dos se adelanta, espera al otro, y luego que llega, 
cambian las balifas y vuelven a coger el camino que cada uno ha 
llevado, repasando los mismos pueblos, que tienen la obligación 
de darles puntualmente los bagages que necesitan, pagando cada 
uno a medio real por legua. 

Y en su furisdicción comprende muchos pueblos, y no tenemos 
memoria de ellos, para especificarlos con su número y nombres, 
como los demás de esta carrera ^^^^ y de las otras dos, porque como 
quiera que el Gobernador con los Oficiales Reales son los jueces 
de la Real Hacienda del Gobierno, como el Presidente de la Au- 
diencia en el distrito de aquella Cafa, y cada uno debe llevar está 
cuenta con la razón de los sínodos que se pagan a los curas- be^ 
neficiados y párrocos doctrineros de cada uno de ellos; y assi, sólo 
aquéllos pudieran individualizarlos, y aquí reducirnos a la gene- 
ralidad de que son muchos, porque desde Santa Fee hasta Quito 
no se ve provincia más poblada y cultivada de los frutos expresa- 
dos, y en algunos, de la celebrada yerba coca í**>> tan apetecida y 
estimada de los Indios, y particularmente de los que trabafan en 
las minas, por la singular virtud que contiene de que el que lleva 
en la boca y chupa el fugo, no necesita otro alimento de comida 
y bebida para mantenerse y resistir la fatiga de éste y otra cual- 
quier trabajo con la misma robustez, agilidad, y fuerza que si-es- 
tuviera mantenido con otros de la más vigorosa, substancfa; pero 



— 14 — 

con el defecto de que al que la lleva, se le pone la boca tan ne- 
gra desde los labios hasta todo lo que se puede descubrir de las 
fauces como si fuese con polvo de humo o de hueso de cerdo re- 
quemado, y cuando la abre, hace al vivo la representación de aque- 
llas pinturas que sacan los predicadores en las misiones para per- 
suadir a sus auditorios los horrores del infierno. 

Y de todo hacen comercio sus vecinos hacendados y patricios, 
que, por lo general, son de sentidos muy despiertos, de potencias 
muy despejadas y de espíritus muy marciales, como lo dieron a 
conocer, al principio de este siglo, en los bandos de Pambazos y 
Tripitinorios ^^\ que se dividieron en estos dos partidos, los unos 
por Don Pedro Bótanos y Mendoza y los otros por Don Tomás 
Trocones, ambos capitanes de caballos, provistos para aquel Go- 
bierno; y el que tenía posterior título no quería dejar que el del 
primero actuase antes [de] la provisión de su tiempo, y como am- 
bos tenían igualmente parciales de su parte, llegó a tanto encono 
el empeño, que se dieron batalla campal unos a otros Junto a un 
cerro, que desde entonces se llama el de la Guerrilla, en que has- 
ta cañones hicieron de madera fuerte, guarnecidos de alambres 
gruesos de fierro; y duraron los enconos después largo tiempo, 
hasta que con las providencias que dio el Consejo, cometidas a 
los succesores, y el mismo tiempo por sí, extinguieron las semi- 
llas del odio. 

Siendo por lo demás de genios muy cortesanos, políticos y aten- 
tos, especialmente con los forasteros, generosos y magnánimos en 
su porte y trato, y con mayor extremo en el lucimiento y explendor 
de sus funciones públicas; lo cual contribuye mucho a la magni- 
ficencia, adornos y culto de los templos que son la Iglesia Cate- 
dral; otras tres parroquias, cuatro conventos de las Religiones, 
dos monasterios de Monjas de la Encarnación y Santa Teresa. 

Por cuyo conjunto de circunstancias, y particularmente por la 
de las visitas del Chocó, era muy apetecido el Gobierno y útil á 
los gobernadores, y ha descaecido desde que aquellas provincias 
se le separaron, y instituyeron Gobierno aparte. Y con el restable- 



- 15 - 

cimiento del Virreinato del Nuevo Reino, y comunicación de éste 
con el del Perú, por la vía de Quito, se han entablado los correos 
mensuales; y la caja de su carrera y dirección [es] esta ciudad [de 
Popayán], donde mutuamente el primero que llega espera al otro, 
y luego que se Juntan, cambian las balijas de las corresponden- 
cias y las cargas de encomiendas y encargos particulares, y el de 
Santa Fée vuelve a coger el camino del Páramo y el de Quito, el 
que se sigue de 



LA PROVINCIA DE LOS PASTOS 



Que tiene por capital la ciudad de San Juan de Pasto, renom- 
bre que le pusieron los soldados de Venalcázar, cuando la con- 
quistó ^'^^\ por la gran abundancia que encontraron de ellos para 
la comodidad de los caballos, de que siempre están cubiertos los 
campos y los montes, y dista de Poparán 80 leguas al Norte; 50 
de la de Barbacoas al Nordeste; 49 del corregimiento de la villa 
de Ybarra; y 38 de las montañas de la Serranía que desatan dife- 
rentes ríos caudalosos, que se incorporan con el Ñapo y el Putu- 
mayo y juntos entran en el Marañan, y por esto los baptizan con 
este nombre desde sus nacimientos; y los otros que caen al Sur, 
se esparcen por distintos valles. Y en el de Palia, que es preciso 
tránsito de este camino, se Juntan los tres de Guachiconó , San 
Jorge y Masamorras, y, reducidos auno, entra por la provincia de 
Esmeraldas y desemboca con este nombre en la Mar del Sur. 

Y el pasagero para pasarle y entrar y salir del valle, necesita 
hacer cuatro jornadas: la primera para bajar a la herradura; la 
segunda, para pasar los ríos; la tercera, para la cuesta de los 
Alacranes; y la última, para salir al alto de la Horqueta, y respi- 
rar de la fatiga, sudor y intolerable calor del ardiente clima y 
condición del valle, que no permite otra ropa en su tránsito que 
la más ligera de seda o lienzo, para pasarle con menos incomodi- 
dad; y con el cuidado de no hacer el menor desmán en comida o 
bebida, porque indefectiblemente resulta luego en fríos y calentu- 
ras de largo tiempo; por cuyas condiciones está exceptuado, como 
el de Mira, en el distrito de la villa de Ybarra, con las más es- 



— 17 — 

trechas prohibiciones del Consejo, del repartimiento de indios 
MITAYOS ^^'^ de los pueblos para el servicio de las haciendas de 
uno y otro, por los sangrientos estragos que hacían sus ardientes 
temperamentos en aquellos miserables. 

Y la Ciudad tiene a la vista un monte que fué volcán, que des- 
de el tiempo de la gentilidad siempre estuvo respirando fuego y 
humo tan espeso que muchas veces oscurecía el ayre, y assi lo 
vimos el año de 710; y después, repasando este mismo camino en 
los de 729 y 735 para ir a servir la Presidencia, bajar a Carta- 
gena y volver a España, reparamos que no lo hacia, y nos infor- 
maron había más de 20 años que había dejado de hacerlo, sin que 
precediese ruido, temblor u otra señal, sino la de ir cediendo poco 
a poco hasta que cesó de una vez, de que se infería haberse aca- 
bado los materiales que cebaban uno y otro, y el continuo cuida- 
dado con tan mal vecino y tan inmediato a la Ciudad, a cuya fal- 
da tiene su nacimiento el famoso río Putumayo , que señala la 
Denionstr ACIÓN, y después de pasar por debajo de la Equinoccial 
tres veces y correr por espacio de 240 leguas, muere en las ver- 
tientes del Marañan, y por esto le confirman con este nombre los 
de Pasto , donde los patricios son tan ingeniosos , hábiles, bien 
aplicados y marciales como los de Popayán, y lo dieron bien a 
conocer en los bandos de Pambazos y Tripitinorios, de que deja- 
mos hecha mención en la descripción precedente de Popayán, y 
de la batalla que se dieron ambos partidos en el cerro de la Gue- 
rrilla, situado en el territorio de la jurisdicción de esta Ciudad; 
la cual se gobierna por el Cabildo y dos alcaldes ordinarios que 
elige anualmente, con los demás oficios de república civil y eco- 
nómica, que confirma el Presidente de la Audiencia, para cuyo 
efecto anticipa las elecciones de modo que puedan verificarse el 
primer día del año siguiente. Goza de un temperamento muy sano 
que toca más en frío que templado , pero sin exceso ; tiene una 
Iglesia Mayor que es parroquia, dos conventos de religiosos, un 
Colegio de la Compañía, y dos ermitas que son santuarios a la 
entrada, y a la salida: . • ■ 

3 



— 18 - 

Y la tierra [es] tan agradecida al cultivo, que produce con abun- 
dancia los mismos frutos que la de Popaban y con muchas venta- 
jas en las dos especies de granos, trigo y cebada, porque en toda 
la carrera desde Cartagena no se come igual pan, ni se hace pro- 
visión de semejante bizcocho para los viages hasta llegará Quito. 
Tiene copia de minas de oro del mismo color y quilates de ley que 
las de Barbacoas, pero poco trabajadas por la escasez de escla- 
vos negros y estar los indios relevados de este servicio y emplea- 
dos en el de la labor de los campos, y otras manufacturas, como 
en el aprovechamiento de una mina muy singular (^^^ que no se co- 
noce en otra ninguna parte de ambas Américas, de que hacen un 
barniz más especial que el del mejor charol, porque se incorpora 
con fuego y primorosas diferencias de labores y figuras, a discre- 
ción de los mismos indios, en cualquier madera con tanta firmeza 
y constante permanencia, que nunca le borra el agua, aunque con- 
tinuamente se la hechen hirviendo , ni se le quita el lustre con el 
uso del tiempo, mientras no se quema o se rompe. Y de este géne- 
ro hacen adornos, menages, muebles y utensilios para el servicio 
de las casas, de las haciendas y de los viages en los caminos, que a 
no ser tan comunes, fueran tan estimables como de plata; y de ellos 
hacen con Quito y con todas las provincias meridionales tan ge- 
neral comercio, que continuamente los están fabricando en la mis- 
ma Ciudad, y en muchos de los 33 pueblos de su comarca, que son: 



/ 


Yasqual 


10 


Sucumbios 


2 


Ancuya y Abades 


11 


El Puntal 


3 


Busiaco y Juanambú 


12 


Tussa 


4 


Sapuyes 


13 


Hi pial es 


5 


Tambo pintado 


14 


Tuquerres 




Chachaguí 


15 


Mocondino 


6 


Tongobito 


16 


Nanegal 


7 


Mocoa 


17 


Pupiales 


8 


Yanquanquer 


18 


Potosí 


9 


Funes 


19 


Gualmata 



19 



20 


Los Yngenios 


27 


Mallama 


21 


Sibundoy 


28 


Fuenes 


22 


Huacca 


29 


Males 


23 


Tulcán 


30 


Caúchala 


24 


Carlozama 


31 


Galea 


25 


Cumbal 


32 


Auope Guaspi , y 


26 


Mayasquer 


33 


Esmeraldas (3Q>. 



De los cuales el 3." de Buy saco y el 9." de Funes son los dos 
que están a las riberas de los ríos Juanambú y Guaytara que se 
pasan por las tarabitas, de que dejamos hecha razón individual 
en la descripción de los caminos que conducen a Quito, y aquí [de- 
cimos] que los de estos dos pueblos son los que los cuidan y re- 
nuevan siempre que es necesario, pagando todos los que pasan un 
real de plata por cada persona y lo mismo porcada carga de ba- 
rriles, petacas, fardos, equipages, cajones y otros equivalentes de 
mercería, como fierro, acero, cera, barriles y botijas, etc. 

Con lo cual queda insignuado todo lo que se puede decir de 
esta provincia, que, como queda dicho, confina al Sur con la del 
Corregimiento de la villa de Ybarra, que se sigue a ésta de la ban- 
da del Norte, según el derrotero que seguimos del distrito de la 
Audiencia; pero es necesario advertir que , al Norte, queda otra 
comprendida en el mismo distrito, que debemos describir antes. 



BARBACOAS Y RAPOSO 



Transmontado el gran pedazo de montaña que parece desasi- 
do del cuerpo de la cordillera general para dividir y separar de 
la provincia de Los Pastos, la de Barbacoas y Raposo, caen éstas 
a las orillas de la Mar del Sur y al pie de la misma montaña con 
la ciudad de Santa María del Puerto y otros tres que son Tumaco, 
Palma Real y Buenaventura, de playas estendidas con tan poco 
fondo que no permiten surgidero a otras embarcaciones que unos 
barcos de pequeñas gavias y buques reducidos que llaman de 
tasca; los cuales trafican a la banda del Sur, [con] los de Pay- 
ta, Guayaquil y intermedios de los valles del Perú, y ala del Nor- 
te y con los de las provincias del Chocó y de Panamá y Jurisdic- 
ción de Tierra Firme; y algunos, a los de la otra costa, Realejo y 
Sonsonate, de la provincia de Guatemala, para el efecto de la pro- 
visión y consumo de lo que necesitan los meridionales de brea y 
alquitrán para los astilleros, tintas de grana y añil para los obra- 
ges y chorrillos de las fábricas de paños, pañetes y bayetas que 
casi son tantos como los pueblos de las otras provincias, y parti- 
cularmente para esta, de géneros y ropas de lencería y seda que ' 
son apropósito para el calor del país y también víveres conducen- 
tes a la subsistencia de la vida humana; porque, aunque de Los 
Pastos se provee de harinas y carnes suficientemente, es a mucha 
costa y no la puede ministrar lo demás de lo mucho que necesita 
de herramientas de fierro y acero, cera, papel y género de merce- 
ría, vino, aguardiente de uvas, conservas, frutas secas, tabaco y 
remedios de botica, como con los barcos, porque sólo tiene de 



- 21 - 

propios frutos de su terreno, maíz , plátanos, y aguardiente de 
caña, estéril de todo lo demás y solamente fértil de fecundas mi- 
nas y abundantes lavaderos de oro tan fino y de tan subidos qui- 
lates de ley como el del Chocó, tan semejante que parece uno mis- 
mo, efecto de la contiguedad de unas provincias con otras y gozar 
de unos mismos influxos y ser de una misma condición las tierras, 
que sólo pudo hacerlas separables, al tiempo de la erección de 
aquel Gobierno, la observancia de la antigua demarcación de los 
distritos de las dos Audiencias. 

Siguiéndose de la providencia de los barcos, no sólo el soco- 
rro de lo que unas y otras necesitan, sino también la particular 
conveniencia de los que van a Tierra Firme con la favorable opor- 
tunidad de ser ocasiones para los pasageros y provistos que lle- 
van destinos al Perú para la via de Payta, o a Quito por la de 
Guayaquil, que no pudiendo sufrir las costosas, contingentes y di- 
latadas demoras de Panamá con la falta de ocasiones de Lima y 
del Callao, desde que se interrumpieron las armadas de galeo- 
nes, ni detenerse a esperar los que bajan anualmente con la reme- 
sa de los situados ^^^ para las plazas de Tierra Firme, se embar- 
can en ellos, y unos y otros llevan equivalentes contingencias de 
dilatados y penosos viajes, si la fortuna no les favorece con una 
estación feliz para que no lo sean con los vientos y las corrientes, 
porque los navios y las fragatas que navegan más distantes de la 
costa, llevan el riesgo de engorgonarse en los remolinos de las 
Islas del Gallo y de la Gorgona, donde no tienen otra salida que 
volver de arribada al puerto de Perico, de la Ciudad de Panamá, 
con pérdida del viage y del tiempo, gasto de los ranchos y de las 
raciones y soldadas de la gente de mar. De suerte que el dueño 
de una embarcación, si no es particular muy rico , y le succede 
este contratiempo queda perdido, o a lo menos muy atrasado, y 
algunos, precisados a venderlas para pagar los empeños de las 
arribadas. Y los barcos que no llevan el riesgo de engorgonarse, 
porque demanden menos agua, luego que hacen la travesía de la 
ensenada de Panamá y recorren el Cabo de San Francisco, que se- 



— 22 - 

ñala el Plano, y es el primero de las costas del Perú, siguen el 
viage con navegación práctica cuasi siempre a vista de la tierra y 
por esto, libres de aquel peligro; pero por lo regular delatado y pe- 
noso, con la incomodidad de la embarcación, fatiga y cansancio 
que son naturales en la agitación del mar. Por lo cual, los más de 
lospasageros, luego que llegan a cualquiera de los cuatro puertos, 
toman el partido de seguir el viage por tierra, trepando la elevada 
aspereza déla montaña, en bagages de bueyes para los equipages, 
y indios cargueros para los dueños, a cortas Jornadas en que ocu- 
pan diez y doce días (si el camino está bueno) y vencer la subida 
y la bajada, que no es menos penosa, para salir a lo llano de la 
provincia de Los Pastos y desde allí con menos trabajo, a Quito 
y al Perú, según fueren sus destinos. De suerte que son pocos y 
muy contados los viages que se cuentan breves y felices de esta 
dificultosa navegación, y innumerables los que se refieren desgra- 
ciados con la contrariedad del viento Sur y oposición de las co- 
rrientes que corren siempre al Norte. 

Y dejando expresada esta provincia, extraviada de la carrera 
que seguimos Norte Sur, distante 70 leguas de Quito y que los 
pueblos son: 



La Ciudad de Santa María 

Tumaco 
Palma Real 
Buenaventura 



Santa Barbara, y 
Timbiquí (^D, 



volvemos el discurso al mismo camino de Los Pastos, donde le 
dejamos para describir esta provincia; y sigue al Sur 



LA VILLA DE SAN MIGUEL DE YBARRA 



Dista 49 leguas de la ciudad de San Juan Pasto y 21 de la de 
Quito, cabeza del corregimiento de este nombre, fundación del 
Oidor de la Audiencia de Lima, que fué Presidente de la de Quito, 
Don Alvaro de Ybarra ^^\ en un espacioso llano que tiene a dis- 
tancia de una legua la laguna de Yaguarcocha, que en la lengua 
Quechua, natural de los Indios, quiere decir lago de sangre, por- 
que YAGUAR es el nombre de este humor y cocha, el de cualquier 
agua estancada, y, según tradición de los mismos Indios, se le im- 
pusieron por memoria de una batalla que tuvieron en este llano por 
el tiempo de su gentilidad, en que corrió tanta de los dos exérci- 
tos, que se tiñó de su color la laguna '<^^^. 

Y en tiempo más moderno hubo corregidor tan poco advertido 
y Presidente tan poco avisado que no le impidieron a un inglés de 
la factoría de Panamá, que iba a Lima a dependencias del asien- 
to de un barco de los de Barbacoas, y salió a Los Pastos, como 
llevamos dicho, y llegó a este parage, donde tuvo la curiosidad de 
construir una especie de botecillo con qué la sondeó el centro y 
toda la circunferencia ^'^^. 

Y en llegando a la cercanía de la villa, se reconoce que es como 
una ciudad en la población, en el trato y porte de la gente y en la 
sumptuosidad de los edificios y adorno de las casas y de los tem- 
plos, en que el primero es la Iglesia Mayor, que puede ser Cate- 
dral en cualquier obispado, cuatro conventos de las Sagradas Re- 
ligiones, un colegio de la Compañía, un monasterio de Monjas 
de la Concepción, y un hospital. 



- 24 - 

En una situación de un temperamento muy sano, apacible y 
agradable que de todo abunda, y de nada carece por la fertili- 
dad de la tierra, por la inmediación a Quito y ser precisa esca- 
la de todos los que van a Cartagena, Santa Fee y Popayán y 
demás provincias de esta carrera, a la capital de ésta y a las 
del Perú; cercada de otros valles muy poblados, fecundos y de- 
liciosos, que todos son huertas y Jardines de flores, frutas, ver- 
duras y cuantas especies se pueden discurrir de granos, semillas 
y legumbres, exceptuando el de Mira, que por la ardiente condi- 
ción de su clima y terreno está privado (como el de Palia en 
la provincia de Los Pastos) del repartimiento de indios mita- 
yos para el servicio de las haciendas de vecinos de Quito y de 
la misma villa, que por la mayor parte son hatos de ganado va- 
cuno, corrales de cerdos, cañaverales y trapiches de la fábrica 
de miel, azúcar, aguardiente, alfeñiques y conservas de las fru- 
tas de tierras calientes, como melones, sandias, limones, cidras 
y bananas. 

Y de las montañas de la serranía baja al mismo valle el rio, 
quien toma el nombre, y atravesándole y bañándole con copiosos 
raudales que le riegan, desemboca en el mar; pero tan frío, que 
a muchos que el calor y la sed que brotan los vapores de la tierra 
y los rayos del sol, los obliga a querer apagar uno y otro con 
aquella agua o se mojan en ella pasando el vado por escusar la 
distancia de llegar a la puente de palos, que tiene a su cargo el 
pueblo de Mira renovarlos cuando se deterioran, inmediatamente 
experimentan el efecto con graves enfermedades y a veces con la 
muerte; de cuyos peligros se preservan los que sufren la incomo- 
didad, mientras llegan a algún hato, hacienda o casa, donde to- 
dos generalmente tienen la precaución de sacarla del río en cán- 
taros y vasijas de barro de todos tamaños, poniéndolos al sol que 
la calienta tanto que parece puesta a lumbre de fuego artificial, 
y después se reduce al temperamento del valle y la beben todos 
sin que a ninguno le haga novedad. 

Y vencido este preciso paso, todo lo demás del camino es po- 



- 25 - 

blado de haciendas, estancias, y casas de campo, vestido de flo- 
res , verduras j' árboles de frutas de tierras frías y templadas, y 
en los pueblos, empleada la gente en la labor y cultivo de las tie- 
rras, en el beneficio de las cosechas y en trabajo de los telares de 
tejidos de algodón, de lienzos finos y bastos, medias, gorros, man- 
telerías, pabellones, colchas y otros para el menage de las casas, 
y TucuYos ('*5^ }' camisetas de la gente popular y de servicio; en que 
se distinguen particularmente el de Cayambe, por el páramo que 
tiene el mismo nombre y la situación en una llanura, sin señal al- 
guna de indicio que pueda dar recelo de que sea volcán en ningún 
tiempo ; cubierto siempre de nieve que derrite el sol y desata en 
arroyos que la riegan y fertilizan de abundantes pastos y potre- 
ros para cebar ganados vacuno y ovejuno y mular y caballar, que 
todos engordan en muy breve tiempo por la bondad y substancia 
del agua y de la yerba. Y aquí fué donde murió de enfermedad el 
año de 73 6 Monsieur Couplet, Capitán de Fragata en la Armada 
del Señor Rey Cristianísimo, uno de la Compañía francesa que 
con comisión de la Academia de las Sciencias y permiso del Señor 
Don Felipe V, fué a medir el ecuador y los grados meridionales, 
para averiguar la verdadera figura de la tierra ^^\ '-, 

Y el de San Pablo, por la singularidad del cerrillo que tiene 
al pie el manantial de las preñadillas ^^^\ pececillos de agua dul- 
ce, muy delgada, clara, saludable y de buen gusto, menores que 
las anchovas más pequeñas del Mediterráneo, en tanta abundan- 
cia que poniendo a la boca por donde salen un cesto de totora (^> 
o caña entretcgida como el mimbre, pasa el agua y se llena en 
brevísimo tiempo. Y las indias negras y mulatas del pueblo las 
fríen de diez en diez y las echan en unas ollas grandes o tena- 
juelas medianas, que llaman pondos, con que regalan los curas, 
los tenientes y otros particulares del mismo pueblo a las perso- 
nas de distinción de Quito y de la misma villa; tan apetecibles, 
delicadas y gustosas, que aunque se use de ellas con exceso, no 
se siente que ocupen lugar en los estómagos, y de una calidad 
tan inocente, que las dispensan los médicos a los enfermos de 

4 



— 26 — 

mayor cuidado y a las mujeres más delicadas, criadas con rega- 
lo y recién paridas. 

Y al respecto de las circunstancias de estos dos pueblos, otras 
particulares en los demás de la jurisdicción, que, en los 16 que la 
componen, son: 



1 


Cayambe 


9 


Urcuqui 


2 


Tabacundo 


10 


Tontaqui 


3 


Mira 


11 


Cotacache 


4 


Pimampiro 


12 


San Pablo 


5 


Otavalo 


13 


Quilca Ynta 


6 


Carangui 


14 


Caguasqui 


7 


San Antonio de Carangui 


15 


Lachas, y 


8 


Salinas o Tumbaviro 


16 


Cayapas ("^^^ 



Con lo cual concluyen aquí las descripciones de las provincias 
que comprende la jurisdicción del distrito de la Real Audiencia 
por la banda del Norte, con esta de la villa de Ybarra, que tiene 
por límites en el cielo al Ecuador y en la tierra al confín del Co- 
rregimiento de la ciudad de 



QUITO 



Y con el camino que hemos traído hasta aquí y pasada la dis- 
tancia de las 21 leguas que hay desde la villa de San Miguel de 
Ybarra hasta el confín de este corregimiento, y atravesado el ma- 
yor círculo de la esfera, hemos llegado al llano y egido de Aña- 
quito, donde parece que corresponde la descripción de aquella 
capital; pero habiéndolo hecho en su propio y debido lugar de la 
primera de todas las demás del distrito de la Audiencia, pasa- 
remos a lo largo el discurso, y la pluma al llano de Turubamba, 
de la banda del Sur, donde la primera jurisdicción que se ofre- 
ce a la vista del derrotero que seguimos, es el corregimiento del 
asiento de 



LA TACUNGA Y AMBATO 



Que distan la primera 14 leguas y la segunda 18 de la ciudad 
de Quito ^^\ y yacen en un llano muy espacioso, enfrente de la cor- 
dillera, que la hace de un temperamento más fresco que templa- 
do, a la falda de un monte que la separa de su inmediación y a 
la vista del terrible volcán de Cotopacsí que ha reventado dos ve- 
ces: la primera el año de 698 ^^^\ con tanto estrago que fué ruina 
que la desoló y con tantas desgracias, que después del terremoto 
con que hizo los edificios sepulturas de las tres partes de las cua- 
tro de sus vecindarios, succesiv amenté desató dos torrentes de 
fuego y humo , y todo corriente más que un río , que lo primero 
ocupó el aire y obscureció los horizontes, y lo segundo inundó la 
campaña, arrebató los fragmentos del destrozo y los condujo al 
río de Ataques, y éste al de Pastaza, que se incorporan en el del 
Marañón, a cuyas riberas tienen sus misiones los Padres de la 
Compañía; y viendo pasar tanta multitud de cadáveres, unos en- 
teros y otros hechos pedazos, de ambos sexos, estados, castas y 
edades, ganados y animales de todas especies, piezas de edificios, 
muebles, adornos y menages de iglesias, casas y haciendas, es- 
cribieron cartas pidiendo noticias de los parages por donde hu- 
biese succedido tan trágica scena como la que había representado 
el río, abiertas y rotuladas al primer viviente que se encontrase 
de la provincia de Quito^^-\ Y la segunda, hacia esta ciudad, el 
año de 746, causando en ella y en los pueblos y haciendas de su 
inmediación y la de este asiento una gran mortandad de raciona- 
les y ganados, y pérdidas de vecinos y hacendados de unos y otros 



- 29 — 

partidos, como lo expresaron las relaciones auténticas con que se 
participó la noticia de este fatal acaecimiento a todas partes, que 
aunque no fué tan grande como el del año de 698, fué de bas- 
tante consideración, y más digna de admirarse la facilidad y bre- 
vedad con que, en muy corto tiempo, ha vuelto, en ambas ocasio- 
nes, a repararse y restablecerse, como si no hubiesen pasado por él 
tan desgraciados contratiempos, porque con la fecunda fertilidad 
de las tierras y beneficio de sus frutos, especialmente de las lanas, 
en tantos obrages de las fábricas de paños, pañetes, bayetas, man- 
tas frazadas, colchas, cobijones, ponchos ^^^\ camisetas, medias y 
otras muchas manufacturas de la misma especie, de que hacen 
esta provincia y la que le sigue un gran comercio con las del dis- 
trito y del Perú, de tanta salida, que necesitan tener continuamente 
proveídos los dos almagacenes de Lima, que llaman de los pañe- 
ros DE Quito, el uno de la casa de la Pila, en la calle del Arzobis- 
po, y el otro de la que dicen de Polvos Azules, enfrente de Santo 
Domingo, de donde se proveen las tiendas de un gremio de mer- 
caderes de estos géneros en una calle entera, que por esto se llama 
la de las Mantas. 

Y de todo hacen consumo en coches, calesas, libreas y vestua- 
rios y equipages del común de tantas provincias, que no alcanza 
a poderse vestir de los de la lana de Castilla, y se visten por ca- 
lidad y necesidad de esta que llaman ropa de la tierra. Lo cual 
conduce a la felicidad de éstas de la banda del Sur y a la facili- 
dad que han tenido para repararse de las ruinas de ambos terre- 
motos y rehacerse, con más magnificencia que antes, de los sump- 
tuosos edificios de la Iglesia Mayor, de los conventos de las cua- 
tro Religiones, del colegio y noviciado de la Compañía y de las 
casas, haciendas y obrages de los particulares, excepto el de las 
Carmelitas que se ha quedado y mantiene en Quito, como lo lle- 
vamos dicho en su propia descripción; contribuyendo a estas re- 
edificaciones y las de sus adyacentes, los otros pueblos con el be- 
neficio de sus frutos, obras, labores y manifacturas, como los de 
Quexo y Pelileo, en las fábricas de camas, catres, mesas, baúles, 



- 30 - 

sillas, escritorios, papeleras y escribanías de maderas exquisitas 
y primorosas hechuras, lisas y embutidas a la antigua moda de 
España, y modernamente a la inglesa, por los ejemplares que han 
llevado algunos mercaderes, comprados en las factorías de Pa- 
namá y Portobelo, con rara semejanza a los originales, y inge- 
niosos nuevos secretos que se pueden equivocar con ellos; porque 
en arte de imitar quanto veen, son inmitables los indios de ambos 
pueblos. Y los de Puxilli, en la labor de Jarros, vasos, vasijas y 
utensilios de una tierra muy especial, propia del mismo pueblo, 
de que tiene una continua saca para todas partes con mucha uti- 
lidad por el agradable olor y buen gusto que comunica el barro 
al agua. Y los de Ambato, en las obras de unas roscas de pan^^^ 
tan singulares y exquisitas en color, sabor, blandura y delicadeza 
para tomar chocolate y comer todo género de fruta, que no admi- 
ten comparación con nada de cuanto se ha inventado hasta ahora 
de bizcochos y masas de confitería y tahona en España y en las 
Yndias, y la particularidad de que queriéndolas hacer en otros 
pueblos con las mismas harinas y materiales y en distintos para- 
ges, nunca han podido conseguirlo. 

Y finalmente, que aunque no tiene veneros y lavaderos de oro, 
como las demás, tiene los dos fecundos minerales de piedra sal 
y de azufre, que se atribuyen a la subterránea proximidad de los 
volcanes, y por esto inacabables, que impiden por su naturaleza 
la producción de otros metales, y no son de menor utilidad al Real 
Servicio, porque luego que los primeros fundadores los vieron, 
reconocieron y experimentaron y dieron cuenta al Consejo, se tomó 
la providencia de la construcción de los molinos para la fábrica 
de pólvora de cuenta de S. M., de tan excelente calidad como la 
mejor de España y tan abundante que los Virreyes del Perú la ha- 
cían llevar para la provisión de la Armada del Sur y presidios 
del Callao y de los reinos de Chile y Tierra Firme, hasta que unos 
vecinos particulares y ricos de Lima obtuvieron licencias para 
construir los dos que yacen extramuros de la ciudad, en los ba- 
rrios de Malambo y la Alameda; y con la ocasión de tenerla más 



— 31 - 

a la mano y prompta para cualesquiera urgencias que se pudie- 
sen ofrecer, ahorrar el costo de la conducción y evitar las pérdi- 
das que se experimentaban de llevarla a Guayaquil en botijas 
peruleras, que hacen 24 frascos ordinarios de a 5 quartillos cada 
una, por la gran cuesta de la montaña de San Antonio, donde eran 
muchas las que se quebraban, unas veces por dificultades del ca- 
mino y otras por malicia de los conductores, aprovechándose de 
la munición con el pretexto de los derrames; con cuyas repetidas 
experiencias y conocimiento del daño en menoscabo de la Real 
Hacienda, tomaron los Virreyes el temperamento de comprarla a 
los particulares, dueños de los molinos de Lima, dejando la de 
los de este asiento al cargo de los Oficiales Reales y su producto, 
como una de las ramas de su entrada en la caja real de Quito, 
con lo cual cesó el fraude y no descaeció mucho el consumo y la 
necesidad de tener siempre provisión en los almagacenes para el 
expendio y venta de la que van a buscar de las otras provincias, 
especialmente los mineros para los barrenos de las minas, y otros 
ejercicios; a los cazadores, caminantes y pasageros, a los cabil- 
dos eclesiásticos y seculares en las fiestas de funciones reales 
celebradas de orden de S. M., y pasages y recibimientos de sus 
obispos, presidentes y gobernadores , y a las Religiones en las 
festividades de sus patriarcas fundadores y elecciones de sus 
capítulos, en que los unos y los otros, todos van a competencia 
para no descaecer de los últimos, encargando siempre a los ar- 
tífices el desempeño y la novedad de invenciones y artificios para 
el lucimiento; y son tan ingeniosos que cada día los adelantan y 
tienen la jactancia de que en ninguna parte se pueden hacer me- 
jores fuegos artificiales que los suyos, de que se sigue el benefi- 
cio de la Real Hacienda en este ramo y el concurso de los que van 
por ella; con cuya ocasión logra también el asiento mucha parte 
de la salida de sus efectos (^^ y los 22 pueblos del circuito de su 
corregimiento, que son: 



32 - 



/ 
2 
3 
4 
5 
6 
7 
8 
9 
10 
11 



Mayor de Sicchos 

Menor de Sicchos 

Yuncas o Colorados 

Ysinlibi 

Chisahalo o Toacaro 

Pillaro 

San Phelipe 

Mülahalo 

Alagues 

San Miguel 

Saquisilli 



12 
13 
14 
15 
16 
17 
18 
19 
20 
21 
22 



Puxilli 

Tanicuchi 

Curubamba 

Angamarca 

Pilahalo 

Y zamba 

Queso 

Pelileo 

Quisapincha 

Patate, y 

Santa Rosa de Pilaguin (^> 



Y de éstos, algunos miden y dividen la distancia de las otras 
18 leguas, cumplimiento de las 36 que contiene el llano y apartan 
Quito del corregimiento de 



LA VILLA DE RÍOBAMBA 



Que tiene su situación en el extremo del mismo llano, al pie 
de la sierra, en frente del terrible páramo nevado de Chimborazo, 
que la hace de temperamento más frío que el de la Tacunga, pero 
muy sano, y immediato a un cerro que tiene en la cumbre la lagu- 
na de Colla, que la solía inundar, haciendo muchos daños y se 
han evitado con un desagüe que le han hecho por la espalda a la 
banda del Sur. Es población antigua de la belicosa nación de los 
Indios Puruaes en el tiempo de su gentilidad de quienes también 
la conquistó el Adelantado de Popayán, Sebastián de Venalcázar 
el año de 533, y después la fundó y pobló de españoles Don Die- 
go de Almagro <^^>, compañero deí primer Adelantado y conquista- 
dor Don Francisco Pizarro, tan grande y tan poblada que pudie- 
ra con verdadera propiedad obtener título de ciudad, como las 
dos que confina de Cuenca y Guayaquil, aunque también sujeta 
a los mismos acaecimientos que la Tacunga, porque igualmente 
ha sufrido los mismos estragos y ruinas que aquélla, del volcán 
de Cotopacsí en los años de 698 y 745 ^^ , y el 3." que se dice 
haber repetido después; y del mismo modo haberse reedificado 
con igual facilidad y brevedad y mayores ventajas en la magnifi- 
cencia y sumptuosidad de los templos de su Iglesia Mayor, las de 
los conventos de las cuatro Religiones, colegio de la Compañía, 
monasterio de monjas, y hospital, casas y hacienda de los par- 
ticulares; porque a proporción, aunque es más grande, son mayo- 



- 34 - 

res las conveniencias en las abundancias y cosechas de granos de 
todas especies, ganados de todas suertes, verduras, frutos y fru- 
tas de cuantas calidades y diferencias se pueden ofrecer a la ima- 
ginación, y sobre todo en el beneficio de sus copiosas y finas lanas, 
con el mayor número de obrages ^^^^ con que tiace más considerable- 
mente el comercio, de que hemos hecho relación en la descripción 
antecedente; de que también contribuye el ser tránsito forzoso de 
los tres caminos que señala el Plano de la Demonstración: el uno 
para Quito, Pasto, Popayán y Santa Fee por el páramo de Gua- 
nacas y llanos de Neyba; el otro que llaman del Chasqui o correo 
de Lima, porque es la carrera que corre en las montañas de la 
Serranía por Cuenca, Loxa, Zamora y Yaguarsongo hasta Piura: 
y el otro por la provincia de Chimbo y Alausi y montaña de San 
Antonio, que sube de Guayaquil, puerto y astillero en la costa del 
Mar del Sur, porque como es continuo el tráfico de las demás 
provincias por ésta, son incesantes las ocasiones que se le ofre- 
cen para dar salida a los efectos y frutos de la aplicación y tra- 
bajo de sus labores y de 18 numerosos pueblos de su corregimiento 
que son: 



1 


Calpi 


10 


Pungalá 


2 


Licán 


11 


Licto 


3 


Zaruquíes 


12 


Guano 


4 


San Luis 


13 


¡lapo 


5 


Cajabamba 


14 


Guanando 


6 


San Andrés 


15 


Penipe 


7 


Puny 


16 


Cubigies 


8 


Chambo 


17 


Cevadas, y 


9 


Quimia 


18 


Pallatanga^^^ 



Bien pudiéramos desde aquí seguir la derrota de nuestro in- 
tento por el camino de la sierra que corren los correos hasta lle- 
gar a Piura, término del confín con la Real Audiencia de Lima; 
pero advirtiendo que el paso de los tres que se Juntan en la imme- 



- 35 - 

diación de Ríobamba nos succede por esta banda del Sur con las 
provincias de Chimbo y Guayaquil, lo mismo que por la del Nor- 
te con las de Barbacoas y el Raposo en la de Los Pastos, como 
lo hace visible el Plano de la Demonstración, es igualmente pre- 
ciso escribirlas, antes de tomar el camino de la sierra, empezan- 
do por la del Corregimiento de 



LA CIUDAD DE GUAYAQUIL 



Y respecto a que de esta provincia tenemos hecha más indivi- 
dual y específica descripción que la que corresponde a la mensu- 
ra geográfica de un distrito y de sus poblaciones y distancias, en 
el Compendio histórico que escribimos y dimos a la estampa el 
año de 741 (^'), dedicado a la Magestad del Señor Don Felipe V 
(que goce de Dios) en su Real y Supremo Consejo de las Indias, 
con individual relación de sus partidos, ciudades, pueblos, puer- 
to, ríos, astilleros, frutos y comercios, nos remitimos a él por no 
hacer volumen esta reducida Demonstración, en la cual sólo in- 
cluiremos el número y los nombres de los 28 pueblos que contie- 
nen los siete partidos de su corregimiento, para incluirlos al fin en 
el resumen de las poblaciones que comprende en su jurisdicción 
el distrito de la Real Audiencia, que son: 



1 


En el de la Punta de San- 


10 


Ñausa y 




ta Elena(^'^\ 


11 


Alonche. 


2 


Chongón 


12 


En el de Puerto Viejo ^^^ 


3 


El Morro 


13 


Sari Gregorio 


4 


Colonche, y 


14 


Manta 


5 


Chanduy. 


15 


Monte Christi 


6 


En el de la isla de la 


16 


Pío cara 




Puná^^h 


17 


Charapotó 


7 


Máchala y 


18 


Jipijapa, y 


8 


El Naranjal. 


19 


Pichóla. 


9 


En el de Yaguache <^>: 


20 


En el de Babahoyo ^^\ 





- 37 - 




21 


Oxiba y 


25 


Tonlo. 


22 


Pimocha. 


26 


Y en el de Daule^^\ 


23 


En el de Baba^^h 


27 


Santa Lucía y 


24 


Pasage y 


28 


El Balsar ^^^ 



Y que conduce mucho a la prosperidad y felicidad de esta 
provincia y de sus pueblos, como a todas las demás del distrito, 
el comercio marítimo que tienen por su puerto con los del Perú y 
los de los valles que llaman intermedios, por la banda del Sur; y 
por la del Norte, con los de Barbacoas, El Chocó, Panamá, y los 
de su Jurisdicción en Tierra Firme, y los del Realejo y Sonsonate 
en la provincia de Guatemala que denominan de la otra costa, de 
cuya entidad y diferencias de los géneros y trasportes de cada 
uno hicimos específica individualidad en el capítulo 2." del Com- 
pendio; y aquí, que por esta vía se abastecen todas de cuanto ne- 
cesitan para su subsistencia, comodidad, regalo, esplendor y lu- 
cimiento, y mejorar y adelantar las calidades y condiciones de los 
efectos que son productos de sus territorios; y que unos y otros se 
trafican por esta vía, y los que conducen para su provisión y se 
desembarcan en el puerto, navegan el río en las balsas de que 
también hicimos expresión en aquel tratado ^''^\ hasta las orillas 
del partido y pueblo de Babahoyo, donde están las bodegas del 
Rey y copiosas providencias de particulares y prevenciones de 
víveres, aperos, bagages de silla y de carga, arrieros y peones 
vaquianos del camino, que en pasando las dos jornadas del pue- 
blo de Oxiba y de los pasages de los dos ríos Jilea y Caluma, 
que se desgajan del páramo de Chimborazo, llegan al pie de la 
montaña de San Antonio, jurisdicción del corregimiento de la pro- 
vincia y asiento de 



CHIMBO Y ALAUSY 



Donde, supuesta la precisa estación del verano en los seis me- 
ses de Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto y Septiembre, cesan las 
lluvias, se descubren los horizontes, se aclara el meridiano, ba- 
jan los ríos y se abre la montaña que desde el mes de Octubre 
hasta entonces se mantiene obscurecida, inundada, cerrada y 
innacesible a la subida para los pasages y las conducciones, y se 
hace transitable en esta sazón, enviando primero peones vaquia- 
nos del monte que abran el camino de la gran cuesta de San An- 
tonio, que poco antes de llegar a la mitad hace escala un pequeño 
placer capaz de dar descanso a los pasageros y a las caballerias; 
de donde volviendo los ojos a veer desde allí las ciudades, el puer- 
to, las embarcaciones los ríos y los pueblos, no se distinguen nada, 
porque se interponen entre estos objetos y la vista los celajes que 
levantan los ríos y el vapor de la misma montaña; de suerte que 
los que lo veen la primera vez, se persuaden a que no pueden ba- 
jar sin pisar por encima de las nubes, cuya Jrecuente equivocación 
explica bastantemente la elevación de su altura. 

Y vencida ésta y la segunda de más dilatado trámite, hasta 
subir a la cumbre y salir al pueblo de Guaranda, anejo de los dos 
principales de Chimbo y Alausy, que demoran a la falda de Chim- 
borazo , como lo señala la Demonstración, en aquel llano donde 
dejamos situadas y expresadas las dos provincias de la Tacunga 
y Ríobamba, con las cuales confina ésta. Y se proveen sus pue- 
blos de todo cuanto necesitan para su subsistencia y avíos para 
aperar requas y caballerías de silla y de carga para el tráfico de 



- 39 - 

la montaña, que en la utilidad de lo que ganan en los seis meses 
con las conducciones y pasages en todos los viajes de ida y vuelta, 
incesantemente reportan conveniencia para el resto del año hasta 
otro verano, y en algunos intervalos, que llaman entretiempos, por- 
que los inviernos no son tan rigorosos, ni las lluvias tan copiosas 
y por consecuencia tan altas las crecientes délos rios, logran las 
ocasiones y las aprovechan, valiéndose del práctico conocimiento 
que tienen de la montaña y de sus atajos, y proporción que tienen 
con la situación al umbral de su entrada, los 12 pueblos de este 
corregimiento, que son: 



1 


Chimbo 


7 


San Miguel 


2 


Alausy 


8 


Asancoto 


3 


Guaranda 


9 


Chapacoto 


4 


Guanujo 


10 


Chumbe 


5 


Tomavelas 


11 


Guasuntos 


6 


San Lorenzo 


12 


Mollepongo (^'^ 



Y despidiendo desde el tercero los vagages que han servido al 
trabajoso y penoso tránsito de la montaña, se toman otros, ejerci- 
tados en la tierra más llana del camino que dirige a Riobamba, 
donde se dividen los tres que dejamos expresados, cuando nos se- 
paramos para seguir éste y hacer las descripciones de estas dos 
provincias de Chimbo y Guayaquil, comprehendidas como las de- 
más en el distrito de la jurisdicción de la Audiencia; el segundo, 
el que toman los que llevan destino a Quito por Ambato y la Ta- 
cunga, y el tercero, el de la sierra, que siguen los chasquis y los 
particulares que tienen necesidad de hacer viages a Lima o a los 
valles y provincias del Perú, y no pueden hacerlos por Guayaquil, 
si está cerrada la montaña, urge la necesidad, o concurre otro in- 
conveniente; el cual seguiremos también con nuestro intento, hasta 
llegar al confín que buscamos, ascendiendo por 24 leguas de se- 
rranía y montaña, desde el término de Riobamba al de la juris- 
dicción del corregimiento de 



LA CIUDAD DE CUENCA 



Que dista 60 leguas de la de Quito y fundó Gil Ramírez Da- 
valas el año de 1557 (^2)^ en un llano muy ameno y delicioso que 
llaman valle de Yungttilla, en el centro de la misma sierra, y tie- 
ne seis leguas y media de largo y otro tanto de ancho con muy 
poca diferencia, en cuadro regular y de calles iguales, a tiro de 
cordel que hacen una bella vistosa planta, en que se hace veer el 
buen orden y concierto de la arquitectura civil en las fábricas de 
los edificios de los templos y de las casas, y sobresalen las torres 
y chapiteles de los primeros de la Iglesia Mayor del título de San 
Blas; de otras cuatro parroquias; siete conventos de Religiones, 
los cinco de los institutos de Santo Domingo, San Francisco, San 
Agustín, San Pedro Nolasco y San Ignacio de Loyola, y los dos 
de religiosas de la Concepción y Santa Teresa; y un sumptuoso 
magnífico hospital de San fuan de Dios, en que compiten con las 
curaciones y asistencias de los enfermos, el cuidado, el aseo y la 
limpieza. Y de todo forma una hermosa perspectiva que es re- 
creo desde afuera, y dentro de la estendida población del nume- 
roso vecindario de la Ciudad, que goza de un clima muy templa- 
do, de unos aires muy favorables y benignos y de un temperamento 
tan saludable que parece no estar sujeto a los accidentes que los 
demás, porque no tiene memoria de haber experimentado intem- 
peries y epidemias, y lo califica el copioso número de viejos, los 
apacibles aspectos y finos colores de las mujeres, la robustez y 
sanidad de los mozos; pero unos y otros de genios cavilosos y be- 
licosos, por cuyas condiciones los distinguen en las demás pro- 



— 41 - 

V indas y en las de los valles del Perú con el renombre de Morla- 
cos; de que pudiéramos referir muchos exemplares que omitimos, 
porque nd es historia nuestro asumpto, sino demonstracción y 
mensura de distancias y caminos y situaciones de pueblos, mon- 
tes y ríos, y así sólo hacemos recuerdo, por más moderno caso y 
más público, el de la lastimosa muerte que en día de toros y en 
tiempo de nuestro succesor y sin razón alguna, le dieron en la 
plaza a Monsieur Señergui, uno de los de la Compañía francesa 
de la Academia de París, que fueron, con permiso del Señor Don 
Felipe V, a medir el ecuador ^'^^^. 

Y siguiendo el hilo de nuestra descripción, decimos que cuatro 
caudalosos ríos ^^^^ que descienden al valle de las cumbres neva- 
das de los altos montes de la cordillera, le riegan y le fertilizan 
para el cultivo y la producción de todo cuanto puede discurrir el 
pensamiento y inventar el apetito, útil a la conservación de la vida 
humana y de lisonja al gusto en carnes y aves de todas especies, 
granos, menestras, verduras, flores, frutas, yerbas, plantas y raí- 
ces comestibles y medicinales; de suerte que de todo abunda y de 
nada carece, sino de vino, aceite, seda y lienzos, no porque no 
tenga muchos sitios y tierras apropósito para viñas, olivares, 
moreras y linares, sino por estar reservado el beneficio de los dos 
primeros a los valles de las costas de los dos reinos del Perú y 
Chile, y los dos últimos al comercio de las armadas de galeones 
y registros de España, sin que tampoco les hagan falta para te- 
nerlos con la misma abundancia por Payta y Guayaquil en el cam- 
bio de los frutos con que los abastece de toda especie de granos, 
semillas, harinas, azúcar, jamones, quesos, legumbres de gar- 
banzos, fríjoles, quinoa y lentejas; dulces de todo género de fru- 
tas confitadas y en conservas; sin que este producto sea el ramo 
de la mayor substancia y utilidad de su comercio, ni la facilidad 
de poderlo engrandecer con las labores de los minerales que tiene 
en los cerros de su immediación de oro, plata, cobre, azogue y 
piedra azufre, por falta de operarios y no darse maña de llevar 
esclavos para trabajarlas, como en Popayán, Pasto, El Chocó y 

6 



- 42 - 

Barbacoas, cuidando sólo del beneficio de los frutos y de la ma- 
yor utilidad que tiene en él de las lanas con las fábricas de al- 
fombras, paños (que llaman de Corte.), semejantes a los tapices, 
reposteros y otros diferentes muebles y tejidos de todas suertes, 
con extraordinaria permanencia en la labor y en la fineza de los 
colores; y más particularmente en el de corambres, dándolas el 
curtido con tanta habilidad y destreza que las ponen poco me- 
nos dóciles que el ante, y de ellas hacen primorosas cubiertas de 
baúles, petacas, cajas, que llaman de costura, para los estrados, 
asientos y espaldares de sillas y taburetes labrados y dorados 
con varias figuras, de que hace la mayor utilidad de su comercio; 
porque, desde Popayán hasta Lima, todas las casas de alguna 
distinción se ven adornadas con estos menajes de sus labores y 
manifacturas. 

No tiene más que ocho pueblos, que son: 



1 


Azogues 


5 


Cañaribamba 


2 


Atuncañar 


6 


El Espíritu Santo 


3 


Jirón 


7 


Gualaceo 


4 


Paccha 


8 


Paute y Delec (^^^ 



Que cualquiera por sus poblaciones pudiera ser villa con más 
razón que las de Ybarra y Ríobamba, como se infiere de los pro- 
ventos que gozan sus curas beneficiados, pues al de Azogues se le 
regulan, como al de San Blas de la Iglesia Mayor de la Ciudad, 
de 10 a 119 pesos en cada un año; al de Atuncañar y Paccha a 80; 
y a este respecto, a las demás; que es la razón por qué el que coge 
una prebenda de éstas, no apetece otra ninguna de Catedral, que 
tenga campana y coro, ni obispado de los muchos que hay en In- 
dias, con mucha menos renta que la de los curatos de Cuenca, 
donde uno que lo era de la parroquia de San Sebastián, teólogo, 
docto, erudito y discreto. Doctor Donjuán de la Vega Bernardo de 
Quirós ^'^^\ intentó ingeniosamente confundir nuestra geografía y 
persuadirnos a que el Todopoderoso, al tiempo de las maravillas 



- 43 — 

de la creación, había puesto el Paraíso en el Occidente, fundán- 
dose en las singularidades del temperamento, fertilidad, abun- 
dancia, riqueza y otras felicidades de su delicioso valle de Yun- 
guilla, que es lo que a tos naturales los hace desvanecidos y más 
belicosos que a los de Popayán y Pasto. Con lo cual damos el 
linde del corregimiento con el primero de la jurisdicción de 



LA CIUDAD DE LOXA 



Que fundó Alonso de Mercadillo c^^^ en lo más interior de los 
montes de la serranía el año de 546, en otro espacioso valle como 
el de Yunguilla, llamado Cucibamha, distante 20 leguas de la 
ciudad de Cuenca y 80 de la de Quito, con dos parroquias, tres 
conventos de religiosos, uno de monjas, un colegio de la Compa- 
ñía y un hospital entre dos ríos que bajan divididos de las mon- 
tañas nevadas de la cordillera y le riegan y fertilizan, como al 
otro los cuatro; y después se unen en un paso a la mitad del ca- 
mino, que por esta conjunción le llaman de las juntas, y goza tam- 
bién de igual felicidad en la bondad del temperamento y en la 
fertilidad del terreno, y coge iguales cosechas de frutos de las 
mismas especies; pero con una diferencia de que después de lo 
que consume en el gasto y gusto de la manutención de su vecinda- 
rio y de los pueblos de su Jurisdicción, es mucho lo que le sobra 
y desperdicia de vetuallas y frutas que se llevan los ríos, por las 
sierras de Angamarca, hasta salir al mar por el puerto de Guaya- 
quil, por no haber gente bastante para el consumo y para el bene- 
ficio de lo demás; pues aunque hay mucha y de las mismas cali- 
dades y condición que los de Cuenca, con la immediación de la 
vecindad y igualdad con que pueden influir el clima y las conste- 
laciones de un mismo meridiano, era necesario que tuviese otra 
tanta que aún no sería bastante para acudir a todo, por lo cual 
pone toda la aplicación y el trabajo a lo más preciso y de mayor 
adelantamiento, como la labor de la mina de oro del pueblo de 
Zaruma, muy pingüe; pero de tan baja ley (^^^ que no pasa de 14 



- 45 - 

quilates, y por esto a vista de los otros minerales no tiene la mis- 
ma estimación en el comercio, aun al precio correspondiente a su 
bajeza, y se convierte todo en alhajas de cajas de tabaco, hebi" 
lias, cadenas, rosarios, espadines y otras de adornos mujeriles; 
porque como es más barato y al fin es oro, se hace tan común que 
es muy raro y es menester que sea muy desvalido el español que 
las use de otro metal. Y los demás efectos son las crías de gana- 
do mular y caballar, con que provee a los hacendados y dueños 
de recuas, calesas y literas de los valles hasta Lima; las copio- 
sas cosechas de grana silvestre, que llaman cochinilla ^^^'^, para el 
color rojo en el tinte y beneficio de las lanas de que también hace 
alfombras y tegidos, como en Cuenca; y finalmente, sobre todo, el 
de los árboles de la quina ^^\ que vulgarmente llaman cascarilla 
DE LOXA. Y los montes que la producen, empiezan diez leguas an- 
tes de llegara Cucibamba y siguen hasta la gobernación de Ya- 
guarsongo, distrito de la provincia de Jaén de Bracamoros, sien- 
do éste el más fuerte renglón de su comercio, porque se reparte a 
todas partes de la América y de la Europa por la excelente caW 
dad de ser específico contra las calenturas tercianas, de que ya 
tenían los indios uso y conocimiento desde el tiempo de su genti- 
lidad, y la tomaban poniendo en una vasija de metal, totuma^^^^ o 
barro, del tamaño de una taza regular de tomar caldo, zumo de 
naranjas agrias hasta llenarla, echándole luego la dosis del peso 
de un caracolillo (que es lo mismo que el de un real de plata de 
nuestra moneda) del polvo de la cascarilla, tan molido como el 
tabaco, dejándolo estaren infusión hasta la hora de entrar el frío, 
que la tomaban y experimentaban que indefectiblemente era re- 
medio febrífugo; cuya composición han mejorado después nues- 
tros físicos españoles haciéndola más suave y con el mismo efecto 
poniendo en cualquier vasija dos tazas de agua con un puño de 
borraja y el agrio de dos naranjas (si son pequeñas, tres) hacién- 
dolo hervir hasta que quede en la mitad, que se cuela y esprime 
y se le echa el mismo peso de cascarilla y un terroncíllo de azú- 
car, dejándolo al sereno , y tomándolo por la mañana en el día 



- 46 - 

intermedio, y si es doble, antes de entrar el frío; y a la tercera vez 
causa indefectiblemente el mismo efecto, como lo tenemos expe- 
rimentado en nosotros y en innumerables personas a quienes he- 
mos comunicado esta indiana receta; y si no le hace, no es por 
defecto de la composición sino del específico, porque en éste pue- 
de haber la diferencia de que cuando se desprende del tronco y de 
las ramas del árbol, si le dejan hasta que se caiga, se abre con 
la humedad, le desecan el sol y el aire, y se pone blanquizco y 
pierde la virtud, de suerte que antes es nocivo que provechoso; 
pero si antes que se caiga, se cogen indios negros jornaleros que 
le recojan, pagándoles a dos reales al día y la ponen a cubierto, 
para que por sí se enjugue, se tuerce por sí mismo y hace cañutos 
como la canela, quedando colorado por adentro y con su natural 
virtud, cuyo reconocimiento y especulación no se puede hacer don- 
de nace, porque se compra empaquetada, por estilo corriente del 
comercio, en petacas de cuero de a 6 y 7 arrobas, en que por no 
perder fruto los dueños, mezclan la mala con la buena para dar- 
le salida a toda, aunque sean con alguna baja en el concierto de 
la venta por el beneficio del todo; y sólo en los puertos de la ban- 
da del Norte, cuando se embarca para Europa, se puede hacer; 
y nadie como los ingleses, a quienes hemos visto en las factorías 
de sus asientos en Portobelo y en Cartagena, zarandearla para 
que despida el polvo que cría en la tierra caliente y la consume 
separando la buena para los remedios y apartando la que no lo 
es para aprovecharla únicamente en los tejidos de lana, dando 
cuerpo a los tintes de medios colores, en cuya conformidad corre 
generalmente en el comercio público, y sólo en España hemos vis- 
to en el Ministerio del Señor Marqués de la Ensenada traer una 
gruesa partida igual, electa y escogida para la botica de la Casa 
Real el año de 52 en los navios de guerra «-La Europa^ y ^La 
Castillay>, del cargo del Jefe de escuadra Don Francisco de Oroz- 
co y del capitán de navio Don Antonio de Aguí r re. 

Y súplasenos esta digresión de Botánica, que parece extraña 
de nuestro intento, y no lo es porque conduce a hacer ver el inte- 



47 



res que reporta en esta provincia el comercio de este fruto sin el 
trabajo de cultivarle, asi la ciudad como los catorce pueblos de 
la jurisdicción de su corregimiento, que son: 



1 


Saraguro y Oña 


8 


Zororanga 


2 


San Juan del Valle 


9 


Dominguillo 


3 


Zaruma 


10 


Catacocha 


4 


Yuluc 


11 


Malacatos 


5 


Guanchanamá 


12 


San Pedro del Valle 


6 


Gonzanamá 


13 


San Lucas de Ambocas, p 


7 


Cariamanga 


14 


El Cisne ^^'^^ 



Con lo cual nos hemos puesto en el término del distrito de la 
Audiencia por la banda del Sur, con la gobernación de Yaguar- 
songo, parte del gobierno de la provincia de 



JAÉN DE BRACAMOROS 



Fundación y población de Diego Palomino ^^^\ en el valle de 
Chuquimayo <^> el año de 549, distante 60 leguas de la ciudad 
de Loja y 150 de la de Quito, rodeada de varios montes que son 
minerales de oro de mejor ley que el de Zaruma, y comercia con el 
tráfago y paso preciso de la sitrra con los valles, y al contrario, 
de los valles con la sierra, en el tragino de lo que entra y sale y 
pasa por el pueblo de Las Caballerizas, del partido de Yaguar- 
songo <^^ anexo de la jurisdicción de este gobierno, donde rema- 
tan y se acaban los montes de la quina o cascarilla de loxa, que 
según lo que llevamos visto y medido, desde 10 leguas antes de 
llegar al valle de Cucibamba, ocupan de frente 70 Norte-Sur y 
de fondo sin medida del Este-Oeste, la distancia que hay desde 
aquí hasta las inaccesibles montañas de la cordillera general, 
que sirven de barreras y barrancas a las riberas del Marañón; de 
suerte que aunque se esté sacando, como hasta ahora, en los si- 
glos que quedan por lo porvenir, siempre sobrará mucha leña de 
los árboles de aquel fruto para cebar la llama del último fuego 
elemental que ha de venir a reducir a ceniza el mundo; cuya inte- 
ligencia quería tener averiguada y sabida el Señor Don Josseph 
Patino y las de los frutos de oro, plata, vicuña, cacao, tintas y 
bálsamos de los demás reinos y provincias, y lo que cada una se 
apartaba de las costas de los dos mares, del Norte y del Sur, para 
practicar con este conocimiento las providencias acordadas en la 
Junta de los años de 26, 27 y 28, reservadas a su inteligencia y 
a la del Señor Don Felipe V, y diferidas hasta el de 744, en que 



- 49 - 

se cumplían los 30 de las condiciones estipuladas el de 714 en los 
tratados de la paz de Utrech, con el único y importante objeto de 
hacer útiles todos los efectos y frutos de la Monarquía Indiana al 
provecho y usufructo de su dueño, la Monarquía Católica Euro- 
pea; lo cual no pudo tener efecto por la anticipada muerte de aquel 
ministro en San Ildefonso el día 3 de Noviembre del de 736 (^^). 
)' dejando este paréntesis en el estado que lo puso el tiempo, y si- 
guiendo con el CHASQUI la carrera que lleva para llegar al término 
de su destino, baja de la sierra por la cuesta de la Gobernación 
de Yaguarsongo, dejando en ella las poblaciones de las tres ciu- 
dades 



1 


Valladolid 




y los dos pueblos de 


2 


Loyola, y 


1 


Las Caballerizas 


3 


Zamora 


2 


Santiago de las Montañas (S'^ 



Y entrando en el valle de Piura, corre 20 leguas de tierra llana 
y llega a la ciudad de San Miguel, que tiene el blasón de ser la 
primera que fundó en aquel vasto dominio su insigne Adelantado 
y conquistador Pizarro, el año de 532 ^^'^^, donde le succede al co- 
rreo de Quito con el de Lima lo mismo que con el de Santa Fee 
en Popayán, que el primero que llega espera al otro, y luego que 
se juntan, truecan las cargas de las correspondencias, encomien- 
das y encargos de los Virreyes y de los particulares, bajo de la 
mutua cuenta y razón de lo que cada uno entrega por memorias 
firmadas del teniente del correo mayor de Lima. Y concluida la 
diligencia, vuelven inmediatamente a partir por los mismos cami- 
nos que han llevado, el uno por el de los valles del Perú y el otro 
por el de la Sierra, con quien nos es preciso volver, porque se nos 
han quedado al Oriente extraviados de la carrera que hemos se- 
guido, los otros dos gobiernos de la jurisdicción de la Audiencia, 
desviados de las veredas de los fres caminos que se juntan, y se 
dividen en el distrito y immediación de la villa de Ríobamba, que 
son Quixos y Maceas y 

7 



XÍBAROS y MAYNAS 



Que conquistó y fundó Don Diego Vaca de Vega, vecino ha- 
cendado y encomendadero de la ciudad de Loxa, el año de 617 , 
en virtud de capitulaciones estipuladas con el Virrey del Perú, 
Don Francisco de Borja y Aragón, Príncipe de Squilache, con la 
condición de la perpetuidad del gobierno de lo que conquistase 
para sí y para sus succesores (^), que a consulta y informe del 
mismo Virrey, aprobó y confirmó el Consejo. Y con estas faculta- 
des hizo la entrada, conquistó la provincia, la redujo a cristian- 
dad y policía, y para capital del distrito fundó la ciudad de Bor- 
ja (^^ dándole este nombre en obsequio del Virrey que le había 
concedido y llevado la confirmación de la conquista, pariente muy 
immediato del Santo de este nombre, tercer General de la Compa- 
ñía (^'\* situándola en el paraje que señala el plano de la Demons- 
TRAcióN, para dar mejor y más fácil entrada a los misioneros del 
colegio de Quito, destinados a las reducciones y conversión de la 
immensa gentilidad de las orillas del Marañón, donde se ei playa 
el río, fuera de aquel peligroso y horroroso paso, que señala el 
plano, del estrecho del Pongo ^^2) (que en indiano idioma quiere de- 
cir puerta) de tres leguas de largo y 25 varas de ancho, con tan 
arrebatado curso de su precipitada corriente que se navegan en un 
cuarto de hora, y con tan estrepitoso ruido de los choques del agua 
en las peñas de su angostura, que necesitan los que se entregan a 
tan arriesgado pasage a no poner la vista en el río y llevar tapa- 
dos los oídos con algodón para no quedar sordos por algunos días; 
y assí son más regulares las entradas por esta vía que sólo con- 



— 51 — 

duce a este fin, y no tiene otros frutos que maíz, plátanos y mi- 
nas de oro, sin trabajo ni labor, ni más pueblos que los de 

La Ciudad de Borja 
Maynas y 
Xíbaros (93). 

Que propenden mucho generalmente a la ociosidad y se man- 
tienen de lo que adquieren con facilidad de los otros pueblos de 
Jaén y Loja. 

Y finalmente, ya en las cercanías de Quito [se halla] el Go- 
bierno de 



QU/XOS V MACCAS 



Que es un gobierno muy infeliz (^>, porque aunque está tan im- 
mediato de Quito, es en lo más áspero, cerrado y fragoso de la 
montaña que se puede ponderar, de donde se desgajan varios ríos 
que todos caen a las orillas del Marañan, por lo cual rara vez 
han visitado los gobernadores su Jurisdicción, que por lo regular 
lo es siempre algún vecino de Quito, por la corta utilidad del sa- 
lario, que no le apetecería ninguno con la precisa calidad de re- 
sidir en él, y assí hace su residencia en esta capital, y sólo va 
cuando hay alguna novedad entre los indios de los pocos, cortos 
y distantes pueblos de su distrito, o se lo mandan la Audiencia o 
el Presidente, por alguna ocurrencia que se le ofrezca del Real 
Servicio o providencia del buen gobierno, como la de dar escoltas 
y ausilios a los misioneros de la Compañía que suben y bajan a 
pie, con indecible trabajo, a las reducciones que tiene en las ribe- 
ras de los dos ríos, el Ñapo y el Marañón, y la comunicación por 
el medio de los curas y tenientes que pone el Gobernador en cada 
pueblo, para la correspondencia con el colegio y con el particular 
procurador de las misiones, al fin de las noticias, remisiones y 
conducta de los socorros que continuamente piden, necesitan y 
logran oportunamente por esta vía, más bien que los de las otras 
reducciones por la de Maynas, respecto de estar más cerca, y dis- 
tantes del Pongo más de 70 leguas, y para el tal cual descanso, 
las tres ciudades de 



53 



Baeza 

Archidona 

Avila de los Cofanes 



Y los pueblos de 
Quijos 
Atunquijos 
Yumbos 
Maceas (^> 



Qjue las primeras no merecen tales nombres, ni aún los de los 
pueblos más miserables de las provincias que hemos visto. 

Y de los de ésta, entre los dos primeros, están los de los ca- 
nelos que verdaderamente son de esta especie, pero tan silvestre, 
áspera y inculta que no se puede aplicar a ningún uso, como lo 
reconocimos en extracto hecho por el alambique; y que si se cul- 
tivase Y beneficiase, como lo practican en la campaña de Asia los 
holandeses y los naturales de la isla de Ceilán, pudiera ser que 
fuese como aquélla ^^\ Y los otros de los Yumbos y Maceas son 
de una condición tan torpe y incapaz de racionalidad para redu- 
cirlos a cristiandad y policía que parece imposible, por más que 
trabajan los curas y doctrineros para conseguirlo ^^^ y que son 
monstruos de tercera especie entre los racionales y los brutos, y 
por ésto de mérito muy recomendable a los que viven desterrados 
del trato civil humano de otras gentes en los beneficios curados 
de aquellas incultas soledades, para ser brevemente promovidos 
a otros de mejor sociedad y más descanso. 

Y el de Maceas ^^^^ tiene delante el terrible volcán que partici- 
pa de su nombre y continuamente está respirando fuego y humo 
que ocupan el aire y apagan la luz del sol; y aunque no le hemos 
visto y está tan distante de Quito, en el parage que señala la 
Demonstración , hemos oido desde aquella ciudad con el viento 
por el Leste (sic) y el silencio de la noche diferentes veces sus 
bramidos y los golpes de la interior guerra que tiene en su centro 
como de batería que está en operación de larga distancia y se co- 
noce por el ruido. 

Con lo cual hemos concluido las carreras de los tres caminos 
y nos hallamos de vuelta otra vez en la principal ciudad de San 



54 



Francisco, donde es consiguiente que hagamos, en breve epílogo, 
un resumen de lo que hemos visto. 

RESUMEN 





Gobiernos. 




Ciudades. Pueblos. 


2 
3 

4 

5 


Popayán 

Pasto 

Jaén 

Maynas 

Quixos 


1 

2 

3 

4 

5 

6 

7 

8 

9 

10 

11 

12 

13 

14 


Quito 28 

Popayán 

Barbacoas 5 

Pasto 33 

Guayaquil .... 27 

Cuenca 8 

Loxa 13 

Jaén 2 

Borja 2 

Baeza 

Archidona 4 

Avila 

Valladolid. ... 2 
Zamora 


Corregimientos. 


1 

2 
3 

4 
5 
6 

7 
8 


Quito 

Villa de Ybarra 

La Tacunga 

Ríobamba 

Guayaquil 

Chimbo 

Cuenca 

Loxa 


1 
2 
3 


Villas. 

Ybarra 16 

Ambato 6 

Ríobamba .... 18 


1 
2 


Asientos. 

Tacunga 16 

Chimbo // 


191 



Que en suma son cinco Gobiernos, ocho corregimientos, catorce 
ciudades, tres villas, dos asientos y 191 pueblos; pero por este 



- 55 - 

cómputo no se puede hacer cabal concepto de la población, porque 
faltan las parroquias de las ciudades que no son 14, como parece, 
sino 33, porque la de Quito tiene ocho con los dos curas rectores 
del Sagrario de su Catedral y las seis de los barrios; Popayán, 
cuatro; Cuenca, cinco; y Loxa, dos; que son 224 pilas baptis- 
males y otros tantos curas beneficiados, para la enseñanza de 
doctrina cristiana y administración de Sacramentos y para el 
tanteo prudencial estimativo de lo que impende la Real Hacienda 
en los sínodos y estipendios que se pagan del ramo de tributos y 
tienen su anual situación en las cajas de Quito, con la razón de 
los que goza cada cura, según los pueblos; faltan las capellanías 
de los monasterios de monjas, las de los hospitales, y las sacris- 
tías que son: 



Capellanes de Monjas. 


Capellanes de Hospitales. 


Sacristías. 


Concepción de Quito 


El de Quito 


Catedral de Quito 


Santa Clara de Quito 


El de Ybarra 


Pasto 


Santa Teresa de Quito 


El de Riobamba 


Guayaquil 


Santa Teresa de Tacunga 


El de Cuenca 


Cuenca 


Concepción de Ríobamba 


El de Pasto 


Loxa 


Concepción de Cuenca 


El de Loxa 


Ríobamba 


Santa Teresa de Cuenca 


El de Cañaribamba 


Arcfiidona 


Concepción de Loxa 




Baeza 


Concepción de Ybarra 




Ávila, Y 


Concepción de Pasto 




Maceas 



Con advertencia que las cuatro sacristías últimas las sirven 
seculares pobres inválidos, porque no hay clérigos que las quieran 
y todos gozan y cobran los estipendios de la Real Caja, como lle- 
vamos dicho, en virtud de presentaciones de los Presidentes como 
administradores de la singular y sagrada regalía del Patronazgo, 
que siendo de tan continua repetida provisión es también resbala- 
diza ocasión próxima que necesita especial concurso y auxilios 
de Dios para que no se les resbalen los pies del juicio y de la 
conciencia, en el uso de la administración, a los que la ejercen. 



REAL HACIENDA 



V habiendo focado, aunque tan de paso, a uno de los ramos 
de la entrada de la Real Haciéfida en la caja de Quito, y el más 
pingue que es el de los tributos, y de tina de las partes de su 
aplicación a los sínodos y estipendios de los curas, de los cape- 
llanes de monjas, hospitales y sacristías, y las demás a los 
salarios del Fiscal Protector y de los Corregidores, reedifica- 
ciones y reparos de las iglesias de los pueblos, gastos de cera y 
papel para los monumentos dé Semana Santa, y de remunera- 
ciones, revisitas y cartas cuentas, y los residuos, antes en enco- 
miendas de dos vidas de particulares de estos y de aquellos Rei- 
nos hasta el año de 719 en que se extinguieron y agregaron a la 
Corona, y después en pensiones de señaladas cantidades, que ha 
venido a ser lo mismo; no será extraño de nuestro asumpto diga- 
mos aquí que éste y los demás ramos de la Real Hacienda que 
componen la gruesa de su entrada en las Cajas Reales, son: 



DERECHOS REALES 



Alcabalas 

Almojarifazgos 

Sisa y unión de armas 

Tributos 

Hacienda Real 

Comisos 

Azogue 

Décimo de oro y plata 

Oficios vendibles y renun- 

ciables 
Novenos de diezmos 



Mesada eclesiástica 

Vacantes y expolios 

Media Anata 

Papel Sellado 

Condenaciones 

Naypes 

Tabaco 

Agua ardiente 

Composición de pulperías 

Pólvora de la Tacunga 

Bodegas de Babahoyo 



Y que del todo de lo que fructifican, se pagan los salarios de 
la Audiencia y de sus dependientes; los de los Oficiales Reales y 
subalternos de la Caja; las remesas y conducciones de los situados 
annuales de 30365 pesos para el presidio de Cartagena; 120 
para el de Santa Marta, y en estos modernos años el de Mara- 
caybo; los sínodos y estipendios de los curas y sacristanes de las 
iglesias y capellanes de los monasterios y hospitales y pensiones 
asignadas por S. M. a los particulares de estos y de aquellos 
reinos, en el residuo de vacantes de tributos; y más puntualmente 
con el aumento que dimos en nuestro tiempo a la recaudación de 
un millón y 200000 pesos de deudas atrasadas cuyas omisiones 
y esperas eran negociaciones con los deudores y utilidad de los 
Oficiales Reales f y 32000 en el ramo de tributos con el descubri- 

8 



- 58 - 

miento de indios existentes que se daban en las cartas cuentas por 
muertos y ausentes; y sobras de caudal para cumplir con estas y 
las demás cargas y pensiones de la Caja, como las funciones y 
festividades del Misterio de la Concepción en la Catedral, de la 
commemoración de la batalla de Lepanto en Santo Domingo, 
honras de los soldados difuntos que murieron en la primera guerra 
del principio de este siglo por dotación especial del Señor Don 
Felipe V y libramientos extraordinarios de S. M. y de los Virreyes 
antes del del Perú y después del del Nuevo Reino de Granada ^^\ 



CONCLUSIÓN 



Con lo cual queda demonstrado el distrito de la Audiencia de 
Quito, las provincias, gobiernos y corregimientos que comprende 
su jurisdicción; las ciudades, villas y asientos y pueblos que 
ocupan los territorios de cada uno en particular; los caminos, 
distancias y veredas que conducen a sus establecimientos y resi- 
dencias; los montes, valles, cerros, montañas y ríos, con la dis- 
tinción de los que son páramos y volcanes, y sus situaciones; los 
climas, temperamentos, tierras, fertilidades y abundancias de 
los frutos que producen; los tratos, contratos y negociaciones de 
sus comercios, y las vías por donde se comunican y corresponden; 
los derechos que contribuyen a la Real Hacienda, y las cargas, 
consignaciones y pensiones en que se reparten y convierten sus 
productos. 

Y de las descripciones de estos objetos y del Plano demons- 

TRACTIVO GEOGRÁFiCO Y HIDROGRÁFICO, qUC Vü pOr CabCZa, SC pUCdC 

venir al conocimiento de que es una provincia compuesta de mu- 
chas que forman la dilatada extensión de un reino de los más 
grandes de las Indias, y que en aquel giro que poseen y trafican 
los españoles, desde Cartaxena por el río grande de la Magda- 
lena, llanos de Neyba. caminos de sierra desde el páramo de 
Guanacas hasta Jaén de Bracamoros, valles del Perú, desde 
Piura hasta Lima, y siguiendo al Sur la carrera del tercer correo 
del gobierno de aquel virreinato que llaman de la costa, porque 
corre, como el de Quito, siempre a las orillas del Mar Pacífico 
por las provincias de Cañete, Pisco y Nasca, Moquegua, Arica y 



— 60 — 

Arequipa y donde para, y sigue la costa por los puertos de Vio, 
Cobija y Copiapo hasta Coquimbo, confín de la Audiencia de los 
Reyes con la de Chile, reducido a un callejón de 1280 leguas, la 
mayor parte de ellas desiertas y despobladas y sólo con las cortas 
poblaciones que han quedado de las de los indios que encontraron 
los españoles al tiempo de la conquista, y a las que fundaron los 
primeros conquistadores, como lo llemmos especificado en sus 
descripciones, y todo lo demás inculto, eriazo y desierto, sin más 
adelantamiento que la población de tantas tierras y para la reduc- 
ción de tantas legiones de gentilismo, y las misiones de los de la 
Compañía por el Perú en los Moxos y de los de Quito en las 
riberas del Ñapo y del Marañón; y que de todo lo conquistado y 
reducido, lo más poblado, más fértil y más rico es la provincia 
de Quito, porque yace debajo del mayor círculo de la esfera que 
la divide en dos y la mide de Levante a Poniente, sobre lo más 
eminente del globo terráqueo. Abundante de cuanto es necesario, 
a la conveniencia, regalo y conservación de la vida humana, llena 
de montes y ríos que son fecundos minerales y lavaderos de oro, 
cercada por todas partes de sierras y montañas de tan difícil 
adicto para su ascenso, que con cualquier impedimento son inac- 
cesibles; y finalmente, tan poblada como se ve en las descrip- 
ciones de los partidos de su jurisdicción, con las gentes de las 
cuatro clases, españoles europeos, que van de estos reinos desti- 
nados a empleos, y agregados que los van sirviendo, y a unos y 
a otros los llaman chapetones ^'^^\ Y en llegando allá es muy raro 
el que continúa la servidumbre, porque ésta está reducida general- 
mente a los esclavos negros, mulatos y zambos, y los otros com- 
múnmente se aplican a la mercancía, en que muchos suelen hacer 
fortuna; y los principales con familias o sin ellas contraen alian- 
zas con las de los otros españoles patricios, que llaman criollos, 
originarios de los conquistadores y encomenderos, y de otros que 
han ido con iguales destinos. Y de este modo se aumentan las 
descendencias, crecen y se reparten y participan los caudales, las 
tierras y las haciendas, y sus dueños se reducen a la conveniencia 



-61 - 

y beneficio de sus frutos para mantener sus casas y familias con 
abundancia, regalo y sobresaliente decencia, haciendo unas vidas 
descansadas y tranquilas, sin más necesidades y cuidados que 
irlas a visitar cuando les parece por paseo y por diversión de la 
ociosidad y sin meterse en descubrimientos, labores y beneficios 
de minas y lavaderos de oro, aunque estén (como están muchas) 
en las tierras que son posesiones de sus haciendas. Por lo cual 
dicen los del Perú y los del Nuevo Reino que no hay en las Indias 
provincias más ricas y más pobres que las de Quito, porque como 
poseen las mayores riquezas de aquella parte del Nuevo Mundo 
en sus montes y en sus ríos, manteniendo las unas encerradas en 
sus veneros, y dejando perder las otras, llevadas de las corrientes 
al mar por la floxedad, ocio y pereza de sus habitantes que no 
las labran y cultivan porque no las necesitan para mantenerse, 
contentándose con la bondad de los climas, benignidad de los 
temples, fertilidad de las tierras y fecundidad de los frutos. 

Y las otras dos clases de la muchedumbre de la población, que 
llaman del color, hijos de españoles en las Indias, y en las negras, 
MESTIZOS Y MULATOS, cuyas succesiones de éstos son quarterones (^°^^ 
y en pasando de tercera generación, son quinterones ^^^^ tan blan- 
cos que se equivocan con los del primer origen, de genios y con- 
diciones tan uniformes con su calidad que se puede hacer paralelo 
de similitud con ellos y con los genízaros de Constantinopla, hijos 
de turcos y cristianas cautivas (de que se compone la tropa más 
aguerrida de los exércitos del Sultán), y decir sin ninguna des- 
proporción que estos genízaros son los mestizos de la Europa, y 
aquellos mestizos los genízaros de la América. 

Y habiendo concluido con el discurso de nuestro asumpto, nos 
resta la noticia, que ofrecimos en la primera descripción de la 
capital de Quito, del gran río monstruo de la hidrostática, que 
tanta parte nos ocupa en el Plano de nuestra Demonstración y 
tantas veces se ha hecho en las descripciones de las provincias. 



EL MARAÑÓN Y AMAZONAS 



Del cual solicitamos con diligencia averiguar la etimología 
de este nombre y el que había tenido en el tiempo de su gentili- 
dad, valiéndonos de los misioneros jesuítas, prácticos de diferen- 
tes idiomas de las innumerables bárbaras naciones que pueblan 
sus islas y sus riberas, y lo más que se pudo sacar, fué que no 
había tenido alguno (^^^^ y que los tres que tuvo después de la con- 
quista y tiene hasta hoy, se los impuso Francisco de Orellana; el 
primero con el de su apellido, como descubridor, cuando bajó con 
Gonzalo Pizarro desde Quito el año de 1540, y habiendo éste fa- 
bricado en las playas del Ñapo el bergantín que fué la primera 
quilla que surcó sus aguas, se le entregó para que uno por el río 
y otro por tierra prosiguiesen el descubrimiento, dándole a Ore- 
llana el orden de que en hallando lugar cómodo para poblar, le 
esperase; y faltando a su observancia porque no le encontró, o si 
le hubo, no le consideró apropósito, o lo que se tuvo por más cier- 
to y ejecutó después, que fué buscar la salida y venir a España 
a solicitar la conquista, no le pudo encontrar Pizarro en ninguno 
de los parages, que siguió el viaje por las márgenes del río, y 
perdida la esperanza de encontrarle, consumidos los bastimentos, 
podridas las ropas, deshechas y acabadas todas las prevenciones 
para la entrada, muertos los caballos y la mayor parte de la gen- 
te, resolvió volverse a Quito; adonde llegó maravillosamente, lleno 
de miserias, desdichas y trabajos que son indecibles, sólo con 80 
españoles de los 340 que llevó a la empresa y ni un indio de los 
40 que sacó de aquella ciudad para la infeliz entrada de tan 



- 63 - 

desgraciado descubrimiento, como más individualmente refiere el 
Padre Manuel Rodríguez en el suyo impreso en Madrid el año 
de 684 (104). 

Y volviendo a Orellana, siguió su navegación pasando y tocan- 
do en algunas islas de las innumerables que tiene el río donde las 
mugeres solas le recibieron de guerra y le dispararon /lechas con 
impulso de tanta fuerza que pasaban las tablas de las obras 
muertas del bergantín, y por eso le impuso el nombre de las Ama- 
zonas, hasta estar cerca de la boca donde con mayor anchura es 
más crecido el número de las islas y mayor sin comparación el 
conjunto de tantos y tan caudalosos ríos (io5)_, como por la banda 
del Norte, el Pastaza, el Tigre, el Ñapo, el Putumayo, el Yupu- 
ru, el Negro, el Urubú, el de las Trompetas y el Urubicu, que cada 
uno antes de juntarse es un pequeño Marañó n, y por la del Sur, el 
Guallaga, el Ucayale, el Ynta, el Cuchima, el de la Modra, el de 
los Topajos, y el de Aoripana, sin otros innumerables más infe- 
riores por uno y otro lado, que fuera muy prolijo y molesto el ex- 
presarlos, y sobre todos el Apurimac, que nace en los altos de una 
serranía del Perú, que corre desde Arequipa hasta el Callao, co- 
giendo tantos caudales de otros por las provincias por donde pasa 
que le equivocan con el verdadero Marañón, y pretenden que lo 
sea el Apurimac (^^g)^ y este es su nombre desde el tiempo de la 
gentilidad; y los de la provincia de Los Pastos, el Putumayo, y 
los de Quito, el Guamaní, que baja de las montañas de Quijos. 

Pero dejándolos en esta disputa de que tenemos a la vista la 
decisión, volveremos a alcanzar a Orellana, que siguiendo su na- 
vegación, llegó al paraje donde eran más frecuentes las entradas 
de tan caudalosos ríos que se cruzaban y con tanta fuerza que 
suspendían y rebasaban las corrientes del principal y formaban 
remolinos y laberintos en que repetidas veces estuvieron á riesgo 
de perderse con el bergantín y en tanta confusión que unos a otros 
se preguntaban lo que habían de hacer, como le succedió al mis- 
mo Orellana con otro del pilotage, que le preguntó si estaría cer- 
ca la boca para salir al mar y le respondió que no sabía nada, 



- 64 - 

sino que estaba metido en una maraña de aguas que sólo Dios la 
podía comprender, y que le replicó Orellana: ¿Maraña? ¡ Mara- 
ñan !, y que con este nombre le llamaban en el resto del viage, 
siempre que hablaban de él. Y después que encontraron la sali- 
da a la mar y en la Isla de la Trinidad, primera población y 
puerto de españoles que tomó después de tantos riesgos, a la ban- 
da del Norte, frente de las bocas del Orinoco, también famoso 
río que baja de las montañas del Nuevo Reino, de donde siguió 
el viaje a España, y pidió en la Cámara y Junta de guerra del 
Consejo de Indias la conquista de las muchas y grandes pobla- 
ciones que había descubierto en el gran río Marañen, confirmán- 
dole con este nombre en el memorial de la pretensión, que se le 
concedió como la pedía y se le libraron los despachos. Y volvió a 
Quito, donde no produjeron efecto alguno ni en el Perú ni en el 
Nuevo Mundo, donde lo solicitó y nadie quiso interesarse con él 
en tan dificultosa empresa, con la mala recomendación de haber 
faltado a la confianza de Gonzalo Pizarro y tan reciente la fu- 
nesta memoria y el horror del lastimoso fin que había tenido, con 
tanta parte de culpa suya, la entrada de aquel caudillo al descu- 
brimiento y conquista de aquellas vastas, incultas y bárbaras re- 
giones. 

Assi quedaron y desde entonces no se volvió a tratar más de 
este asumpto, hasta que el año de 1560 determinó el Señor Fe- 
lipe II que cesasen en las Indias las conquistas con la fuerza de 
las armas y que se hiciesen por el suave medio de las reduccio- 
nes atrayendo a sus naturales con el agasajo y la blandura de la 
instrucción de la doctrina cristiana y de la predicación evangé- 
lica; a cuyo efecto franqueó el Consejo las licencias para las 
fundaciones y establecimientos de las sagradas Religiones con 
este cargo que cumplieron con útil efecto en diferentes parages, 
y últimamente la Compañía, el año de 598 ^^^'^, hallando adelan- 
tados estos progresos en las poblaciones domesticadas del trato 
con los españoles y del exemplo de su reverencia y respeto a los 
ritos de su profesión en la fe católica, fundaron en las ciudades 



\ 



- 65 - 

principales los colegios para el mismo fin del adelantamiento con 
su enseñanza y doctrina, y para su progresión en los infieles, 
dilatados campos de la idolatría, estableció a expensas de las 
mismas provincias y con los auxilios y socorros de sus católicos 
reyes las misiones para su permanencia y conversión de tan in- 
numerable gentilismo en el Perú, Chile, Paraguay , Tucumán, 
Nuevo Reino de Granada y Quito. 

A este último destino, en una de las conductas espirituales del 
siglo pasado, fué de sugeto hecho el Padre Samuel Fritz, de na- 
ción alemán, uno de los más excelentes cosmógrafos, que han ido 
a las Indias; el cual luego que llegó a la provincia , pasó a ser 
fervoroso operario de su Instituto en las reducciones de los Jíbaros 
y Maynas ^'^^^'^, y al mismo tiempo formó el designio de registrar, 
ver y reconocer el río, buscar su verdadero origen, medir sus dis- 
tancias, demarcarlos otros que engrandecen sus raudales, las mon- 
tañas de sus riberas, y finalmente, levantar el mapa geográfico de 
todo; lo cual puso en práctica por espacio de 35 años, con los tra- 
bajos, incomodidades y penalidades que se pueden considerar, y 
son inexplicables y dignas de la mayor admiración, la paciencia, 
trabajo y constancia con que perseveró en el empeño de tan grande 
obra, hasta que la consiguió. Y volvió con ella acabada y concluida 
a Quito el 706 ^^^^\ donde al siguiente de 707 grabó con el buril 
la lámina de tan singular trabajo, dedicada a la Magestad del Se- 
ñor Don Felipe V, por mano de la Peal Audiencia, quien la remi- 
tió a Panamá el de 708 al Presidente y Oficiales Reales de aque- 
lla Ciudad, para que la dirigiesen en los galeones que se hallaban 
en Cartagena a cargo del General Conde de Casa Alegre, con la 
prevención y advertencia de que la remisión la actuasen en el na- 
vio en que se embarcasen los Padres Procuradores de la provin- 
cia, que se dirigían en la misma ocasión a España, y tuvieron la 
desgracia de ser batidos y derrotados de la enemiga escuadra in- 
glesa, al comando del Almirante Carlos Wagger, en la travesía 
de Portovelo a Cartagena, después de hecha la feria el día 8 
de junio jueves de Corpus Christi el mismo año de 708, en que 



- 66 - 

fué presa del enemigo el galeón gobierno de la Armada «Nuestra 
Señora del Rosario», del cargo de Don Nicolás de la Rosa, Con- 
de de Vega/lorida y con él los procuradores con los caudales de la 
provincia para el costo y la conducción de otra misión, y la lámi- 
na del Padre Samuel, que separadamente guardó el Almirante y 
llevó a Londres. 

Después tuvimos el año de 729 el destino de servir aquella 
Presidencia y solicitando si por accidente había en el Colegio al- 
guna estampa, nos llevó tres el Padre Procurador de la Provincia 
Tomás Nieto Polo, que dijo haber encontrado arrollado en uno de 
los estantes de la procura de su cargo, de las cuales remitimos 
una al Señor Don Joseph Patino el año de 32; otra dimos el de 36 
a los individuos de la Compañía francesa de la Academia Real 
de las Sciencias de París, que pasó con permiso de S. M. a medir 
el Equador, la Meridiana y grados de longitud y latitud, para 
averiguar la verdadera figura de la tierra, y la otra reservamos 
en nuestro poder para lo que se nos pudiese ofrecer, como ahora 
que hemos guiado el compás y la pluma sobre los puntos de sus 
observaciones y demarcaciones. Y últimamente el año de 744, es- 
tando ejerciendo la Presidencia de Panamá y el Gobierno y co- 
mando general del reino de Tierra Firme, supimos por D. Tomás 
Hidman, Capitán de la balandra inglesa i- La Reina de Hungría>'> 
que la lámina existía con estimación en la Cámara del Almiran- 
tazgo, con otros documentos de navegación tomados de los espa- 
ñoles en aquella guerra. 

Y en conclusión, para evitar dudas, resolver disputas y dar un 
claro conocimiento, verdadera noticia y puntual inteligencia del 
Marañen y Amazonas, pondremos aquí la inscripción que puso 
en su plano el Padre Samuel, grabó en la lámina que existe en 
Inglaterra, y trasumptó en la estampa que tenemos a la vista y 
dice assí: 



INSCRIPCIÓN 
DE LA LÁMINA DEL P. SAMUEL FRITZ 



Es fe famoso río, el mayor en lo descubierto que llaman ya de 
Amazonas, ya de Orellana, es el propio Marañan, nombre que le 
dan los mejores cosmógrafos desde su origen y todas sus provin- 
cias superiores. Nace de la laguna Lauricocha, cerca de la ciu- 
dad de Guamuco en el Reino del Perú; corre 1800 leguas hasta 
salir al mar del Norte con 84 de boca. Junto a la ciudad de Bor- 
Ja tiene un estrecho, nombrado el Pongo, de 25 varas de ancho y 
tres leguas de largo, de tanta rapidez que se navegan en un cuar- 
to de hora. Una y otra ribera desde la ciudad de Jaén de Braca- 
moros (desde donde es navegable hasta el Mar) están pobladas 
de altísima arboleda. Tiene madera de todos colores, mucho ca- 
cao, zarzaparrilla y corteza que llaman de clavo, para guisados, 
y tintas; entre sus innumerables peces, el más singular es la vaca 
marina o Pexl Buey (^^o>^ así dicho por la semejanza; susténtase 
con yerba de las orillas y la hembra pare y cría con leche sus hi- 
juelos. Es abundantísimo de tortugas, armadillos, lagartos o co- 
codrilos, y tiene algunas culebras tan disformes que se tragan a 
un hombre. En sus montañas hay feroces tigres. Jabalíes en abun- 
dancia, dantas y otras muchas especies de animales con variedad 
de colores, en sus vegas. Está pobladísimo de innumerables bár- 
baras naciones (las de más nombre van notadas en este mapa) 
singularmente en los ríos que le entran, de los cuales algunos tie- 
nen fama de mucho oro. Los Portugueses poseen hacia la boca 
algunas poblaciones, y en la del Río Negro, una fortaleza. 



- 68 - 

Tiene la Compañía de Jesús en este gran río una muy dilatada, 
trabajosa y apostólica misión, a la cual entró el año de 1638, 
cuya cabeza es la ciudad de San Francisco de Borja, provincia 
de los May ñas, distante de Quito 300 leguas y se extiende por los 
ríos de Pastaza, Guallaga y Ucayale, hasta el fin de la provin- 
cia de Omaguas. 

Vase a ella por tres caminos espesísimos y en gran parte a pie 
por Jaén, Patate y Archidona, en cuyos puertos se embarcan los 
misioneros en canoas, navegando largas y peligrosas distancias 
hasta sus reducciones. 



Y pasa a referir las muertes de algunos a manos de aquellos 
bárbaros con succesos verdaderamente prodigiosos. 









NOTAS 



1) En la «Relación del Estado político y militar de las provincias, ciuda- 
des, villas y lugares de la Audiencia de Quito, dada por su Presidente el 
Marqués de Selvaalegre al Virrey de Nueva Granada» (Quito, 13 de Sep- 
tiembre de 1754) se dice que «esta ciudad se halla situada bajo la línea equi- 
noccial en 13 minutos 3 segundos de Latitud Austral y en 29S grados 15 mi- 
nutos 45 segundos de Longitud». (Arbitraje de limites entre el Perú v el 
Ecuador. Documentos anexos al Alegato del Perú, presentados á S. M. 
el real Arbitro, por Don José Pardo y Barreda [Madrid, 1905]. Tomo i, 
pág. 139.) 

No concuerdan las observaciones, al precisar la situación astronómica de 
Quito. Wolf, en su obra Geografia y Geología del Ecuador (Leipzig, 
1892), pág. 515, da las siguientes cifras: 
Latitud S.:0° 13' 34" 
Longitud O. de París, según Jorge Juan a) 80^45' 

» » » b) 80° 45' 25" 

» La Condamine a) 80" 30' 
» » b) 81° 22' 

» Velasco 80° 47' 15" 

» Humboldt 81° 4' 38' 

» Stübel 80° 47' 15 

» Peter 80° 51' 54" 

Algo análogo ocurre con Guayaquil, como el mismo Wolf indica. Por esta 
falta de precisión, no tratamos de corregir las demás situaciones astronómi- 
cas que da el autor. 

2) Sobre el volcán Pichinche y sus erupciones, véase Antonio de Alcedo, 
Diccionario geográfico- histórico de las Indias Occidentales (Madrid, 
1786-1789.) Sobre la de 1660, véase además Manuel Rodríguez, El Marañen 
y el Amazonas (Madrid, 1684) pág. 330. 



- 72 - 

3) En \a Relación histórico del viaje al Ecuador (Madrid, 174S), por Jor- 
ge Juan y Antonio Ulloa, á los huaicos sq les llama guáyeos 6 que- 
bradas. 

4) «El cerro del Panecillo se llama así porque su figura tiene semejanza á la 
de un pan de azúcar.» (Selvaalegre, Relación citada, pág. 141.) 

5) Sobre esta erupción del Cotopacsí, véase Federico González Suárez, His- 
toria general de la República del Ecuador (Quito, 1890-93) iv, 375. 

6) La causa de esta guerra civil parece que fué la división que hizo el inca 
Huayna-Cápac del imperio, dejando el Cuzco á Huáscar y Quito á Atahuall- 
pa. Sobre estas guerras civiles, y la entrada de los españoles, cfr. González 
Suárez, Historia del Ecuador, i, 81 y ii, 61; Juan de Velasco, Histoire du 
Rovaume de Quito (París, 1840) i, 248; y Miguel Cabello y Balboa, Histoire 
du Pérou (París, 1840) págs. 255 y siguientes. 

7) Según Alcedo (Diccionario geográfico- histórico de las Indias Occi- 
dentales, s. Lima) «la ciudad de Lima está situada en una espaciosa llanura, 
llamada el valle de Rimac, de quien después, corrompido el vocablo, se llamó 
Lima». 

8) Lima fué fundada el año 1530. Cfr. Cieza de León, La Crónica del Perú 
en el Tomo xxvi de la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneira, pá- 
gina 421 . 

9) «La fundó y pobló el Capitán Sebastián de Belalcázar, que después fué 
Adelantado y Gobernador en la provincia de Popayán, en nombre del Empe- 
rador Don Carlos nuestro Señor, siendo el adelantado Don Francisco Piza- 
rro, gobernador y capitán general de los reinos del Perú y provincias de 
Nueva Castilla, año del nacimiento de nuestro Redentor Jesucristo de 1534 
años.» (Cieza de León, Crónica del Perú, pág. 392.) 

10) Velasco dice que Belalcázar tomó posesión de Quito en nombre del Em- 
perador Carlos V el día de Pentecostés de 1534 y la llamó San Pedro. {His- 
toire du Royanme de Quito, ii, 87.) 

Según González Suárez (Historia del Ecuador, ii, 223) se fundó San 
Francisco de Quito el 28 de Agosto de 1534 por el Mariscal Don Diego de 
Almagro, á las órdenes de Benalcázar. 



- 73 - 

11) En el índice cronológico que el P. Rodríguez pone al fin de su libro cita- 
do, El Marañan y el Amazonas, se lee: «En 14 de Marzo de 1541 se dio 
título de Ciudad y escudo de armas á Quito, y su escudo es una ciudad pin- 
tada sobre unos montes.» 

En el Ms. 2734 de la Biblioteca Nacional de Madrid, que contiene Aboli- 
das sacras y reales del Perú por Diez de la Calle, al folio 153 vuelto, se 
encuentra un grabado de este escudo, que es el que hemos reproducido en 
la cuarta página de cubierta. 

En 1556 obtuvo Quito dos cédulas reales, fechadas el 14 de Febrero: una 
le daba el título de Muy Noble y Mny Leal, y la otra el privilegio de llevar 
el estandarte real por las calles el día que el Ayuntamiento saliese. (Cfr. Ve- 
lasco, Histoire da Royanme de Quito, ii, 214-5, y Ms. 2734 de la Biblio- 
teca Nacional, fol. 153.) 

12) El Obispado de Quito fué erigido por bula de Paulo III del 8 de Enero, año 
de la Encarnación de 1545. ( Arbitraje de limites entre el Perú y el Ecua- 
dor. Documentos anexos á la Memoria del Perú, presentados á S. M. el 
real Arbitro, por Don Mariano H. Cornejo y Don Felipe de Osma [Madrid, 
1905]. Tomo iii, pág. 17.) 

Velasco dice que fué erigido el Obispado en 1544 «y no el año siguiente, 
como quieren algunos». 

El primer Obispo fué Don García Díaz Arias, consagrado en Lima el mis- 
mo año. (Histoire dn Royaume de Quito, ii, 214-5.) 

13) No se expidió en Monzón la cédula de fundación de la Audiencia de Quito, 
sino en Quadalajara el 29 de Agosto de 1563. (Cfr. Arbitraje de limites. 
Memoria del Perú , Documentos , iii, 11.) En Monzón se expidió el 27 de 
Septiembre del mismo año la cédula del nombramiento de Presidente á favor 
de D. Hernando de Santillán. (Cfr. González Suárez, Historia del Ecua- 
dor, III, 13.) 

14) No coincide la descripción de los términos de la Audiencia de Quito que da 
Alsedo, con la de Selvaalegre, que dice: «Comprehendese bajo esta Capital 
su Corregimiento, el del asiento de Latacunga, Villa de Ríobamba, Gobier- 
no de Macas y Quijos, Asiento de Chimbo, Gobernación de Guayaquil, Co- 
rregimiento de las ciudades de Cuenca y Loxa, Gobierno de Jaén de Broca- 
moros, Misiones de Maynas, Corregimientos de la villa de Ibarra y Asiento 
de Otábalo con la Gobernación de Esmeraldas y sus puertos.» (Arbitraje, 
Alegato del Perú, Documentos, i, 139.) 



— 74 — 

En la Real Cédula de fundación, citada en la nota anterior, se dice: «y les 
avernos señalado por límites, por la costa hacia la parte de la ciudad de los 
Reyes hasta el puerto de Payta exclussibe, y la tierra adentro hasta Piura y 
Caxamalca y Chachapoyas y Moyobamba y Motilones exclussiue, de mane- 
ra que la dicha Audiencia tenga por distrito hazia la parte susodicha los pue- 
blos de Jaén, Valladolid, Loxa, Camora, Quenca, la Carca y Guayaquil, con 
todos los demás pueblos que estuvieren en sus comarcas y se poblaren; ha- 
zia las partes de los pueblos de la Canela y Quijos a de tener los dichos pue- 
blos con los demás que se descubrieren, y por la costa hacia Panamá hasta 
el puerto de Buenaventura ynclussibe y por la tierra adentro Pasto, Popayán, 
[Cali] y Vuga y Chapachinca y Quarchicono y todos los dichos lugares con 
sus términos ynclussiue y todos los demás lugares de la provincia de Popa- 
yán an de quedar á essa Audiencia y de los dichos límites emos mandado dar 
nuestra prouisión en forma á la dicha Audiencia». (Arbitraje de límites, Me- 
moria del Pera, Documentos, iii, 11 .) 

15). Véase la nota 5. 

16) La muerte de Núñez Vela tuvo lugar el 18 de enero de 1546 y no el año 
1544, como dice Alsedo. (Cfr. González Suárez, Historia del Ecuador, ii, 
págs. 359 y siguientes.) 

Núñez de Vela fué enterrado en la iglesia parroquial, que era la Vera Cruz, 
primer templo erigido en Quito y llamado después Belén. En el sitio en que 
murió, se levantó la iglesia de Santa Prisca en commemoración del Santo 
del día. 

Sobre parroquias y conventos de Quito, véase González Suárez, ob. cit., 
II, págs. 227 y siguientes. 

17) González Suárez (Historia del Ecuador, iii, 332), no indica el nombre de 
San Fernando, al hablar de la Universidad de Quito. 

18) La cláusula de erección del Seminario de San Luis de Quito y la aproba- 
ción por el Rey en 30 de Noviembre de 1595, constan en Rodríguez, El 
Marañan y el Amazonas, págs. 35 y 36. También este autor indica (pági- 
na 37) que de aquel colegio salieron hombres muy ilustres, pero no nombra 
á ninguno. 

Cfr. González Suárez, Historia del Ecuador, iii, 347, y Chantre y He- 
rrera, Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el Marañan 
español: 1637-1767 (Madrid, 1901) pág. 24. 



— 75 — 

19) La plantilla de los empleados civiles y militares de Quito puede verse en 
Selvaalegre, (Arbitra je de límites, Alegato del Perú, Documentos, i, pá- 
ginas 135 y siguientes.) 

20) No coincide la enumeración de los pueblos del Corregimiento de Quito que 
da nuestro autor, con la de Selvaalegre. Faltan en la de Alsedo: Lulumbam- 
ba, Gualea, Conchocoto. En la de Selvaalegre no figuran: San Antonio, 
Alangasi, Canzacoto, Tocache, Yambe y Chimbacalle. Puembo y Piso los 
considera como dos, mientras que para nuestro autor son uno solo. Otras 
vanantes ortográficas se dan en el vocabulario. 

Una «Descripción de las ciudades, villas y pueblos del Obispado de Qui- 
to» (Quito, 14 de julio de 1755), sin nombre de autor, señala 25 pueblos, to- 
dos comprendidos en la nuestra, y omite Conotoco, Canzacoto, Tocache, y 
Mindo y Yambe. Á San Antonio le añade «de Lulubamba». (Cfr. Arbitraje 
de límites, Memoria del Perú, Documentos, iii , 49). 

La enumeración dada por Jorge Juan {Relación histórica del viaje al 
Ecuador, ii, 417), coincide con la de nuestro autor. 

21) Chacra es una «vivienda rústica y aislada» según el Diccionario de la 
Real Academia, y una «hacienda de campo», según Alcedo, Diccionario de 
las Judias Occidentales, volumen v, apénd. s. v. 

22) Champán: «Nombre provincial que dan en el Nuevo Reino de Granada á 
las embarcaciones con que navegan el Río grande déla Magdalena desde 
Mompox á Honda.» (Cfr. Alcedo, Diccionario, Vol. v, Apénd. s. v.) 

23) Barqucta es una «embarcación pequeña de los Indios. Tiene dos varas, 
poco más ó menos de largo, y media de ancho; es de una sola pieza, excava- 
da con fuego ó instrumento; remata en punta por ambos extremos.» (Alce- 
do, Diccionario, vol. v, Apénd. s. v.) 

24) Vijao es una «planta muy común que produce el vastago unas hojas muy 
grandes, de una vara de largo y media de ancho, en las cuales envuelven [los 
indios] todas las cosas para trasportarlas como en papel.» (Alcedo, Diccio- 
nario, vol: V, Apénd. s. v.) 

25) San Sebastián de la Plata fué fundado por Benalcázar en mayo de 1538, á 
2" 20' de Lat. N. y 2" 15' de Long. E. de Quito. (Cfr, Velasco, Histoire du 
Roxaume de Quito, ii, 119.) 



-7Q - 

26) Voqiiiano ó baqueano, práctico de los caminos, trochas y atajos de 
algún paraje. (Alcedo, Diccionario^ vol. v. Apénd. s. Baqueano.) 

27) Estay: Cabo grueso que va de la gavia mayor al trinquete, y el que va 
de éste al bauprés. 

28) He aquí cómo describe la tarabita Chantre y Herrera: «La tarabita consiste 
en una cuerda ó maroma de bejucos ó correas de cuero de vaca, compuesta 
de muchos como hilos de seis á ocho pulgadas de grueso, la cual está tendida 
de una orilla á otra, con alguna inclinación y sujeta fuertemente en ambas á 
dos palos; en uno de éstos hay un torno o molinete que templa y deja tirante 
la maroma, cuanto es necesario para el efecto que se pretende. Descansa so- 
bre la cuerda gruesa un zurrón de cuero de vaca capaz de recibir un hombre 
y de que en él pueda recostarse. Está suspendido el zurrón en dos horcones 
que suben por la maroma y de cada lado tiene su cuerda para la seguridad 
del que va encima. Puesto el que ha de pasar en el zurrón, le dan á éste des- 
de tierra, un empujón fuerte y pasa con el caballero prontamente al otro 
lado.» (Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el Marañan 
español, pág. 58.) 

Alcedo (Diccionario, vol. v, Apénd. s. v.), da la misma descripción que 
su padre. 

29) Sobre la fundación de Popayán, véase Cicza de León, Crónica del Perú, 
pág. 382. 

30) Velasco dice que el título de ciudad se dio á Popayán por cédula de 27 de 
Octubre de 1558, y por otra de 10 de Noviembre, el de Muy Noble y Muy 
Leal. (Hisíoire de Quito, ii, 224.) 

31) El obispado de Popayán fué erigido con el título de Antioquía en 1547. 
(Velasco, Histoirc de Quito, ii, 224.) 

32) El Virreinato de Santa Fé se creó en 1717, se suprimió en 1723, y fué res- 
tablecido por cédula en 20 de Agosto de 1739. Entre otras provincias que 
integraban este virreinato, se indican «las del Chocó, Reino de Quito, Po- 
paián y Guayaquil». (Arbitraje de límites, Memoria del Perú, Documentos, 
III, 38-43.) 

33) Según la «Descripción de las ciudades, villas y pueblos del Obispado de 



- 77 - 

Quito— Quito, 14 julio 1755», comprendía el gobierno de Popayán las ciuda- 
des de San Juan de Pastos con sus pueblos. Barbacoas, Izguangue, con los 
pueblos de Santa Bárbara de Timbiquí é Yzta de Gallo. (Cfr. Arbitraje 
de límites, Memoria del Perú, Documentos, iii , 46. ) 

Cieza de León incluye entre las poblaciones de Popayán las siguientes: 
provincias de Guambia, Guamza y Guanaca; de los Páez, Guachicone, Mas- 
teles y Bamba; pueblos de Maluasa, Polindara y Palace, Tembio y Colaza, 
Zotara, Cochesquio, Barrancas, Juntas, Los Capitanes, Patiá y las provin- 
cias de Chapanchita; la provincia de los Abades y los pueblos de Isancal, 
Pangan, Zacuanpus, Chorros del Agua, Pichilimbuy, Tuyles, Angayán, Pa- 
gual, Chuchaldo, Los Pastos; Mojondino, Bejendino, Buizaco, Guajanzan- 
gua, Mocoxonduque , Guacuanquer, Mocaxamate, Cibundoy y Pastoco. 
(Crónica del Perú, pág. 383-5.) 

Velasco pone las siguientes poblaciones en Popayán: al centro: Ipiales, 
Guatmataes y Funes; al Oeste: Sapuyes, Tuguerres, Mayamas, Yasqua- 
les; al Este: Imazacamatas, Bexondinos y Meonsidinos; al Nordeste: Sebon- 
doyes, Mocoas, Pichimbis y Cuyles, Chapanchicas, Masteles, Abades, Ca- 
chua, Patios y Boxoleos. (Histoire de Quito, ii, 112 y 113.) 

Jorge Juan y Antonio Ulloa dan los siguientes pueblos: Santiago de Cali, 
Santa Fé, Las Cuatro Ciudades, Timaná, Guadalajara de Buga, San Sebas- 
tián de la Plata, Almoguer, Caloto, San Juan de Porto, El Raposo y Bar- 
bacoas. (Relación histórica, ii, 452.) 

Antonio Alcedo (Diccionario, s. Popayán) considera á Popayán como pro- 
vincia del Nuevo Reino de Granada y señala en ella ios siguientes pueblos: 
Ciudades: Almoguer, Anserma vieja, Anserma nueva. Barbacoas, 
Buga, Cali, Caloto, Cartago, Pasto, Popayán, Toro y Rondanillo. 
Villa: La Candelaria. 

Pueblos: Tuqueres, Guachical, Cumbal, Ipiales, Supia, Quiebralomo, 
Pastas, Insá, Pupiales, Carlosama, Guaitara ó Guaitarilla, Tumaco, 
Santa Lucía, Yaquanquer, San Luis, Mercaderes, Patia, Quilichao, 
Llano Grande, Tuloa, La Cruz del Raposo, Cañas Gordas. 

Pueblos de indios: Cruz de Almaguer, Purasé, Pulindara, Totoro, Bui- 
saco. Tambo ó Alto del Rey, Cucunuco, Julumito, Paniquitá, Timbio, 
Yanaconas, Puelenge y Guanvía. 

34) Coca, es un arbolillo pequeño, de color verde claro, que tiene la hoja 
parecida á la del naranjo y se cultiva mucho en el Perú. En la provincia de 
Santa Marta la llaman hayo. Equivale en la virtud y uso al betel de la India 
Oriental. (Alcedo, Diccionario, vol. v. Apénd. s. v.) 



- 78 - 

35) No encuentro noticia de esta guerra civil entre Pambazos y Tripitinorios 
en Popayán. 

36) Según Cieza de León «la villa viciosa de Pasto fundó y pobló el Capitán 
Lorenzo de Aldana en nombre de su magestad, siendo el adelantado Pizarro 

gobernador de los reinos del Perú, año del Señor de \ 539 años» . (Crónica 

del Perú, pág. 386.) También lo dice así Alcedo (Diccionario s. Pasto.) 

37) «La mita consiste en que todos los pueblos deben dar á las haciendas de 
su pertenencia un número determinado de Indios, para que se empleen en su 
trabajo y otro número se empleen en las minas, cuando habiéndolas regis- 
trado sus dueños, han conseguido que se les conceda mita para hacer sus la- 
bores con más conveniencia.» 

Debían hacer mita por un año, y luego relevárseles; así estaba dispuesto, 
pero no se guardaba. 

En las Haciendas de sembradío ganaba un mitayo de 14 á 18 pesos al año 
y un pedazo de tierra para sembrar, como de 20 á 30 varas, habiendo de tra- 
bajar 300 días tarea íntegra. En las haciendas de rebaños ganaba 18 pesos, 
pero el trabajo era mayor. En los obrages ó fábricas ganaban los indios un 
real al día y eran tratados horriblemente. 

La Academia dice que «mita» era «un repartimiento que se hace por sorteo 
en los pueblos de los Indios para sacar el número correspondiente de veci- 
nos que deben emplearse en los trabajos públicos.» 

Cfr. Noticias secretas de América por Jorge Juan y Antonio Ulloa (Lon- 
dres, 1826) págs. 267 y siguientes. 

38) Parece que el betún de la provincia de Pasto no era procedente de mina, 
sino una especie de resina que llamaban Mopa-mopa. Se le llamaba también 
mocoa. (Cfr. Alcedo, Diccionario, s. Pasto y vol. v, Apénd. s. mocoa.) 

39) La (^Descripción del Obispado de Quito» (Arbitraje de limites, Memoria 
del Perú, Documentos, iii, 46) pone en la provincia de San Juan de Pastos 
los pueblos de Tuquerres, Zapuyes, Hipiales, Pupiales, Cumbal, Mallama, 
Carlozama, Buezaco, Chachaguí, Motituí, Segonday, Funes, Yaquamquezy 
Yasqual. 

Cieza de León añade á estos Gualmatal, Chapol, Males y Turca (Cróni- 
ca del Perú, 385). 

Respecto de Esmeraldas hay que advertir que Alsedo lo cita como un pue- 
blo de la provincia de los Pastos, pero se describe como provincia aparte en 



- 79 - 

la Relación de Selvaalegre (Arbitraje de límites, Alegato del Perú, Docu- 
mentos, I, 166.) Contiénense— dice Selvaalegre— en la provincia de Esme- 
raldas, «con los Pueblos de Mar y la ciudad de Limones erigida por el citado 
Pedro Maldonado, 21 poblaciones, en esta manera: los Puertos de Tumaco, 
Toda, San Mateo de Esmeraldas, Atacanes, La Canoa, Navegal, Tambillo, 
Niguas, Cachillactas, Mindo, Yambe, Cocaniguas, Cansacoto, Santo Do- 
mingo y Nono». Nótese que Mindo y Yambe los cita Alsedo en la jurisdic- 
ción de Quito. 

La (/.Descripción del Obispado de Quitos (Arbitraje de limites. Memo- 
ria del Perú, Documentos, iii, 47) dice que «comprende dentro de sus lími- 
tes cinco pueblos en las costas del mar del Sur, y quince en lo interior de 
las montañas», y nombra Tumaco, Husmal y la Bahía de San Mateo. 

Alcedo (Diccionario) da los mismos pueblos que su padre. 

40) Situado: Salario, sueldo ó renta señalados sobre algunos bienes produc- 
tivos. 

41) Ya vimos en la nota 32 que la provincia de Barbacoas está incluida en la 
de Popayán. Selvaalegre menciona «las provincias de Barbacoas», pero no 
como incluidas en la de Esmeraldas. (Relación citada, pág. 167). 

42) La villa de San Miguel de Ybarra fué fundada el 29 de Septiembre 
de 1606. (Cfr. González Suárez, Historia del Ecuador, iv, 10.) 

43) He aquí cómo describe Cieza de León el origen del nombre de esta 
laguna: «iYaguarcocha, que en nuestra lengua quiere decir mar de sangre; 
adonde, antes que entrasen los españoles en el Perú, el rey Guaynacapa, 
por cierto enojo que le hicieron los de Carangue y de otros pueblos á él 
comarcanos, cuentan los mismos indios que mandó matar más de veinte mil 
hombres y echarlos en esta laguna; y como los muertos fuesen tantos, pa- 
rescia algún lago de sangre, por lo cual dieron la significación ó nombre ya 
dicho.» (Crónica del Perú, pág. 389.) 

Jorge Juan y Antonio Ulloa dan este relato respecto á la laguna de Ya- 
guarcocha: «Memorable por haber sido sepulcro de los de Otábalo cuando 
el XII Inca Huayna-Cápac consiguió su vencimiento; y en fuerza déla mucha 
resistencia que habían hecho á sus armas, hizo degollar á los que se le rin- 
dieron, no menos que á los que apresó; con lo cual se ensangrentó toda la 
laguna y le quedó el nombre que tiene que significa lago d.e sangre.y> (Re- 
lación histórica del viaje al Ecuador, ii, 41 1 .) 



- 80 - 

44) No hemos podido identificar este personaje inglés, que sondeó la laguna 
de Yaguarcocha. 

45) Tiiciivo: «Lienzo de algodón de tejido ordinario, que hacen en las provin- 
cias del Perú y en el Reino de Quito, de que hay muchísimo consumo, por- 
que es de lo que se viste la gente común, por lo cual se hace de él un gran 
comercio.» (Alcedo, Diccionario, vol. v, Apénd. s. v.) 

46) Nada se dice en el Extracto del viaje de M. de la Condamine, sobre la 
muerte de M. Couplet. 

47) Preñadilla: «Pez pequeñito y muy regalado que se cría en la laguna Cui- 
cocha de la provincia de Otábalo y Reino de Quito; es de una pulgada de 
largo y no tiene escama alguna; lo estiman allí tanto, que continuamente 
sacan porciones grandes, y las escabechan para enviarlas á diferentes par- 
tes y deja mucha utilidad á los indios. Es especie de bogiiilla, puede ser el 
Cuitlapeth de Hernández.» (Alcedo, Diccionario, tom. v, apénd. s. v.) «Pez 
fisóstomo: tiene el cuerpo aplanado, la boca muy ancha y adornada con dos 
barbillas en los extremos; los dientes son muy menudos y faltan en el pala- 
dar; la aleta caudal está muy hendida.» (Diccionario manual de la lengua 
española de Saturnino Calleja.) 

48) Totora: «Especie de enea que se cría en la laguna de Chucuito del Reino 
del Perú, que en algunos parajes tiene vara y media de alto; de ella hacen los 
indios balsas para navegar y traer á tierra los ganados y los frutos; pero 
suele estar tan tupida, que es necesario á fuerza de brazos abrir el paso.» 
(Alcedo, Diccionario, vol. v, Apénd. s. v.) 

49) Selvaalegre {Relación citada, pág. 164) asigna ocho pueblos al corregi- 
miento de la villa de San Miguel de Ybarra: Mira, Pimampiro, Carangue, 
San Antonio de Carangue, Salinas, Tumbaviro y Gaguasquí. 

La Descripción del Obispado de Quito (pág. 4S) enumera: Tulcán, Gua- 
ca, Tussa, Mira, El Puntal, Pimampiro, San Antonio de Carangue, Salina, 
Tumbalizo, Quilca, Caguasqui. 

Nótese que Alsedo incluye en el corregimiento de San Miguel de Ibarra el 
asiento de Otábalo, que Selvaalegre lo describe separadamente ^/?e/a- 
c/o/7^ 165) y le asigna los pueblos de Cayambe, Tabacundo, Alontaqui, Co- 
tacache, San Pablo, Tocache y Urenqui. 

Alcedo (Diccionario, s. v.) también describe el asiento de Otábalo como 



— 81 — 

corregimiento separado del de Ibarra , y le asigna los mismos pueblos, con 
las variantes de Fontaqui y Urcuqui. 

Jorge Juan y Antonio Ulloa (Relación histórica, ii , 411 y 414), también 
dan separados el corregimiento de Ybarra y el asiento de Otábalo, con los 
mismos pueblos. 

50) La Descripción del Obispado de Quito (pág. 49) dice que La Tacunga 
dista dieciséis leguas de Quito, y Hambato, siete de la Tacunga. 

51) Véase la nota 5. 

52) González Suárez dice que por efecto de la erupción de Cotopacsí los ha- 
bitantes de la región de La Tacunga quedaron incomunicados, pero no habla 
de las famosas cartas que nuestro autor menciona. (Cfr. Historia del Ecua- 
dor, IV, 375.) 

53) Poncho: «Manta cuadrada que usan en la América Meridional y particular- 
mente en el Perú y Reino de Chile para andar á caballo. Tiene en el centro 
una abertura por donde entra la cabeza y queda colgando por todas partes, 
y cubierto y abrigado el cuerpo. Hay algunos, bordados de sedas y de oro y 
plata, costosísimos. También los suelen usar algunas señoras.» (Alcedo, Dic- 
cionario, tom. V, Apénd. s. v.) 

54) Llamaban á estas roscas especiales de Ambato allullas. (Alcedo, Diccio- 
nario, vol. V, Apénd. s. v.) 

55) Selvaalegre sólo indica, entre las producciones del asiento de Ambato y 
Latacunga, los paños y la pólvora. (Relación, pág. 142.) 

56) Selvaalegre asigna á La Tacunga, con variantes ortográficas, diecisiete 
pueblos, por el mismo orden hasta Pilábalo, inclusive: excepto Pillaro que 
llama Pulavo. Desde Izabamba en adelante los considera del asiento de Ham- 
bato, que él pone como del corregimiento de Ríobamba; y añade los pue- 
blos de Tisaleo, Baños y Pillaro (ob. cit. págs. 142-4). En este asiento nota el 
promontorio de Tunguragua, en cuyo pie nacen aguas nitroso-sulfurosas, y 
cerca del cual pasa el río Ñapo. A San Miguel le agrega «de Mollehambato». 
A Patate lo considera también como río, y lo llama además Baños: y añade 
los ríos de San Felipe y Quapante. Consigna que se han descubierto minas 
de plata, que no se explotan. Indica la producción áe grana ó cochinilla. 



- 82 — 

' La Descripción del Obispado de Quito (pág. 49) sólo señala 12 pueblos: 

los Sichos, Angamarca, Yssinlivi, Toacaso, Saquisilí, Puxili, Tanicuchí, San 
Phelipe, Mulahalo, Alaques, San Miguel, Curubamba. A Hambato le señala 
nueve pueblos, que no enumera. 

Alcedo (Diccionario, s. Ríobamba) también considera á Ambato como 
del corregimiento de Ríobamba, con los seis últimos pueblos que da nuestro 
autor. Estos mismos asignan Jorge Juan y Antonio Ulloa, aunque teniendo 
á Ambato por partido independiente. (Relación histórica, ii, 424.) 

57) Acerca de la fundación de Ríobamba, véase González Suárez, Histo- 
ria del Ecuador, ii, 164. 

Velasco dice que allí se reunieron Sebastián de Benalcazar, Diego de Al- 
magro y Pedro de Alvarado, y que abandonaron la población el año 1534. 
(Histoire de Quito, ii, 48.) 

58) Véase la nota 5. 

59) Selvaalegre (Relación citada, pág. 143) indica que había en Ríobamba 12 
obrages, en los que se fabricaban al año hasta mil piezas de 55 varas cada 
una, y especifica las clases délos paños. 

La Descripción del Obispado de Quito (pág. 50) reputa la producción en 
800 piezas, cuyo valor es de 110 pesos por pieza. 

Selvaalegre (Relación, pág. 145) nota además el descubrimiento de minas 
de plata, que no se explotan por falta de perito. 

60) Selvaalegre (ob. cit. pág. 143) enumera en el corregimiento de Ríobamba 
los mismos pueblos y por el mismo orden que nuestro autor: salvo Puny, que 
llama Purún. 

La Descripción del Obispado de Quito (pág. 50) lo llama Punin é incluye 
todos aquellos mismos pueblos, menos Pallatanga, que lo pone en Chimbo. 

Jorge Juan coincide con Alsedo hasta en el orden. (Relación histórica, 
II, 423.) 

61) V Compendio histórico de la provincia , partidos, ciudades, astille- 
ros, rios Y puerto de Guayaquil en las costas de la mar del Sur. De- 
dicado al Rey nuestro Señor en su Real y Supremo Consejo de Indias por 
Don Dionisio de Alsedo y Herrera, presidente que fué de la Real Au- 
diencia de Quito, Gobernador y Capitán general de las provincias de su 
distrito. Madrid, por Manuel Fernández, año de mdccxli. » (4.° menor. 



- 83 - 

99 páginas. Con un plano de la ciudad de Guayaquil, hecho por el mismo 
autor.) 

Alsedo consigna, en dicha obra, (pág. 1) que la ciudad de Guayaquil fué 
fundada el 25 de julio de 1531: pero es por error de copia, porque á conti- 
nuación dice que fué la segunda ciudad del Perú, siendo la primera San Mi- 
guel de Piura, fundada, según él, en 1532. (Ya hace notar este error Gonzá- 
lez Suárez. Véase Historia del Ecuador, ii, 55.) 

Sitúa Guayaquil á 2° 50' latitud Austral y 266° 58' de longitud. Dice que la 
población blanca en 1734 era de 12.000 almas. Le asigna los mismos partidos 
y pueblos (pág. 3) que siguen á continuación en nuestro texto. Los ríos prin- 
cipales son: Daule, Baba, Babahoyo y Yaguache (pág. 4). 

La administración eclesiástica estaba encomendada á un Vicario provin- 
cial que dependía del Obispo de Quito, y á diez párrocos: seis de la clere- 
cía y cuatro regulares de Santo Domingo, San Agustín y la Merced. Había 
además tres conventos de religiosos de Santo Domingo, San Francisco y San 
Agustín; un Colegio de la Compañía, y un Hospital de los Hermanos de San 
Juan de Dios (pág. 14). 

Políticamente se gobernaba por un corregidor y siete tenientes; y las fun- 
ciones administrativas las desempeñaban un cabildo de dos alcaldes ordina- 
rios, doce regidores y dos oficiales reales, contador y tesorero. De guar- 
nición militar había un batallón de seis compañías milicianas, con un maestre 
decampo, un sargento mayor y seis capitanes (pág. 15). 

Lo más interesante de Guayaquil era su astillero, único en la costa del Pa- 
cífico, y que tenía en los montes de la misma ciudad todas las maderas de 
construcción que podía necesitar. Desde su fundación hasta el año 1736 se 
habían fabricado en él 176 bajeles, y sólo en el año 1735 se había exportado 
madera por valor de 32.800 pesos (pág. 18). 

Hace notar el autor la abundancia de insectos, culebras y lagartos en todo 
el término de Guayaquil, poniendo anécdotas curiosas de curaciones de las pi- 
caduras de víbora por llevar colgados al cuello dientes de lagarto (pág. 26). 

Su producción y su comercio era importante, habiéndose llegado á recau- 
dar, en 1735, 384.130 pesos. 

Efecto de ser ciudad tan rica, había sufrido las invasiones de varios pira- 
tas ingleses. Las más notables fueron la de Eduardo David en 1687 y la de 
Guillermo Dampierre en 1707. A causa de estas invasiones propuso el Ca- 
bildo fortificar la población, logrando al fin que se dispusiera construir un 
fuerte (págs. 82-91). 

62) Cfr. Compendio histórico de Guavaquil, pág. 35. 



- 84 - 

63) Cfr. Compendio histórico de Guayaquil, pág. 44. 

64) Ibid. pág. 48. 

65) Ibid. pág. 54. Puerto Viejo fué la primera ciudad de la provincia, situada 
á cuatro leguas de donde actualmente se halla. Se trasladó el 1628, á causa 
de la invasión de los piratas holandeses, mandados por Jacobo Heremite 
Clerk. Era ciudad tan importante que tenía Cabildo, y rentaba á la Ha- 
cienda 37625 pesos. 

66) Ibid. pág. 62. Las célebres bodegas ó almacenes de Babahoyo se arren- 
daban cada año por 2000 pesos, y en ellos se descargaba todo lo que entra- 
ba por el puerto y lo que venía del interior. Se celebraba una feria de seis 
meses y producía 44750 pesos. 

67) Ibid. pág. 68. 

68) Ibid. pág. 75. 

69) La Relación de Selvaalegre (pág. 151) dice: «Las poblaciones de la pro- 
vincia de Guayaquil son: la Puna, Máchala, el Naranjal, Yaguache, Ojibar, 
Baba, el Palenque, Daule, Balsar, Puerto Viejo, Maro y Chongón, que es 
cabeza de la Puente de Santa Elena.» 

La Descripción del Obispado de Quilo (pág. 52) dice que Guayaquil «está 
compuesto de siete thenientazgos con otros tantos curas, y corren en esta 
forma: Babaoyo, donde residen las reales bodegas á cargo de un arrendador, 
con los pueblos anexos de Oxíbar, Caracol, Quilca y Mangaches; Daule, The- 
nientazgo, con los pueblos de Santa Lucía y el Balsar; Baba, thenientazgo, 
con los pueblos de San Lorenzo y el Palenque; San Jacinto de Yaguache, 
Thenientazgo, con bodegas, tiene los pueblos de Nauzas y Alonche; Lapuná, 
Thenientazgo; Puerto Viejo es ciudad y Thenientazgo con los pueblos de 
Monte Christi, Picoassa, Charapoto y Xipixapa; cada uno de estos tiene 
su cura con algunos pueblesitos; la punta de Santa Elena contiene los pue- 
blos de Chongón, el Morro, Calonche y Chanduy». 

En el «Informe de los Oficiales Reales de Guayaquil, dado en virtud de 
auto de visita, sobre el número de pueblos, curatos y tenientazgos de dicha 
provincia». (Guayaquil, 4 de noviembre 1756. Véase en Arbitraje, Memoria 
del Perú, Documentos, vi, 222-4) se asignan á Guayaquil veinticuatro pue- 
blos, divididos en nueve tenientazgos y doce curatos, en esta forma: 



I 



- 85 - 

Tenencia y curato de la Punta: La Punta, Colonche, Chanduy, Morro 
y Chongón. 

Tenencia y curato de Daule: Daule y Santa Lucía. 

Tenencia y curato de Palenque. 

Tenencia y curato del Balsar, anexa á Daule. 

Tenencia y curato de Baba: Baba, Pimocha y Samborondón. 

Tenencia y curato de Ojiba. 

Tenencia y curato de Yaguache. 

Tenencia y curato de la Pugnada: Pugnada, Máchala y Naranjal. 

Tenencia de Puerto Viejo: curato de Puerto Viejo y Pichota, curato 
de Xipijapa, curato de Manta (mudado á Monte Christi) y Chara- 
potó, y curato de Picoasa. 

70) He aquí cómo describe el mismo Alsedo las barcas que usan en la provin- 
cia de Guayaquil: «Frecuentan [los comerciantes] el río Suya con balsas de 
remo, hasta que se junta con otros dos, que son Taura y Balao, desde cuyas 
bocas navegan con vela, afiadiendo á la embarcación el embono de una qui- 
lla postiza, que enmienda el plano y le asegura de volcarse, y le ponen una 
extraordinaria especie de timón, llamado guare, no conocida en otra nin- 
guna parte entre todas las invenciones de la Náutica, porque es una unión 
de cinco tablas de cinco varas de largo cada una y media de ancho, que in- 
troducida en el agua entre los palos que forman el plan por la parte de popa, 
á correspondencia de la punta de proa, le manejan muy fácilmente con una 
caña, como el pizote antiguo, que se usaba antes que se inventara la rueda 
de molinete, el cual la hace de sutil gobierno, fácil manejo, segura á la bolina 
y prompta á montar los remolinos de los ríos y los rollos del Mar aunque 
vaya sobrecargada del ordinario peso de 200 á 300 arrobas.» (Compendio 
histórico de la ciudad de Guayaquil, pág. 45.) 

71) Selvaalegre, en su Relación (pág. 149) atribuye á Chimbo siete pueblos: 
San Lorenzo, Asancoto, Chapacoto, San Miguel, Guaranda, Guanujo y 
Tomavelas. No menciona á Alausy, que parece incluirlo en Cuenca. (Cfr. 
ob. cit. pág. 159.) 

La Descripción del Obispado de Quito (pág. 50), dice: <'E1 corregimien- 
to de Chimbo consta de ocho pueblos que son: San Lorenzo y San Mi- 
guel, Arancoto y Chapacoto, Guaranda, Pallatanga, Tomabela.» «El asiento 
de Alausí, al Sur de Ríobamba y distante catorce leguas de esta villa, con- 
tiene, inclusive, cinco pueblos numerosos y son: Chunchos, Guasunthos, 
Zibambe, Tigrán.» 



- 86 — 
Alcedo hace notar la fertilidad de Alausí. (Diccionario, s. v.) 

72) Sobre la fundación de Cuenca, cfr. Alcedo (Diccionario, s. Cuenca.) 

73) En la Relación histórica de Jorge Juan y Antonio Ulloa (ii, 591) se 
cita á M. Seniergues, compañero del botánico M. Jussieu; pero ni aquellos 
autores ni La Condamine citan el caso de su muerte, que nuestro autor con- 
signa. 

74) Los cuatro ríos principales de la provincia de Cuenca son: Yanuncay. 
Machangara, Baños y Tumebamba, según Alcedo. (Diccionario, s. 
Cuenca.) 

75) A los pueblos que Alsedo consigna en la provincia de Cuenca, Selvaale- 
gre (Relación, pág. 159) añade el de Molleturo, aparte de dividir en dos el 
de Atuncañar (Hatun, Cañar.) 

La Descripción del Obispado de Quito (pág. 50) añade también Molletu- 
ro. Igualmente lo añade Jorge Juan. (Relación histórica, ii, 431.) 

76) No hemos podido identificar este cura déla parroquia de San Sebastián de 
Cuenca, llamado Don Juan de la Vega Bernardo de Quirós. 

77) La «ciudad de Loja la fundó el capitán Alonso de Mercadillo en nombre de 
S. M., el año del Señor de 1546 años.» (Cieza de León, Crónica del Perú, 
pág. 410). 

A Loja la llamaban también La Zarza. (Velasco, Histoire de Quito, 
11,211.) 

78) Selvaalegre (Relación, 161) atribuye la inferioridad del oro de Zaruma á 
no saberlo explotar. 

El pueblo de Zaruma lo fundó Alfonso Mercadillo en 1549. (Velasco, His- 
toire de Quito, II, 338. 

79) Sobre la cochinilla, cfr. Alcedo (Diccionario, vol. v. Apéndice s. v.) 

80) «La virtud febrífuga de la corteza de la quina la descubrió un indio al Co- 
rregidor de Loja, y éste á los Jesuítas, que la usaron por vez primera en 
unas tercianas perniciosas que tenía la Condesa de Chinchón, Virreina del 
Perú... Se empezó el uso de la quina en polvos llamados déla Condesa 



— 87 — 

en el Perú, y en Europa de los Jesuítas*, que la trajeron á España el l'i49 
y á Roma, donde se la llamaba polvos del Cardenal de Lugo, primero que 
la recibió de aquéllos. En 1679 el inglés Roberto Talbot la preparó con un 
método seguro, y después se generalizó su uso en toda Europa. (Alcedo, 
Diccionario, vol. v, Apénd. s. Quina.) 

Jorge Juan dice que M. Jussieu fué quien la estudió y dio á conocer como 
febrífugo; antes sólo se usaba como tinte. (Relación histórica, ii, 440.) 

Sin embargo de todo esto, en San Lorenzo del Escorial se expidió una 
Real Cédula en 21 de Noviembre de 1778, donde se dice al Virrey del Perú: 
«Atendiendo á los méritos y servicios de D. Sebastián Josef López Ruiz, y 
á lo que vos me habéis informado sobre su celo é inteligencia en el descu- 
brimiento de la quina, objeto muy digno de mi Real atención por su grande 
utilidad para la conservación del género humano, he venido en nombrarle 
para que se emplee en el examen de este precioso ramo y en el beneficio de 
la canela, con los demás descubrimientos que pueda hacer en las provin- 
cias de Santa Fé y Quito, con el sueldo anual de dos mil pesos, desde que 
se verifique su desembarco.» (Archivo Histórico Nacional, Cedulario índi- 
co, x^xi, fol. 114, n.°118.) 

Es distinta la quina de la cascarilla ó quinaquina aromática, también fe- 
brífuga. (Cfr. Alcedo, Diccionario, vol. v, Apénd. s. Cascarilla.) 

81) Tutuma: «Especie de calabaza, común en la América, que partida por me- 
dio, limpia de sus tripas y semillas, y seca, se hacen dos cuencos regular- 
mente de un pie de diámetro, y grueso de tres líneas, á los cuales dan tam- 
bién el nombre de Tutumas.» (Alcedo, Diccionario, vol. v, Apénd. s. v.) 

82) En la Descripción del Obispado de Quito (pág. 51) falta entre los pue- 
blos de la provincia de Loja, el llamado el Cisne, que Alsedo incluye. 

La Relación de Selvaalegre (pág. 160) coincide exactamente con la de 
Alsedo. Nota también Selvaalegre la abundancia de producción de cochini- 
lla en Loja. 

La enumeración que da Jorge Juan (Relación histórica, ii, 439) coincide 
también exactamente con la de nuestro autor. 

83) Sobre la fundación de Jaén de Bracamoros, véase la «Carta deD. Pedro 
de la Gasea dirigida al Consejo de Indias, participando entre otras cosas, 

la fundación de Jaén por Diego Palomino. — Los Reyes, 21 de Septiembre 
de 1549.» (Arbitraje de límites, Memoria del Perú, Documentos, v, 15.) En 
la pág. 18 se lee: « recibí cartas de Diego Palomino, que es el quehaydo 



á poblar los Bracamoros, en que dize que ha poblado un pueblo que intituló 
Jahén, y que es buena tierra fértil la de su comarca y en que hay muestras 
de minas de oro y plata.» 

84) Selvaalegre (Relación, pág. 162) situó á Jaén en las márgenes del río 
Chinchipe. El río Chuquimayo está junto á la desembocadura del Chinchi- 
pe. (Cfr. Arbitraje de límites. Memoria del Perú, Documentos, v, pági- 
na viii.) 

85) Yaguarsongo comprendía en su jurisdicción las poblaciones de Nieva, 
Santiago de las Montañas, Valladolid y Loyola. Por Real Cédula de 23 de 
Marzo de 1623 se repartió su territorio, agregando Loyola y Valladolid al 
Corregimiento de Loja, y Santiago de las Montañas y Santa María de Nieva, 
al de Jaén. (Cfr. Arbitraje de limites, Memoria del Perú, Documentos, v, 
pág. 102.) 

86) Sobre la orden de Patino á Alsedo para que diera cuenta de todo lo que 
pudiera interesar á España en América, véase el Aviso histórico del mismo 
Alsedo, en la dedicatoria. La Junta á que se refiere en el texto está indicada 
en el Memorial. (Véase el prólogo, pág, x.) 

87) Selvaalegre (Relación, pág. 162), atribuye á Jaén de Bracamoros los diez 
pueblos siguientes: San Josef, Chito, Gondor, Charape, Pucará, Chin- 
chipe, Chirinos, Pomaca, Tomependa y Chuchunga. Ñola la producción 
de cacao y de tabaco. 

Los mismos pueblos indica Jorge Juan. (Relación histórica, ii, 488.) 
En la Descripción del Obispado de Quito (iii, pág. xliv) no se hace men- 
ción de esta provincia de Jaén. 

88) Cieza pone la fundación de San Miguel de Piura en el año 1531. (Crónica 
del Perú, pág. 412.) 

González Suárez dice que esta fundación se verificó el 1532. (Historia del 
Ecuador, ii, 55.) 

89) Véase el «Título de Capitán general de la provincia de Maynas, con in- 
serción de las Capitulaciones para la conquista, otorgado por el Príncipe de 
Esquilache, Virrey del Perú, á D. Pedro Vaca de Vega.— Callao, 17 de Sep- 
tiembre de 1618.» (Arbitraje de limites, Memoria del Perú, Documen- 
tos, III, 194.) En las capitulaciones, Don Diego se titula «Corregidor de 



- 89 - 

Yaguarsongo». En el mismo documento (pág. 208), se le dice «vecino de 
Leja». 

Según indican los Sres. Cornejo y Osma (Arbitraje de limites. Memoria 
del Perú, Documentos, iii, págs. xxi y siguientes) Vaca de Vega fué el 
pacificador de Maynas; los descubridores fueron mucho tiempo antes Fran- 
cisco Pérez de Biberos, Juan de Salinas y Alonso de Mercadillo. 

90) De la ciudad de Borja se dice que su «latitud es austral de cuatro gra- 
dos veinte y ocho minutos, y por el Oriente al meridiano de Quito un 
grado cincuenta y cuatro minutos.» (Descripción del Obispado de Quito, 
página 48). 

91) Don Francisco de Borja y Aragón, Príncipe de Squilache, era nieto de 
San Francisco: habiendo sido su padre, Don Juan de Borja, hijo segundo 
del Santo Duque de Gandía. En 1614 fué nombrado Virrey del Perú y llegó á 
Lima el 18 de Diciembre de 1615. Cfr, Bethencourt, Historia genealógica 
y heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de Espa- 
ña, IV, págs. 204 y siguientes. 

92) Pongo parece que significa estrecho ó angostura. (Alcedo, Diccionario, 
vol. V, Apéndice s. v.) 

Sobre el Pongo de Manseriche véase Arbitraje de limites, Memoria del 
Perú, Documentos, iii, pág. xxi; y Chantre y Herrera, Historia de las 
misiones de la Compañía de Jesús en el Marañón español, pág 45. Se- 
gún La Condamine tenía unas 50 varas de ancho y dos leguas de largo. Aña- 
de que es fácil equivocarse, como lo hacen los que dicen que tiene 25 varas 
de ancho y tres leguas de largo, á causa de la perspectiva. (Cfr. La Con- 
damine, Extracto del viaje de Quito al Para, pág. 21 .) 

93) Selvaalegre (Relación, pág. 162) dice que «el Gobierno de Maynas, se 
extiende á todo lo que las Misiones que tienen allí establecidas los Pa- 
dres Jesuítas» y seiíala las siguientes poblaciones: «San Bartholomé de No- 
coia, San Pedro de Aguarico, San Estanislao de Aguarico, San Luis Gon- 
zaga, Santa Cruz, el Nombre de Jesús, la Ciudad de San Francisco de 
Borja, San Ignacio de Mainas, San Andrés del Alto, Santo Thomas Apóstol 
de Andoas, Simila, San Josef de Pinches, la Concepción de Caguapanes, San 
Pablo de Guacola, el Nombre de María, San Xavier de Iguacates, San Juan 
Baptista de los Encabellados, la Reina de los Angeles, San Xavier de Ura- 
rines, la Presentación de Chavitas, la Encarnación de Paranapuras, la Con- 



- 90 - 

cepción de Jíbaros, San Antonio de la Laguna, San Javier de Chamícuro, 
San Antonio Abad de Aguano, Nuestra Señora de las Nieves de Yurimaguas, 
San Antonio de Padua, San Joachin de la Grande Omagua, San Pedro Após- 
tol de Napeanos, San Phelipe de Amaonas, San Simón de Naguapo, San 
Francisco Regis de Yameos, San Ignacio de Pebas, Nuestra Señora de las 
Nieves, San Francisco Regis de Bavadero. Hay también otros pequeños 
pueblos.» 

En la Descripción del Obispado de Quito (pág. 48) se dice que son 24 
los pueblos, que no se nombran. La cabeza del Gobierno se dice que es San 
Francisco de Borja y que el principal pueblo de las misiones es Santiago de 
la Laguna, situado á la orilla del río Guallaga. Se añade que se extienden 
aquellos pueblos hasta los confines con el Brasil. 

En la obra del P. Manuel Rodríguez, El Marañan y el Amazonas (pá- 
gina 344), se hace constar que las misiones de Maynas comprendían á los 
siguientes pueblos: 

Curato de Borja 

\ San Luis Qonzaga de Maynas 
Primer partido „ , . , ,, 

i San Ignacio de Maynas 

Santa Teresa de jesús de Maynas 

i Los Angeles de Roamaynas 
Segundo ídem | El Nombre de Jesús de los Coronados 
\ San Francisco Javier de los Gayes 

Concepción de Xeberos 

Nuestra Señora de Loreto de Paranapuras 

Chayavitas 

Muniches 



Tercer ídem 



Santa María de Ucayales 
Santiago de Xitipos y Chepeos 
San Lorenzo de Tibilos 
San Javier de Chamicuros 
Cuarto ídem { San Antonio Abad de Agúanos 
Santa María de Guallaga 
San José de Maparinas 
San Ignacio de Mayurunas 
\ San Estanislao de Otanavis. 

Chantre y Herrera, en su Historia de las misiones de la Compañía de 
Jesús en el Marañan español (pág. 2£0), enumera exactamente estos mis- 



- 91 - 

mos pueblos y en la misma forma (salvo trocar el primer partido con el 
segundo), al dar la descripción de la misión en 1682. 

Sobre la conquista de los maynas y los jíbaros puede consultarse el Arbi- 
traje de limites, Memoria del Perú, Documentos, iii, pág. 59. 

94) La Gobernación de Quijos fué fundada por Gil Ramírez de Abalos en 1559. 
(Descripción de Quijos por el Conde de Lemus: Arbitraje de limites. Me- 
moria del Perú, Documentos, iii, 91.) 

95) La Relación de Selvaalegre (pág. 146) pone á Maceas como perteneciente 
al Gobierno de Quijos, situada á 2 grados 30 minutos de latitud austral ; y 
bajo su jurisdicción indica además los pueblos siguientes: San Miguel de 
Narváez, Baraona, Juan López, Luna Paira, Copueno y Aguains. 

A Quijos dice que pertenecen varios pueblos, cuya población detalla muy 
minuciosamente, y son: Papayacta, Maspa, Baeza^ Archidona, Michaguelli, 
San Juan de Tena, Ñapo, Santa Rosa, San Juan de Catapuyo, La Limpia 
Concepción, Loreto, El Salvador, Avila y San Josef de Motte. 

En el «Informe del Gobernador de Quijos, Don Juan Basabe y Urquieta, 
sobre la extensión del territorio de su jurisdicción» (Maceas, 1.° de Mayo 
de 1754) se citan los siguientes pueblos: Papallacta, Mazpa, Baeza, Archi- 
dona, Mizagualli, San Juan de Tena, Ñapo, Archidona, Santa Rosa, Avila, 
San Juan de Cotapino, La Limpia Concepción, Nuestra Señora de Loreto, 
San Salvador, San Joseph de Motte. (Arbitraje de limites, Memoria del 
Perú, Documentos, ni, 102.) 

En la detalladísima «Descripción de la Gobernación de Quijos hecha 
por el Conde de Lemus» (Madrid, IGOS), sólo se indican Baeza, Avila, 
Archidona y Sevilla del Oro, que según Selvaalegre (ob. cit., 149) se debe 
identificar con Maceas. (Cfr. Arbitraje de limites. Memoria del Perú, Do- 
cumentos, III, 88-101.) 

96) Sobre la canela y sobre todos los demás productos del gobierno de Qui- 
jos y Maceas, véase la Descripción de Quijos por el Conde de Lemus, 
que se cita en la nota anterior. 

97) En el Informe citado en la nota 26 se dice que los indígenas de Maceas 
están siempre embriagados. 

98) A Maceas la fundó Pedro del Villar, por orden de Pizarro, el año de 1540, 
en la ribera del río Upano ó Morona. Fué destruida y restablecida por Juan 



— 92 - 

de Salinas con el nombre de Sevilla del Oro, que después se cambió por el 
de Maceas, de cuyo gobierno fué capital. (Cfr. Velasco, Histoire de Qui- 
to, II, 212; y Arbitraje de límites. Memoria del Perú, Documentos, iii, pá- 
ginas IX, y X.) 

W) Para el estado de la Hacienda en Quito y en todo el Virreinato del Perú^ 
véase la obra del mismo Alsedo, titulada Memorial informativo del Comer- 
cio en el Perú, y más especialmente el «Mapa y resumen de la Real Hacien- 
da de la Caxa de Quito, firmado por Don Dionisio de Alsedo y Herrera, 
Presidente de la Real Audiencia» en 30 de abril de 1730. (Biblioteca de la 
Real Academia de la Historia, Papeles varios de Indias, D. 90.) 

100) Chapetón: «Nombre que dan en la América Meridional á los europeos 
recién llegados, como en la Septentrional Cachupín». (Alcedo, Dicciona- 
rio, vol. V, Apénd. s. v.) 

101) Cuarterón: hijo de mulato y blanca ó blanco y mulata. Según el Diccio- 
nario de la Real Academia Española, «díjose así por tener un cuarto de 
indio y tres de español.» 

102) Quinterón: «Hijo ó hija de blanco y cuarterona, ó al contrario. > (Alce- 
do, Diccionario, vol. v, Apénd. s. v.) 

103) Los indios llamaban al Amazonas Paranatinga ó Paranaguosu. (Dic- 
cionario enciclopédico hispano- americano, s. Amazonas.) 

104) Cfr. Manuel Rodríguez, El Marañan v el Amazonas, pág. 4. 

Sobre la desgraciada expedición de Gonzalo Pizarro al Amazonas, 
cfr. González Suárez, Historia del Ecuador, ii, págs. 271 y siguientes; y 
José Chantre Herrera, Historia de las misiones de la Compañía de 
Jesús en el Marañón español, págs. 7 y siguientes. 

105) Sobre los afluentes del Marañón, y en general sobre todo lo referente á 
este río, véase el artículo Marañón del Diccionario de Alcedo, que resu- 
mió todo lo escrito por los autores citados en la nota anterior; y el Ex- 
tracto de M. de La Condamine. 

106) Uno de los que confunden el Marañón con el Apurimac es Chantre y He- 
rrera, ob. cit., pág. 54. 



— 93 - 

107) No parecen exactos los datos de Alsedo sobre el establecimiento de las 
Ordenes religiosas en América. El P. Rodríguez, en un índice cronológi- 
co que pone como apéndice á su obra El Marañón y el Amazonas, da las 
siguientes noticias: En 1510 van los Dominicos á las Indias. — En 1529, las 
Ordenes de Santo Domingo y de la Merced van al Perú por el Mar del 
Sur.— En 1550 pasa al Perú la Orden de San Agustín. 

Por lo que toca á la Compañía de Jesús, en 1567 llegan algunos Padres 
á Lima, donde empiezan á trabajar; y á Quito llegan el 1585. (Cfr. Chantre 
y Herrera, ob. cit., págs. 21-22.) 

108) El Padre Samuel Fritz. oriundo de Bohemia, se ocupó principalmente en 
la reducción de los Omaguas. Fundó cuatro pueblos: San Joaquín, en la 
desembocadura del río Guaraní; Nuestra Señora de Guadalupe y San Pablo 
Apóstol, en la ribera izquierda del Marañón; y San Cristóbal, en la dere- 
cha. Quiso convertir á los Zurimaguas, Azuaros, Liiras é Ibanomas; pero 
encontró serias dificultades para agruparlos, por el miedo que éstos tenían 
á los portugueses, que acostumbraban á robarlos y venderlos como escla- 
vos en Para. Esto fué causa de que hiciera un viaje para protestar ante 
el Gobernador de Para, teniendo que navegar unas mil leguas. El Gober- 
nador le dio la razón y él volvió «á las tierras de los Omaguas e hizo en 
esta navegación una demarcación cabal \' arreglada, que dio nueva 
luz á los predicadores del Evangelio, del curso, brazos é islas del rio 
Marañón.y (Cfr. Chantre y Herrera, ob. cit., págs. 296-300.) 

109) Sobre el mapa del Amazonas, hecho por el Padre Fritz, véase en el Pró- 
logo, pág. xxxir. 

1 10) Peje Buey: «Es tan grande como un becerro de año y medio y en la cabe- 
za, á tener astas y orejas no se diferenciara de él; tiene por todo el cuerpo 
algunos pelos no muy largos, á modo de cerdas blancas, y muévese en el 
agua con dos brazos cortos, que en forma de palas, sírvenle de remos, deba- 
jo de los cuales tiene la hembra los pechos, con que mantiene con leche los 

hijos que pare Susténtase este pescado sólo de yerba que pace como si 

fuera buey verdadero.» (Rodríguez, El Marañón f el Amazonas, pág. 107.) 

Se le describe también en Chantre y Herrera (Historia de las misio- 
nes de Jesuítas, pág. 106), y en Alcedo, (Diccionario, vol. v. Apéndice s. 
Manatí). 



ÍNDICE DE NOMBRES GEOGRÁFICOS 

CITADOS EN LA OBRA 



La abreviatura Var. se refiere á variantes que el mismo Alsedo da en su Des- 
cripción. 

Las abreviaturas Se/v. y Descr. se refieren á variantes indicadas en la Rela- 
ción del estado político y militar de la Audiencia de Quito, por el Marqués de 
Selvaalegre, y en la anónima Descripción del Obispado de Quito. (Véanse pá- 
ginas XXX y XXXI.) 



Abades. Véase Ancuya. 
Alacranes (Cuesta de los), pág. 16. 
Alangasi, pág. 6. 
Alaques, pág. 32. 
Alaques (Río), pág . 28. 
Alausí, págs. 4, 10, 34, 38, 39. 
Alga [Selv. Alvacj, pág. 6. 
Aloasi [Selv. Alvasi], pág. 6. 
Alonche, pág. 36. 
Amaguaña, pág. 6. 
Amazonas (Río), págs. 2, 62, 63, 66, 67. 
Ambato [Selv. Hambatoj, págs. 4, 11, 

28, 30, 39, 54. 
América, pág. 45. 
Américas, pags. 3, 18. 
Ancuya y Abades, pág. 18. 
Angamarca, pág. 32. 
Anope ó Quaspi, pág. 19. 
Antioquía, pág. 12. 
Antisana (Volcán de), pág. 1. 
Añaquito, págs. 1 , 5. 
Aoripana (Río), pág. 63. 
Apurimac (Río), pág. 63. 
Archidona, págs. 53, 54, 55, 68. 



Arequipa, págs. 60, 63. 
Arica, pág. 59. 

Asancoti [Descr. Arancoti], pág. 39. 
Asia, pág. 53. 

Atuncañar [Selv. Hatún, Cañar], pá- 
gina 42. 
Atünquijos, pág. 53. 
Avila, págs. 54, 55, 59. 
Avila de los Cofanes, pág. 53. 
Aypé (Río), pág. 9. 
Azogues, pág. 42. 



B 



Baba, pág. 37. 

Babahoyo, págs. 36, 37. 

Bache (Río), pág. 9. 

Baeza, págs. 53, 54, 55. 

Balsar (El), pág. 37. 

Barbacoas, págs. 4, 16, 18,23, 35, 37, 

42, 54. 
Barbacoas y Raposo, pág. 20. 
Barranco del Rey, pág. 8. 
Blanco (Río), pág. 12. 
BORJA, págs. 50, 51 , 54, 67, 68. 
Buenaventura, págs. 20, 22. 



96 



índice 



BusiAco Y JuANAMBÚ [Dcscr. Bueza- 
•co], pág. 18. 
BuYSACO, pág. 19. 



Caballerizas (Las), págs. 48, 49. 

Caguasqui, pág. 26. 

Cajabamba, pág. 34. 

Cajamarca, pág. 3. 

Calacalí [Selv. Calacatí], pág. 6. 

Callao, págs. 2, 30, 63. 

Calpi, pág. 34. 

Caluma (Río), pág. 37. 

Cambaya [Selv. Cumbaya], pág. 6. 

Canchalá, pág. 19. 

Canzacoto, pág. 6. 

Cañaribamba, págs. 42, 55. 

Cañkte, pág. 59. 

Carangui [Selv. Carangue], pág. 26. 

Cariamanga, pág. 47. 

Carlozama, pág. 15. 

Cartagena, págs. 8, 17, 18, 24, 46, 57, 
59, 65. 

Castilla, págs. 2, 29. 

Catacocha, pág. 47. 

Cauca (Río), pág. 12. 

Cayambe, pág. 26. 

Cayambe (Páramo de), pág. 25. 

Cayambe (Volcán de), pág. 1 . 

Cayapas, pág. 26. 

Ceilán, pág. 53. 

Cevadas, pág. 34. 

Chachaguí. Véase Tambo pintado. 

Chambo, pág. 34. 

Chanduv, pág. 36. 

Chapacoto, pág. 39. 

Charapotó, pág. 36. 

Chile, págs. 30, 41, 60, 65. 

Chilogallo, pág. 6. 

Chimbacalle ó San Juan Evange- 
lista, pág. 6. 

Chimbo, págs. 4, 10, 34, 35, 38, 39, 54. 

Chimborazo (Volcán de), págs. 1, 37, 
.38. 

Chimborazo (Páramo de), pág. 33. 



China (Río de la), pág. 9. 
Chisahalo ó To acaro [Descr. y Selv. 

Toacaso], pág. 32. 
Chocó, págs. 12, 13, 14, 20, 21, 37, 41. 
Chongón, pág. 36. 
Chumbe, pág. 39. 
Chuquimayo (Valle de), pág. 48. 
Cisne (El), pág. 47. 
Clenisa (Volcán de), pág. 1 . 
Cobija, pág. 60. 
Colonche, pág. 36. 
Colorados. Véase Yungas. 
Colta (Laguna de), pág. 33. 
Conocoto [Selv, Conocotoc], pág. 6. 
Constantinopla, pág. 61. 
Copiapo, pág. 60. 
Coquimbo, pág. 60. 
Cotacache, pág. 26. 
COTOCOLLAO, pág. 6. 
CoTOPACsf (Volcán de), págs. 1, 2, 5, 

28, 33. 
CUBIGÍES, pág. 34. 
Cuchima, pág. 63. 
Cu(;;iBAMBA, págs. 44, 45, 48. 
Cuello (Río), pág. 8. 
Cuenca, págs. 4, 10, 33, 40, 42, 44, 45, 

54,55. 

CUMBAL, pág. 19. 

CuRUBAMBA [Sclv. Cusubamba], pági- 
na 32. 
Cuzco, pág. 3. 

D 

Daule, pág. 37. 
Delec. Véase Paule. 
Dominguillo, pág. 47. 



Esmeraldas (Provincia de), págs. 16, 

19. 
España, págs. 3, 17, 30, 41, 46, 62, 64, 

65. 
Espíritu Santo (El), pág. 42. 
Europa, págs. 2, 45, 46. 



índice 



97 



Funes, págs. 18, 19. 

G 

Galea, pág. 19. 

Gallo (Isla del), pág. 21. 

GONZANAMÁ, pág. 47. 

GoRGONA (Isla de la), pág. 21 . 

Granada (Nuevo Reino de) págs. 13, 

15,53,61,64,65. 
Guachiconó (Río), pág. 16. 
Gualaceo, pág. 42. 
Guallaga (Río), págs. 63, 68. 
Gualmata, pág. 18. 
Guamani (Río), pág. 63. 
GuAMUCO, pág. 69. 
Guanacas (Páramo de), págs. 4, 9, 

11, 34, 59. 
Güanando, pág. 34. 
Gu anchan ama, pág. 47. 
Guano, pág. 34. 
GuANUjo, pág. 39. 
Guapulo, págs. 6, 7. 
GuARANDA, págs. 10, 38, 39. 
GuASPi. Véase Anope- 
GuASUNTOS, pág. 39. 
Guatemala, págs. 20, 37. 
Guayaquil, págs. 4, 10, 20, 21, 31, 33, 

34, 35,36, 39,41, 44, 54,55. 

GUAYLLABAMBA, pág. 6. 

GuAYTARA (Río), págs. 9, 19. 
Guerrilla (Cerro déla), págs. 14, 17. 

H 

HiPiALES, pág. 18. 

Honda, pág. 8. 

Horqueta (Alto de la), pág. 16. 

HuACCA, pág. 19. 

I 

Ilapo, pág. 34. 
Indias, págs. 30, 64, 65. 
Inglaterra, pág. 66. 



Jaén de Bracamoros, págs. 4, 10, 45, 

48, 51,54, 59, 67, 68. 
Jíbaros {Var. Xíbaros), págs. 4, 50, 

51,65. 
Jilca (Río), pág. 37. 
Jipi Japa [Descr. Xipixapa], pág. 36. 
Jirón, pág. 42. 
JuANAMBÚ. Véase Busiaco. 
Juanambú (Río), págs. 9, 19. 



Lachas, pág. 26. 

Lauricocha (Laguna de), pág. 67. 

LicÁN, pág. 34. 

LicTO, pág. 34. 

Lima, págs. 3, 4, 10, 21, 23, 29, 30, 34, 

39, 42, 45, 49, 59. 
Londres, pág. 66. 
LoxA {Var. Loja), págs. 4, 10, 34, 44, 

48, 50, 51, 54, 55. 
LoYOLA, pág. 49. 

M 

M (Cerro de la), pág. 12. 

Maccas, págs, 4, 49, 52, 53, 55. 

Machache [Selv. Machachi], pág. 6. 

Máchala, pág. 36. 

Machangara (Río), pág. 2. 

Madrid, pág. 63. 

Magdalena (Río grande de laj, pági- 
nas 8, 9, 12, 59. 

Malacatos, pág. 47. 

Males, pág. 19. 

Mallama, pág. 19. 

Manta, 36. 

Marañón (Río), págs. 2, 16, 17, 23, 43, 
50, 52, 60, 62, 63, 64, 66, 67. 

María Magdalena [Selv. Santa Ma- 
ría Magdalena], pág. 6. 

Masamorras (Río), pág. 16. 

Mayasquer, pág. 19. 

Maynas, págs, 4, 50, 51, 52, 54, 65, 68. 



98 



índice 



MiNDO Y Yambe, pág. 6. 
Mira, págs. 16, 24, 26. 
MocoA, pág. 18. 
MOCONDINO, pág. 18. 
MoDRA (Río de la), pág. 63. 
MOLLEPONGO, pág. 39. 
MONTAÑUELA DE PaSTO, pág. 9. 

Monte Christi, pág. 36. 

Monzón de Aragón, pág. 4. 

MOQUEGUA, pág. 59. 

Morro (El) [Selv. Maro], pág. 36. 

Moxos, pág. 60. 

MuLAHALO [Selv. Mulaalo], pág. 32. 

N 

Nanegal [Se/v. Navegal], pág. 18. 

Ñapo (Río), págs. 16, 52, 60, 62, 63. 

Naranjal (El), pág. 36. 

Nasca. Véase Pisco. 

Ñausa [Descr. Nauzas], pág. 36. 

Negro (Río), págs. 4, 11, 63, 67. 

Neyba (Llanos de), págs. 8, 12, 34, 59. 

O 

Omaguas, pág. 68. 
Oña. Véase Saragiiro. 
Orinoco (Río), pág. 64. 
Ota V ALO, pág. 26. 

OxiBA [Selv. Ojibar; Descr. Oxibar], 
pág. 37. 



Paccha, pág. 42. 

Páez (Río), pág. 9. 

Palma Real, págs. 20, 22. 

Pallatanga, pág. 34. 

Panamá, págs. 20, 21, 23, 30, 37, 65, 66. 

Panecillo (Cerro del), pág. 2. 

Paraguay, pag. 65. 

PÁRAMO [de Guanacas] (Camino del), 

págs. 9, 15. 
París, pág. 41 . 
Pasage, pág. 37. 
Pastaza (Río), págs. 28, 63,68. 



Pasto, págs. 17, 34, 41, 43, 54, 55, 

Pastos (Provincia de los), págs. 4, 12, 
16, 20, 22, 23, 24, 35, 63. 

Pata (Río), pág. 9. 

Patate, págs. 32, 68. 

Patía (Río), págs. 16, 24. 

Paute y Delec, pág. 42. 

Payta, págs. 4, 20, 21 , 41 . 

Pelileo, págs. 29, 32. 

Penipe, pág. 34. 

Perico, pág. 21. 

Perú, págs. 3, 4, 10, 13, 20, 22, 24, 29, 
30, 39, 41 , 49, 58, 59, 60, 61 , 63, 64, 
65, 67. 

Perucho, pág. 6. 

Pichinche (Volcán de), pág. 1. 

Pichota, pág. 36. 

Pilahalo, pág. 32. 

PiLLARO [Selv. Pulavo], pág. 32. 

PlMAMPIRO, pág. 26. 

Pimocha, pág. 37. 

Pintac, pág. 6. 

Piocara [Descr. Picoassaj, pág. 36. 

Pisco y Nasca, pág. 59. 

Piso. Véase Piiembo. 

Piura (Valle de), págs. 4, 34, 49, 59. 

Plata (Río), pág. 9. 

PoMASQUE, págs. 6, 7. 

Pongo (Estrecho del), págs. 50, 52, 67. 

POPAYÁN, págs. 4, 9, 12, 15, 16, 17, 18, 
24, 34, 41, 42, 43, 49, 54, 55. 

PoRTOBELO, págs. 30, 46, 65. 

Potosí, pág. 18. 

PuEMBO Y Piso, pág. 6. 

PUERRES, pág. 19. 

Puerto Viejo, pág. 36. 

PuNÁ (Isla de la) [Selv. Puna; Descr. 
Lapuná; Informe de los oficiales de 
Guayaquil (Véase nota 69), La Pug- 
nada], pág. 36. 

PUNGALÁ, pág. 34. 

Punta de Santa Elena, pág. 36. 

Puntal (El), pág. 18. 

PuNY [Selv. Purún; Descr. Punin], pá- 
gina 34. 



índice 



99 



PUPIALES, pág. 18. 

PuTUMAYO (Río), págs. 16, 17, 63. 
PuxiLLi [Descr. Puxili; Selv. Pujilé], 
págs. 30, 32. 



Q 



QuEXO [Selv. Quero], págs. 29, 32. 
Quijos {Var. Quixos), págs. 4, 49,' 52, 

53, 54, 63. 

QuiLCA Ó Ynta, pág. 26. 

QuiMiA, pág. 34. 

Quinche, pág. 6. 

Quinche (El), pág. 7. 

QuiSAPiNCHA, pág. 32. 

Quito, págs. 3, 4, 5, 7,9, 10, 11, 13, 15, 
18, 19, 21, 22, 23, 24, 25, 27, 28, 31, 
32, 34, 39, 40, 44, 48, 49, 51, 52,53, 

54, 55, 56, 59, 60, 61 , 62, 63, 64, 65, 68. 



R 



Raposo, págs. 4, 35. 
Realejo, págs. 20, 37. 
Recio (Río), pág. 8. 
Reyes (Ciudad de los). Véase Lima. 
Rimac (Río), pág. 3. 
Riobamba, págs. 4, 10, 11, 33, 35, 38, 
39, 42, 49, 54. 



Salinas ó Tumbaviiw [Descr. Salina, 

Tumbalizo], pág. 26. 
San Andrés, pág. 34. 
San Antonio [Descr, San Antonio de 

Lulubamba], pág. 6. 
San Antonio (Cuesta de), págs. 10,38. 
San Antonio (Montana de), págs. 34, 

37. 
San Antonio de Carangui [Selv. San 

Antonio de Carangue], pág. 26. 
San Francisco de Quito, págs. 1, 54. 
San Francisco (Cabo de), pág. 21 . 
San Francisco (Cuesta de), pág. 9. 
San Golgui [Selv. Sangolqui], pág. 6. 



San Gregorio, pág. 36. 

San Ildefonso (La Granja de), pági- 
na 49. 

San Jorge (Río), pág. 16. 

San Juan Evangelista. Véase Chim- 
bacalle. 

San Juan de Pasto, págs. 16, 23. 

San Juan del Valle, pág. 47. 

San Lorenzo, pág. 39. 

San Lucas de Ambocas, pág. 47. 

San Luis, pág. 34. 

Santa Lucia, pág. 37. 

San Miguel [Selv. San Miguel de Mo- 
llehambato], págs. 32, 39. 

San Miguel de Piura, págs. 4, 49. 

San Miguel de Ybarra, págs. 4, 23. 

San Pablo, págs. 25, 26. 

San Pedro del Valle, pág. 47. 

San Phelipe, pág. 32. 

San Sebastián de la Plata, pág. 9. 

Santa Bárbara, pág. 22. 

Santa Fe, págs. 4, 8, 11, 13, 15, 24, 
34, 49. 

Santa María del Puerto, págs. 20, 
22. 

Santa Marta, pág. 57. 

Santa Rosa de Pilaguín, pág. 32. 

Santiago de las Montañas, pág. 49. 

Saraguro y Oña, pág. 47. 

Sapuyes [Descr. Tap':yes], pág. 18. 

Saquisillí [Descr. Saquisili], pág. 32. 

Sibundoy, pág. 9, 

SicHOS (Mayor de) [Selv. Sigchos ma- 
yor], pág. 32. 

SicHos (Menor de) [Selv. Sigchos me- 
nor], pág. 32. 

SoLNAÑA (río), pág. 9. 

SoNSONATE, págs. 20, 37. 

SucuMBios, pág. 18. 

T 

Tabacundo, pág, 26. 

Tacunga (La) [Selv. Latacunga], pági- 
nas, 2, 4, 5, 11, 28, 33, 38, 39, 
54, 55. 



100 



índice 



Tambo pintado ó Chachaguí, pági- 
na 18. 

Tanicuchi, pág. 32. 

Thexerife. pag. 1. 

Tierra Firme, págs. 20, 21, 30, 37, 
66. 

Tigre (Río), pág. 63. 

TiMBiQuí, pág. 22. 

Tocache, pág. 6. 

TOMAVELAS, pág. 39. 

TONGOBITO, pág. 18. 

ToNTAQUi [Selv. Alontaqui], pág. 26. 

Topa (Cuesta de), pág. 9. 

ToPAjos (Río de los), pág. 63. 

ToNLO, pág. 37. 

Trinidad (Isla de la), pág. 64. 

Trompetas (Río de las), pág. 63. 

TucuMÁN, pág. 65. 

Tulcán, pág. 9. 

Tumaco, págs. 20, 22. 

TuMBACo [Selv. Tambuco], pág. 6. 

TuMBAViRO. Véase Salinas. 

Tumbes, pág. 4. 

Tunguragua (Volcán de), pág. 1. 

TUQUERRES, pág. 18. 

Turubamba (Llano de), págs. 1, 2, 27. 

TussA, pág. 18. 

u 

IJcAYALE (Río), págs. 63, 68. 

Urcuqui [Seiv. Urenqui], pág. 26. 

Urubicu, pág. 63. 

Urubú (Río), pág. 63. 

Utrech, pág. 49. 

Uyumbichu [.Se/i'. Uyumbicho], pág. 6. 



V 

Valladolid; págs. 49, 54. 



Yaguache, pág. 36. 
Yaguarcocha (Laguna de), pág. 23. 
Yaguarsongo, págs. 1 0, 34, 45, 47 , 48, 49 
Yambe. Véase Alindo. 
Yanquanquer [Descr. Yaquamquer], 

pág. 18. 
Yaruqui, pág. 6. 
Yasqual, pág. 18. 
Ybarra (Villa de), págs. 18, 19, 26, 27, 

42, 54, 55. 
Ylo, pág. 60. 
Yngenios (Los), pág. 19. 
Ynta. Véase Qiiilca. 
Ynta (Río), pág. 63. 
Ysinlibi [Descr. Yssinlivi; Selv. Sin- 

livi], pág. 32. 
YuLuc, pág. 47. 
Yumbos, pág. 53- 
Yungas ó Colorados [Selv. Iringas], 

pág. 32. 
YuNGUiLLA (Valle de), págs. 40, 43, 44. 
YupuRU (Río), pág. 63. 
Yzamba [Selv. Isamba], pág. 32. 



Zambiza [Selv. Zambisa], pág. 6. 
Zamora, págs. 4, 10, 34, 49, 54. 
Zaruma, págs. 44, 47, 48. 
Zaruqüíes, pág. 34. 

ZORORANGA, pág. 47. 



ÍNDICE GENERAL 



Págs. 

Prólogo v 

Descripción de la ciudad de Quito 1 

Caminos que conducen á Quito 8 

El Gobierno de Popayán 12 

La provincia de los Pastos 16 

Barbacoas y Raposo 20 

La villa de San Miguel de Ybarra 23 

Quito 27 

La Tacunga y Ambato 28 

La villa de Rfobamba 33 

La ciudad de Guayaquil 36 

Chimbo y Alausy 38 

La ciudad de Cuenca 40 

La ciudad de Loxa 42 

Jaén de Bracamoros 48 

Xibaros y Maynas 50 

Quixos y Maceas 52 

Resumen 54 

Real Hacienda 56 

Derechos reales 57 

Conclusión 58 

El Marañón y Amazonas 62 

Inscripción de la lámina del P. Samuel Fritz 67 

Notas 69 

índice geográfico 74 

índice general 101 



BROWN UNIVERSITY LIBRARIES 




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